| El
capitalismo es contaminación y muerte
En
la vecina Fray Bentos dos multinacionales,
la española Ence y la finlandesa
Botnia, producirán celulosa usando
químicos altamente tóxicos
en el proceso de blanqueado y liberando
a la atmósfera dióxido de
sulfuro, sustancia de conocido “olor
a huevo podrido”, que sufrirán
las vías respiratorias de todo lo
que viva 60 km a la redonda. Cotidianamente
estas empresas van a utilizar cerca de 100
millones de litros de agua que van a contaminar
y volver a verter en el río Uruguay,
con su secuela de trastornos cancerígenos,
respiratorios, en el sistema nervioso, circulatorio
y reproductor.
Un antiguo y nunca desmentido ranking elaborado
por Naciones Unidas ubica la obtención
de pasta de celulosa entre las cinco actividades
industriales más contaminantes.
La empresa española Ence, hace muchos
años que está instalada en
España, más precisamente en
Pontevedra. Esa ciudad es famosa por la
peste que inunda todo el ambiente. Lo mismo
sucede en Finlandia con la papelera Botnia
y en otros lugares del mundo donde tienen
sedes. La Unión Europea está
discutiendo ponerle límites a las
empresas con procesos industriales de alto
impacto contaminante, y por eso, los capitalistas
tomaron una decisión: mudarse a los
países del “tercer mundo”,
donde los gobiernos a cambio de coimas les
garantizan impunidad para que depreden,
contaminen y maten y por supuesto... que
ganen toneladas de plata.
Este sistema
es genocida
No podemos confundirnos en un punto: la
regla del capitalismo es ganar y ganar plata
a cualquier costo, el de la vida humana
y ambiental inclusive. De hecho hace años
que en nuestros países convivimos
con el impacto mortal de industrias contaminantes:
sólo en Brasil la industria de la
celulosa contiene a 220 plantas fabriles
y en la Argentina hay una docena de industrias,
todas ellas a la vera del Paraná
y algunas de ellas con denuncias y clausuras
por contaminación. Por eso, tenemos
que identificar claramente que existe una
causa estructural de tanta depredación,
destrucción y muerte: el sistema
económico-social imperialista que
domina el mundo a sangre y fuego. Hace 150
años cuando la revolución
industrial mostraba los avances de la técnica
y la producción, nadie pensaba la
dimensión que podía alcanzar
la contaminación global a la que
ha llevado la producción incontrolada
de las empresas capitalistas. Hay cambios
climáticos que amenazan la vida natural
en la tierra si no hay medidas que ataquen
la raíz del problema.
Sin embargo, ante esto, los ideólogos
del imperialismo, los sabelotodo del FMI
y el Banco Mundial insisten en la necesidad
de redoblar los esfuerzos para acelerar
“la expansión de la economía”.
Uno de los problemas con que se topa esta
idea es la disminución de la capacidad
productiva de los ecosistemas naturales.
La información que proviene de los
propios organismos internacionales (ONU,
entre otros) no deja de ser contundente:
la actividad forestal y la sustitución
por especies exóticas han reducido
los bosques mundiales a casi la mitad; cerca
del 30% de las especies mundiales de árboles
están en riesgo de extinción;
la deforestación tropical excede
los 130.000 kilómetros cuadrados
por año; la flota pesquera es 50%
mayor a lo que los océanos pueden
sostener; cerca del 75% del stock mundial
de peces marinos está siendo sobre
explotado o están siendo capturados
en sus límites biológicos;
la degradación de los suelos ha afectado
a dos tercios de los suelos agrícolas
mundiales en los últimos 50 años;
el 30% de los peces de agua dulce se ha
extinguido. Esto es el capitalismo: depredación
y muerte.
Los
gobiernos trabajan para las multinacionales
contaminantes
Finalmente, las empresas y el gobierno de
Tabaré Vazquez dicen, contra todos
los informes y antecedentes, que las papeleras
no contaminan. El gobierno de Kirchner quiere
negociar con el de Uruguay una salida elegante.
En realidad los dos tienen un decidido prontuario
que los desenmascara como defensores de
los capitalistas contaminadores: Tabaré
ha convertido la defensa del interés
capitalista de las papeleras en una causa
nacional con el respaldo de la mayoría
de los dirigentes del Frente Amplio y de
la central sindical PIT-CNT. Kirchner, tres
años atrás en Esquel (Chubut)
sigue bancando un proyecto de minería
de oro altamente contaminante a pocos km
de la ciudad. También en este caso
está el interés de una transnacional,
la Meridian Gold. Sin embargo, como los
miles de Gualeguaychú, el 85% de
la población de Esquel le dijo “No
a la mina” en un plebiscito en marzo
de 2003. También, como decíamos
a lo largo del Paraná y en otras
provincias hay decenas de papeleras que
contaminan el agua y el aire.
Con estos gobiernos no hay salida para el
medio ambiente, la defensa de los recursos
naturales, la salud y la vida de los trabajadores
y el pueblo. Hay que hacer como el pueblo
entrerriano. Hoy la consigna es: ¡Si
gana el pueblo de Guleguaychú, ganamos
todos!
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