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El FMI y la debacle argentina
Escribe
Mario Cafiero Diputado Nacional Soberanía
Popular - UNITE
El 30
de junio de 2004 el FMI aprobó el
«Informe sobre la Evaluación
del papel del FMI en Argentina, 1991 -2001»
confeccionado por la Oficina de Evaluación
Independiente (OEI), creada a esos efectos
tras la catástrofe del año
2001. Su creación despertó
un incisivo y sarcástico comentario
del reputado economista norteamericano Paul
Krugman: «La gente que empujó
a la Argentina a tomar las políticas
desastrosas están ahora muy ocupadas
en reescribir la historia culpabilizando
a las víctimas».
En el organigrama del FMI se puede ver que
la OEI depende en realidad del Directorio
Ejecutivo, en donde EEUU, Japón,
Alemania y el Reino Unido detentan el 40
% de los votos, que trepan al 52 % si se
computan a todos los países del G7.
Pero además, como para aventar toda
duda y darnos la razón a los que
sospechábamos de que no se iba a
hacer una «evaluación independiente»,
en la portada de su informe la mencionada
oficina reconoce el «valioso aporte»
efectuado por el economista argentino Miguel
Broda, quién durante los `90 fue
el más destacado abanderado de la
convertibilidad y defensor a ultranza de
las políticas del FMI en Argentina.
Por su parte el gobierno argentino, respondió
con una «Declaración»
del ex ministro de Economía Roberto
Lavagna a los miembros del Directorio Ejecutivo
del FMI, con fecha 26 de julio de 2004.
En ella aborda de manera parcial la cuestión,
y acotada a la coyuntura que vivía
el Sr. Ex Ministro en sus interminables
negociaciones con el FMI, con las cuales
en una estrategia sin tiempo, el FMI logra
a la postre imponer sus pretensiones, estando
por lo tanto la respuesta lejos de las alturas
del acontecimiento. Sin embargo, pese al
manoseado trámite de aprobación
por parte de las autoridades del FMI de
dicho informe de la OEI y la redacción
de compromiso de la respuesta del ex ministro
Lavagna, de la lectura de esos dos documentos
surgen gravísimos cargos respecto
la actuación del FMI, que a continuación
expondré en la forma mas sencilla
posible, apoyándome además
en otros hechos y graves anomalías
que como Diputado de la Nación he
denunciado oportunamente ante mis pares
y la opinión pública, ante
la Justicia de mi país, y ante la
comunidad internacional.
Si como dice Krugman, las actuaciones del
FMI generan millones de víctimas,
el enjuiciamiento de sus actos NO PUEDE
EN ABSOLUTO quedar reservado a un conspicuo
círculo de analistas y especialistas,
en donde descuella el propio FMI y otras
organizaciones financieras como generosos
dadores de prestigio, empleos, y contratos
de consultoría.
Un primer dato a tener en cuenta, es que
en su análisis, la OEI prescindió
de los antecedentes hasta el año
1991 y de la zaga posterior al año
2001. Cada vez que apareció el FMI
como experto en salud, con recetas firmadas
en los años 1976, 1977, 1983, 1985,
1987,1988, 1989, 1991, 1992, 1996, 1998,
2000, 2001, y 2003, Argentina se enfermó
cada vez más y más, resulta
evidente que el agente patógeno fue
el FMI, que obró como un mal médico,
con un pésimo e inadecuado tratamiento.
Las razones por las que Argentina aceptó
recurrentemente el tratamiento mortal del
FMI, también son obvias: debía
plata y no tenía conque pagar. Es
lo que jurídicamente se denomina
estado de necesidad. Un estado en el que
se encontraron sucesivos gobiernos de Argentina,
que para salir del borde del precipicio
del default o de explosivas inestabilidades
cambiarias, se pusieron en manos del FMI,
quién como demostraremos en este
informe, impuso una terapia irresponsable,
incoherente y contradictoria, que estuvo
a punto de enviar a la Argentina a la categoría
de Estado Fallido en la catástrofe
del año 2001.
Cuando estalló la catástrofe
Argentina en el 2001, la opinión
pública mundial se preguntaba ¿como
era posible que un país rico y con
una historia casi de potencia haya podido
caer en ese abismo tan bajo?¿Como
había podido acumular una deuda exorbitante
y donde habían ido a parar los millones
de dólares que había recibido?¿Cuál
era la responsabilidad de su dirigencia
política y empresarial en esa debacle?
Pero con el mismo derecho cabe formularse
similares preguntas respecto la actuación
del FMI, que a todo lo largo de ese extenso
periodo de debacle y decadencia argentino,
actuó con el triple rol de consejero,
auditor y prestamista. Del análisis
de ese proceso resulta claro que existe
una corresponsabilidad entre el FMI y los
gobiernos argentinos acompañados
por buena parte de la clase dirigente. Por
un lado la responsabilidad del FMI que impuso,
aconsejó, y/o convalidó políticas
cuyos resultados fueron nefastos y en contra
de los más genuinos intereses del
país, y por otro la responsabilidad
de los gobernantes argentinos por haber
recurrido al FMI y haber aceptado esas imposiciones
y consejos, sin haber tenido la osadía
intelectual y moral de buscar otras recetas
alternativas, quedando así atrapado
dentro de la lógica del FMI..
Pero existe una diferencia
abismal entre el FMI y los sucesivos gobiernos
argentinos que aplicaron sus recetas, en
cuanto a los resultados obtenidos. El FMI
logró en Argentina un resultado concreto;
obtuvo una profunda transnacionalización
de su economía, en beneficio directo,
casualmente, de las empresas e intereses
del grupo de países del G7, que controlan
el FMI. En cuanto a los gobernantes argentinos
que aplicaron las políticas del FMI,
algunos ya no pueden transitar por las calles,
y a otros les espera un lugar vergonzoso
en la historia argentina. También
existe otra diferencia sustancial: los resultados
de estas políticas, que se miden
en dramáticos costos sociales, económicos
y humanos han recaído y siguen recayendo
sobre las espaldas del pueblo argentino,
en especial de los más desprotegidos
y pobres. Por el contrario, incluso después
de la catástrofe del 2001 el FMI
revista el status de «acreedor privilegiado»,
ha recuperado buena parte de sus acreencias
y no ha sufrido ninguna consecuencia por
el caso argentino. Los grupos económicos
locales y extranjeros que se beneficiaron
con este proceso han salido en su mayoría
indemnes, y siguen gozando de la impunidad
mas absoluta de un largísimo historial
de ilícitos, irregularidades y gravísimos
delitos económicos, de los llamados
de «cuello blanco». Cabe entonces
plantear el punzante interrogante, respecto
si las políticas que impuso, aconsejó,
y/o convalidó el FMI, fueron erradas,
o deliberadamente equívocas. Esta
inquietante cuestión con sus vastas
y polémicas implicancias de toda
índole, esta expuesta como conclusión
de este breve informe, mediante mostrar
el extenso tejido de complicidades y coincidencias
que le dan fundamento. En el próximo
artículo describiré la sucesión
de hechos objetivos en la relación
Argentina - FMI, según los acuerdos
firmados, dividiéndolo en cuatro
etapas conforme las diferentes coyunturas
político institucionales y económicas
que se fueron dando:
1976- 1983: El FMI cómplice
de la Dictadura y de la generación
de una deuda Odiosa e insoportable.
1983-1988: El FMI en contra
de la democracia y a favor de la deuda y
los acreedores
1989-2001: El FMI en contra
de su misión: convertibilidad monetaria
y de deuda por activos públicos,
y más deuda.
2001-2004: El FMI deserta
abiertamente de su misión de ayuda
a un país miembro, y lo desestabiliza
procurando la dolarización.
Este informe y sus anexos se encuentran
disponible en:
www1.hcdn.gov.ar/dependencias/mario_cafiero
(*) Por la extensión de este trabajo
lo hemos separado en dos partes, en nuestra
próxima edición publicaremos
la segunda.
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