| ¿A
dónde va Kirchner?
El
reemplazo de Lavagna por Felisa Miceli fue
el cambio más fuerte del gabinete
de Kirchner, el que levantó más
ruido. Los analistas que orientan a las
patronales criticaron al presidente por
armar un gobierno tan pingüino, montonero
dijeron los más de derecha. Otros
criticaron el método de gobernar
de Kirchner, y lo llaman totalitario. Desde
Estados Unidos se escucharon las quejas
y el temor de un supuesto “giro a
izquierda” del presidente por el despido
de Lavagna y su acercamiento a Chávez.
En el país mientras tanto se dispararon
los precios y los trabajadores dan peleas
durísimas por el salario. Al tiempo
que el fantasma de la masacre de Cromañón
amenaza con terminar de voltear al viejo
socio transversal Aníbal Ibarra.
¿Cuál es el significado del
cambio de gabinete? ¿A dónde
va Kirchner?
Después
de que el presidente lo despidió,
Lavagna comentó que había
recibido un trato indigno. El ex ministro
de Economía volvió al país,
luego del default de Rodríguez Saá
y de la mano de la devaluación de
Duhalde, a poner orden en la economía,
según la visión de los organismos
internacionales. Siendo como es, un hombre
considerado afín por el Banco Mundial
y el FMI, se concentró en juntar
la plata para pagar la deuda con ellos y
en tratar de pagarle a los acreedores privados.
El trasfondo político de su gestión
es el Argentinazo de 2001, el trasfondo
económico es una situación
excepcional desde el punto de vista de los
precios relativos de la economía
mundial para los principales productos de
exportación del país. Al lograr
una recuperación sostenida de la
economía desde el abismo a la que
había caído (aunque todavía
está por debajo de los niveles del
’98) y un superávit histórico,
pudo hacer de Kirchner el presidente que
más deuda pagó en efectivo
a los organismos internacionales. Y logró
renegociar la deuda en manos de privados
presentándola como un éxito
cuando en realidad hizo que aumentara en
más de un 30%. Pero ahora empezaba
una segunda etapa. El FMI exige avanzar
en un ajuste superior, es decir quiere para
los sectores que representa un pedazo mayor
de la torta del superávit y las ganancias
(que ya es enorme). La denuncia de corrupción
que lanzó Lavagna contra los planes
de obra pública contratados por el
cajero de la corona, De Vido, en forma directa,
fue un tiro por elevación a Kirchner,
por dejar afuera de la fiesta a los grupos
que él representa. De Vido jamás
haría nada no aprobado por el presidente
previamente. No es su relación con
Duhalde lo único que enfureció
al presidente con Lavagna, son diferencias
en los tiempos para aplicar las políticas
y sobre todo que se metiera en un terreno
que Kirchner no perdona: el reparto de la
torta.
Una
lectura del Argentinazo
Se comenta que la primera
expresión de Kirchner cuando se conoció
el resultado electoral de octubre fue, “llegué
con votos prestados, ahora son míos”.
No le alcanzó para “plebiscitar”
su gestión, pero el resultado electoral
lo fortaleció. Aunque haya perdido
en dos de los cuatro distritos más
importantes del país. En realidad
el triunfo contra el duhaldismo en provincia
de Buenos Aires es la clave de ese fortalecimiento
relativo de Kirchner.
Pero es un fortalecimiento desde el tremendo
terremoto político que significo
el Argentinazo, y el presidente es quizás
uno de los viejos políticos que mejor
leyó esa rebelión popular.
Su discurso, (o doble discurso) siempre
tiene en cuenta ese hecho monumental. En
primer lugar, es conciente de que la debacle
del radicalismo ha dispersado a la oposición.
De que a la derecha tradicional hoy representada
por Sobisch, Macri y López Murphy
no le alcanza para alternativa. La centroizquierda
por su parte tiene distintos proyectos,
pero aún son inconsistentes, luego
de la caída de la Alianza. El ARI
por ejemplo, que pregona el Contrato Moral,
acaba de votar a favor de la confirmación
de Borocotó como diputado kirchnerista.
El presidente también leyó
la crisis terminal y feudalización
en un rejunte de partidos provinciales en
la que se convirtió el PJ. Como diría
Chiche Duhalde, “el PJ es una cáscara
vacía”. Necesita un partido
propio, y está abocado a esa tarea.
La compra de Borocotó es una muestra
de hasta donde está dispuesto a llegar
para conseguirlo. Otras son las alianzas
con gobernadores radicales o ex radicales,
con peronistas que saltan el cerco del PJ.
Es más, se ha formado un grupo compuesto
íntegramente por viejos amigos del
presidente llamado Compromiso K con el objetivo
de comenzar ya mismo a trabajar por su reelección.
El plan de acción consiste en recorrer
a la brevedad los 2685 municipios que hay
en el país para “conversar”
con cada uno de los intendentes o los jefes
políticos del lugar.
En segundo temino elige, de manera permanente,
un supuesto discurso de “izquierda”,
critica duramente al FMI, aunque pague la
deuda. Le pega a algunos de los grandes
grupos empresarios, en especial a las multinacionales
de las privatizadas que pertenecen a los
países del Grupo de los 7, aunque
renegocia contratos y cede a sus exigencias.
En tercer lugar busca aparecer como defensor
de los derechos humanos, aunque sea el presidente
en democracia que más presos, procesados
y perseguidos políticos y sociales
tiene. Esta visión de la situación
lo lleva a una permanente gestualidad de
mostrar dureza con los sectores a los que
la mayoría de la población
responsabiliza de la crisis.
En
Latinoamérica se derrumba el neoliberalismo
El Argentinazo no fue
un hecho aislado. Formó parte de
una revuelta continental del movimiento
de masas que volteó gobiernos y le
puso freno a las políticas del FMI,
que aún continúa. Arrastrando,
de paso, al viejo sistema bipartidista que
se alternaba en la aplicación de
esas políticas. Los Chávez,
Lulas, Lucio Gutiérrez, Tabaré
Vázquez, etcétera, son fruto
de esa movilización continental.
Pero aquellos que como Lula, Gutiérrez
y Vázquez no sólo pagan la
deuda sino que aplican al pie de la letra
y defienden las políticas neoliberales
rápidamente se des-prestigian frente
al movimiento de masas que los llevó
al gobierno y algunos como el ecuatoriano
Gutiérrez reciben el mismo trato
que sus antecesores, los Bucaram y compañía,
son echados por la movilización.
Es tal la preocupación del imperialismo
yanqui que frente al proceso electoral que
se desarrolla en todo el continente convocó
la última semana de noviembre a todos
sus embajadores a Washington para discutir
la eventualidad de un posible “giro
a la izquierda” en Latino-américa.
Kirchner entendió mucho mejor que
Lula este proceso, tal vez por haber llegado
al gobierno montado en una rebelión
y con votos prestados, por eso parece decidido
a seguir con sus gestos “nacionalistas
y populistas”. Pero Kirchner no va
a «la izquierda» se despega
de Lula y pretende recostarse en el prestigio
de Chávez, como parte de los gestos
que necesita para cabalgar la situación.
Y si bien es doble discurso, no sólo
eso. Kirchner no tiene la misma visión
que los burócratas del FMI o sus
agentes locales, porque no quiere terminar
como De la Rúa.
Roces
interburgueses y ascenso obrero y popular
En el último tiempo
se ha puesto de moda la frase “puja
distributiva”. Esta refleja una disputa,
una pelea por el superávit, las reservas,
en fin, el reparto de la torta. Y esta pelea
recorre la sociedad de arriba abajo. Las
fuertes luchas de los trabajadores reflejan
un aspecto de esta pelea, que como vienen
demostrando los que pelean más duro
y consecuentemente más ganan, ahi
están los ejemplos de los trabajadores
del subte y aeronauticos. En este sentido
es fundamental el rol que juegan los nuevos
dirigentes. La coordinación, la solidaridad
y el debate de estos sectores son fundamentales
para dotar a los trabajadores de una nueva
dirección global para el movimiento
obrero. Por eso el 2º Encuentro Nacional
de Trabajadores que se realizará
el sábado 10 es un nuevo paso en
el reagrupamiento de estos nuevos dirigentes,
del que hay que participar.
Pero también disputan parte de esa
torta distintos grupos económicos.
No se trata de una supuesta burguesía
nacional, cuando se mira bien quiénes
son esos burgueses nacionales entre comillas,
enseguida se encuentra alguna multinacional
asociada. Por ejemplo la compra del ramal
Cargas del Ferrocarril Belgrano, hasta noviembre
en manos de Pedraza, al grupo formado por
Macri y Roggio, tiene integrados como accionistas
capitales extranjeros, de la misma manera
que el 80% de las principales empresas del
país está en manos de multinacionales.
No hay un proyecto viable de «Burguesía
Nacional». Tampoco reflejan distintos
modelos económicos, todos coinciden
en pagar la deuda y por eso el Presupuesto
que manda el gobierno al Congreso contempla
que el 40 % de lo que se gasta va para el
pago de la deuda externa, mientras que no
tiene en cuenta ningún aumento de
salarios estatales o jubilaciones. De lo
que se trata es de lograr una parte del
saqueo que significan las privatizadas,
del negocio de las exportaciones o financiero.
O de lo que el gobierno gaste en obras.
Final
abierto
El triunfo electoral no
le asegura a Kirchner tranquilidad política
ni social. Pero le da una base sobre la
cual intentará hacer de Argentina
un “país normal y en serio”,
según su propio eslogan. El nuevo
gabinete y las operaciones políticas
que encara, lo mismo que el doble discurso
y su gestualidad, serán la tónica
de los tiempos que vienen, lo mismo que
el ascenso obrero y popular y las crisis
políticas producto del golpe que
recibió el sistema político
con el Argentinazo. Esa crisis política
es la que explica la posibilidad de que
Aníbal Ibarra, el primer transversal,
sea destituido por la masacre de Cromañón,
aunque el proceso de movilización
en su contra sea todavía incipiente.
Y es el ascenso obrero como las luchas del
último mes, el que obliga a las patronales
y al gobierno a abrir las manos y soltar
algunos pesos. El presidente tendrá
que moverse en ese equilibrio inestable
gastando el capital político que
acaba de conseguir. Y ese capital no es
eterno.
Por otra parte sigue existiendo un enorme
espacio para construir una alternativa que
proponga una salida de fondo para el país,
los más de un millón de votos
que obtuvo la izquierda, a pesar de la enorme
dispersión, son un síntoma
de ese espacio, que es todavía mayor
en las luchas. La disputa planteada contra
este gobierno parte de reconocer las ilusiones
y construir un dialogo con los sectores
del movimiento de masas que depositaron
su voto por Kirchner. Por eso, junto con
la denuncia y la agitación políticas,
es una tarea de primer orden la explicación
paciente y el diálogo para desnudar
el doble discurso del gobierno.
La realidad impondrá la necesidad
de pasar de las luchas parciales a la disputa
política global. Para entonces hay
que prepararse. En ese sentido es para la
izquierda, los luchadores y las fuerzas
populares, un tiempo de acumulación
y construcción de alternativa política.
El plenario autoconvo-cado del 17 de diciembre
del que participa el MST es un paso ese
camino.
|