Los pibes de Cromañón: ¡presentes!

Luchar por la destitución de Ibarra

El juicio político a Ibarra entró en la recta final. Numerosos testimonios confirmaron su responsabilidad. El 28 serán los alegatos y el 10 de marzo el veredicto. Con la renuncia de Romagnoli, los votos del kirchnerismo son clave para el resultado. El 1º tenemos que acompañar masivamente la marcha de los padres y sobrevivientes, exigiendo que Ibarra sea destituido e inhabilitado para ejercer cargos públicos.
Que Chabán, la policía y los funcionarios corruptos también son culpables por Cromañón no hay duda. Eso lo juzga la justicia penal. El juicio político juzga otra cuestión: la responsabilidad política que por esa masacre y esa corrupción le cabe a Ibarra como máxima autoridad de la Ciudad. Ese juicio llegó a su fase definitoria. Terminadas las declaraciones de los testigos, el martes 28 harán sus alegatos los fiscales y la defensa, y el 10 de marzo la sala juzgadora dará el veredicto.

“A los pibes los mató la corrupción”

Y es así. En la Ciudad había un circuito de caja política dirigido por Ibarra. Se intentó tapar esto con testigos como Juan Carlos López, que dijo “la culpa es mía, no de Ibarra.” Es la vieja maniobra de culpar a alguno para salvar al de arriba. Pero a López, su ex cuñado, Ibarra lo puso como Procurador de la Ciudad y luego como secretario de Seguridad. Y a Fiszbin, íntima de Vilma Ibarra, la pasó de Directora de Empleo a Subsecretaria de Control Comunal. Y a Antuña lo pasó de Director de Verificaciones y Control a Subsecretario de Trabajo, encima reteniendo el control de los boliches nocturnos. ¿Qué tiene que ver Trabajo con controlar boliches? ¡Era un coto de caza que Ibarra dejaba en manos de sus cómplices!
Ibarra no podía ignorar lo que hacían. Son funcionarios de primer nivel y de su círculo íntimo, que él reciclaba de un puesto a otro siempre al servicio de recaudar. Se reunían habitualmente con la cámara de boliches, los mismos empresarios con los que Ibarra hizo la conferencia de prensa después de Cromañón (entre ellos los dueños de Millenium y Follia, boliches ilegales donde los ibarristas festejaron el fin de año de 2003 y 2004). Por eso no había inspecciones de oficio sino listas armadas desde arriba, operativos selectivos, órdenes por handy, expedientes sin registrar y todo tipo de irregularidades. Y por eso en todo el 2004 el gobierno no inspeccionó Cromañón, uno de los principales boliches, incluso sabiendo que el certificado de incendio había vencido. Ni accidente ni tragedia: ¡corrupción!
Los cambios de áreas y de funcionarios que hizo Ibarra sólo sirvieron para pasar de las coimas feudalizadas a una recaudación centralizada. No es, como dice el macrismo, que había un “Estado bobo”, ineficiente. No controlar a los empresarios amigos era una decisión política conciente. Esta corrupción estructural, esta complicidad entre empresarios y gobierno, es la que terminó provocando la masacre de Cromañón.

Ibarra, responsable político

Con este manejo perverso de las habilitaciones e inspecciones (o poder de policía) Ibarra violó -entre otros- el art. 104 de la Constitución porteña, que establece que el jefe de gobierno es responsable de “nombrar a los funcionarios... y ejercer la supervisión de su gestión”. A esto se suma que recibió alertas de la Defensoría, la Auditoría y la Legislatura sobre la falta de seguridad en boliches y no hizo nada. Y que el operativo de emergencia del 30 fue desastroso. La policía no puso vallado y el gobierno no la obligó. En ese caos, el 40% de los chicos murió por socorrer a otros. Hubo hospitales desbordados como el Ramos o el Penna, donde enviaron vivos y muertos, mientras el Curie o el Churruca no se usaron. ¡El jefe de la guardia del Clínicas, a 10 cuadras de Once, testimonió que su hospital podía atender más gente si se la hubieran mandado! El calvario del CGP, la Morgue judicial y Chacarita el día 31 fue parte del mismo y brutal desinterés por los familiares de las víctimas.
Todos estos cargos se sintetizan en la acusación formal por mal desempeño en el ejercicio de sus funciones, que votó la Legislatura y la sala juzgadora debería ratificar. Renunciado Romagnoli y con la incierta postura de los legisladores kirchneristas, la movilización sigue siendo la única garantía para evitar la impunidad y lograr la destitución definitiva de Ibarra.
Pablo Vasco


Pablo Vasco
 
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