| Un
paso en el reagrupamiento internacional
En
estas páginas reproducimos la declaración
común firmada en la ciudad de Mar
del Plata entre el ISO de Estados Unidos,
el MES, la corriente interna del PSOL de
Brasil a la que pertenece la diputada Luciana
Genro y el MST de Argentina. Esto es una
declaración abierta a otros sectores,
organizaciones y personalidades. En ella
se expresa la intención de estas
corrientes políticas de avanzar en
un reagrupamiento internacional de los revolucionarios.
El proceso de elaboración de esta
declaración se inició en Río
de Janeiro en el seminario internacional
convocado por el PSOL de Brasil en el mes
de agosto y su firma tuvo como marco las
multitudinarias movilizaciones realizadas
en nuestro país para repudiar la
presencia de George W. Bush en la Cumbre
de las Américas realizada en Mar
del Plata en la primera semana de noviembre.
Editamos este material para que sea debatido
por nuestros militantes, simpatizantes,
amigos y lectores en general. l
Aportes
para intercambiar experien-cias y avanzar
hacia el reagrupamiento
El siglo XXI muestra a
los militantes socialistas revolucionarios
con una necesidad absoluta de cambiar experiencias;
nunca como ahora ha sido tan importante.
Vivimos en un mundo sacudido por crisis
y luchas, cada vez mas internacionalizado,
globalizado. La situación de la lucha
de clases y sus procesos vivos que ocurren
exigen análisis y respuestas interna-cionalistas.
Se combina de un lado una situación
de la lucha de clases que plantea una disputa
por el movimiento de masas o sectores de
ellos, y por otro, en muchos casos, una
fragmentación de la izquierda revolucionaria
que coloca la necesidad de plantearse seriamente
como superarlo. Los movimientos antiglobalización
que se han desarrollado y el antiguerra,
-este de un vigor nuevo en este ultimo periodo-,
no pueden resolverlo por si mismo. Algunas
de las conclusiones comunes que hemos extraído
de este encuentro realizado el 3 de noviembre
en Mar del Plata, en el marco de la movilización
contra la Cumbre de las Américas
y la venida de Bush, entre el MST (mayoría)
de Argentina, el MES corriente del P-Sol
de Brasil y el Internacionalist Socialist
Organitation de EEUU, es un modesto aporte
a esos objetivos.
Crisis
del capitalismo imperialista
Nunca como ahora ha sido
correcta la definición leninista
de que el imperialismo es reacción
en toda la línea. La decadencia del
imperialismo se profundiza. La crisis económica
estructural hace que no haya país
del mundo en donde el signo no sea la expoliación
violenta del país y de recursos naturales,
(guerra de Irak) de explotación y
despojo de los trabajadores, de las clases
medias, los campesinos. La destrucción
del planeta, y la apropiación de
recursos naturales en forma de rapiña.
El mundo se ha cargado de situaciones más
explosivas, polarización social,
guerras, conflictos crónicos que
no tienen posibilidad de resolverse en los
marcos del sistema capitalista; ni las aspiraciones
mínimas de las masas ni los conflictos
nacionales, que por el contrario se exacerban.
En Medio Oriente en su conjunto y en Palestina,
el sistema capitalista imperialista y sus
regímenes no tienen posibilidades
de dar reformas estructurales a los pueblos
y a los trabajadores.
Las luchas recorren el planeta. La guerra
de saqueo imperialista que los gobiernos
de los EEUU y sus aliados, especialmente
Inglaterra, están llevando en Irak
es la cara más visible de esa política
imperialista y al mismo tiempo, de la reacción
de masas que provoca. La resistencia popular
y armada ha causado un empantanamiento y
está colocando el espectro de la
derrota. Ni las tropas invasoras ni el acuerdo
para armar tropas locales que las reemplacen
han podido resolver la situación.
Y esto ocurre cuando en Afganistán
ha crecido la resistencia al régimen
y las tropas de ocupación.
En Irak -como ha sucedido históricamente
con ejércitos de ocupación-,
el poder imperial es incapaz de un apoyo
político en la población que
le permita aislar a la guerrilla. Enfrenta
además variadas formas de resistencia
popular. Las tropas se mantienen porque
no hay un levantamiento generalizado por
la ausencia de un movimiento político
antiimperialista unitario contra el invasor.
El imperialismo yankee no deja de ser también
agresivo en nuestro continente. El Plan
Colombia, el intento sistemático
de desestabilizar a Cuba, las presencia
de bases militares, el golpe fallido en
Venezuela. En Latinoamérica, las
sucesivas insurgencias y levantamientos
obreros y populares en Bolivia, Ecuador,
Argentina han cambiado la cara del continente.
Han mostrado la incapacidad de la burguesía
de derrotar por una vía violenta
a las masas para resolver las situaciones
abiertas. Bolivia ha sido el punto más
alto, donde se colocó la cuestión
de poder para los trabajadores y el pueblo.
Crisis
de los partidos, gobiernos y regímenes
La crisis de los partidos
políticos y de credibilidad en las
formas y los mecanismos de representación
política es general. Los políticos
de la unión europea fueron rechazados
por el NO en Francia. En EEUU la credibilidad
en la política de guerra de Bush
basada en el argumento de la presencia de
armas de destrucción masiva que nunca
aparecieron y la resistencia ha llevado
a un rechazo creciente a la guerra.
En Latinoamérica, esta crisis de
representación tiene una magnitud
creciente. Partidos que han canalizado las
expectativas de las masas, llegados al poder
se han convertido en instrumentos ejecutores
de la política de los grandes monopolios
y el imperialismo y por eso se debilitan
y pierden apoyo de las masas. Las formaciones
de centro-izquierda, y en particular la
del PT y Lula en Brasil, que era el eje
del Foro de San Pablo, es el ejemplo mas
claro. Esas expresiones importantes de la
izquierda llegadas al gobierno no han podido
ni pueden jugar un papel progresivo. El
espacio para una política de mejoras,
o pequeñas mejoras es imposible porque
lo que domina es el capital financiero y
los grandes monopolios que imponen los dictados
del FMI. Por eso, el desgaste se realiza
rápidamente. En particular con la
grave crisis del PT estamos asistiendo al
fin de la centroizquierda como proyecto
viable.
Solo con el enfrentamiento al imperialismo
es posible sostener el apoyo popular y lograr
otra relación de fuerzas con el imperialismo.
Venezuela es ese caso, diferente por los
enfrentamientos al imperialismo y la movilización
popular.
Un
espacio abierto para construir nuevas alternativas
La movilización
popular, antiimperialista, democrática
y de los trabajadores ha abierto también
un espacio nuevo para construir nuevas alternativas
que surgen del movimiento real y para que
los revolucionarios disputemos la dirección
de sectores de masas.
En especial, la realidad latinoamericana
ha colocado que hoy en día las tareas
antiimperialistas, democráticas,
de defensa de los recursos naturales, y
de reivindicaciones de los trabajadores,
se hayan vuelto cada vez más anticapitalistas.
Son imposibles de conseguir sin una confrontación
con el imperialismo en ruptura con sus regímenes
y gobiernos.
El movimiento social se fortalece en la
medida en que más sectores explotados
se han incorporado a la lucha de los trabajadores,
campesinos, indígenas, desocupados,
pobladores de los barrios pobres, la juventud,
como lo demuestra el poderoso movimiento
surgido en Bolivia y en particular en el
Alto. La posibilidad de la unidad de acción,
de frentes y bloques de las organizaciones
de los explotados es una realidad y una
tarea presente para enfrentar al imperialismo
y sus gobiernos.
Al mismo tiempo, es un hecho que se ha gestado
una relación de los revolucionarios
con las masas y sus organizaciones, diferente.
Fuerzas políticas nuevas, alguna
de ellas que hacen parte del movimiento
trotskista, están jugando un papel
importante; en el movimiento antiguerra
de Europa, en la batalla por el NO a la
constitución europea, (Francia) y
en Latinoamérica, en el proceso boliviano,
en Brasil, Argentina, etc. El debilitamiento
de las alternativas de centroizquierda se
ha sumado al cambio estratégico ocurrido
con la crisis del aparato estalinista producido
con la caída del muro y del llamado
socialismo real.
Existe un período en donde se ha
abierto la posibilidad de incidir en los
procesos reales de disputa de dirección
siempre y cuando se pueda empalmar con los
procesos vivos de la lucha de clases, con
los sectores movilizados y sus organizaciones.
En Argentina, donde hay una recuperación
de sindicatos, de nuevas organizaciones,
de los piqueteros y la izquierda juega un
papel clave. En Venezuela, que cuenta con
la UNT y otras organizaciones, en el Brasil
con el P-Sol, son ejemplos que muestran
la incidencia en los movimientos reales
de los trabajadores y el pueblo.
Fragmentación
de la izquierda y comienzo de reagrupamiento
Es un hecho de que esta
nueva situación encuentra a la izquierda
socialista, revolucionaria que viene de
haber sufrido un proceso de fragmentación,
de divisiones y crisis y de cierto peso
de posiciones sectarias y dogmáticas.
Lo nuevo que esta ocurriendo es que hay
pasos que indican que se puede avanzar hacia
reagrupamientos. La experiencia del P-Sol
es hoy la más avanzada y concluyente
entre diferentes sectores nacionales e incluso
de diferente origen internacional. Pero
sin dudas, se dará con formas diferentes
en distintos lugares en donde el movimiento
empuja en esa dirección.
Estamos en un período en donde los
revolucionarios tenemos que actuar abiertos.
En donde la construcción del partido
no será la obra de un pequeño
grupo que progrese únicamente a través
de la suma y adhesión de nuevos adherentes
a su programa acabado, sino en un proceso
de empalme con movimientos reales, con sectores
de masas que aun sin tener el programa tienen
una dinámica de enfrentamiento con
el régimen y sus gobiernos. Se trata
de saber convivir y construir movimientos
más amplios, de carácter transicional
en donde los revolucionarios tienen una
responsabilidad de su desarrollo y fortalecimiento
y cuyo carácter revolucionario será
definido por la política que se tenga
para impulsarlos con un programa de ruptura
y de la acción de la lucha de clases.
La construcción de organizaciones
leninistas revolucionarias es una necesidad.
Reafirmamos la experiencia del leninismo
–no su degeneración estalinista-
como el modelo del partido conspirativo
que se adaptaba a las situaciones concretas
y reales, que pasó por múltiples
formas, de partido y fracción. En
esta fase tenemos que evitar la idea del
modelo ya dado y acabado, y volver a aprender
de la historia del leninismo. O caemos en
el camino más fácil de la
mera autoafirmación que lleva al
dogmatismo o nos abrimos a responder a los
nuevos procesos de la lucha de clases sabiendo
trabajar con las consignas del mismo movimiento,
elaborando un programa de ruptura dentro
de los procesos reales y objetivos. El reagrupamiento
podrá hacerse no sobre la base de
un programa acabado sino sobre puntos fundamentales
que en la discusión, en la experiencia
común se va precisando.
El
régimen interno
El período de fragmentación
y rupturas en la izquierda socialista se
produjo por razones políticas, -algunas
veces por falta de comprensión de
los nuevos y complejos fenómenos
que han ocurrido en las últimas dos
décadas- a veces también por
la impaciencia en la discusión y
la existencia de regímenes internos
cerrados. Se fueron construyendo en muchas
oportunidades regímenes internos
de fracción más que de partido,
donde se funcionaba por homogeneidad política.
Se perdieron los criterios leninistas que
es preciso recuperar; un régimen
donde junto a la unidad en la acción,
exista una amplia discusión y de
circulación de ideas, incluso publicas,
con diferentes momentos de tendencias y
fracciones.
Este régimen es necesario porque
no hay forma de hacer organizaciones con
peso real en el movimiento de masas que
permitan la incorporación de grupos,
corrientes e individuos que vienen de tradiciones
diferentes. Sin un ámbito de discusión
no se puede lograr una integración
y construcción común. Este
régimen es también el único
que permite una sana relación con
los organismos del movimiento de masas.
Solo con un régimen se puede hacer
la necesaria elaboración colectiva
para acertar en una política de acción
en la lucha de clases. Por otro lado es
el régimen que permite convivir con
diferencias y evitar que ellas terminen
en rupturas.
Al mismo tiempo, hoy es necesario en toda
la construcción de organizaciones,
acuerdos, coordinaciones no solo el respeto
a las diferencias sino también la
actitud leal, que es la única manera
de relación sana, productiva, entre
diferentes corrientes, organizaciones, para
encarar las actividades comunes y futuros
reagrupamientos.
El
Internacionalismo
Hoy en día no hay
organización internacional que pude
reclamarse como un polo. El movimiento antiglobalización
es un frente complejo con movimientos más
pacifistas de distribución utópica
de riqueza y limitado políticamente.
La influencia del PT en el último
FSM de Porto Alegre llevó a que del
mismo no saliera ninguna resolución
progresiva.
En el ámbito internacional, la tarea
del reagrupamiento también está
planteada y es más necesaria. El
camino para avanzar en el internacionalismo
está abierto. En las movilizaciones
contra la guerra, en la solidaridad e intervención
común con los puntos álgidos
de la lucha de clases. En el apoyo a los
procesos y organizaciones más progresivas,
como la construcción del P-Sol en
Brasil, la UNT y el PRS en Venezuela, las
organizaciones combativas de Bolivia. En
el compromiso de la defensa de Venezuela
ante cualquier ataque del imperialismo y
la reacción burguesa. Una nueva organización
internacional tendrá que surgir de
este proceso.
Sin embargo, lo que ahora está planteado
es que alrededor de esas tareas que enunciamos
arriba, como el próximo FSM de Venezuela,
o del necesario intercambio de experiencias
políticas, se avance en la coordinación
internacional de las organizaciones revolucionarias
que están actuando en la lucha de
clases. El Seminario convocado por el P-Sol
en Río de Janeiro, en el que participaron
diferentes fuerzas que lo apoyan, fue un
primer paso en esa dirección.
Nosotros creemos que las nuevas tareas que
nosotros podemos impulsar en la línea
de las propuestas del primer seminario realizado
en Río son:
Intercambio de materiales, documentos y
experiencias militantes, para conocer más
en profundidad cada organización.
Participar en los diferentes eventos de
cada partido, congresos, conferencias, etc.
Llevar adelante una colaboración
conjunta en Venezuela, que incluya la colaboración
con la UNT, PRS, otras organizaciones y
una participación común en
el FSM de Caracas 2006.
La proposición de hacer un nuevo
seminario con un período de preparación
que permita la elaboración de textos
que circulen entre las organizaciones participantes,
siguiendo el camino del que fue realizado
en Río.
Mar del Plata 3 de noviembre
del 2005
|