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Estados Unidos

Gobierno Bush: crisis en todos los frentes

Tras ganar su re-elección cómodamente hace poco más de un año, la presidencia de George Bush se encuentra hoy en crisis en todos los frentes políticos.


Escribe: Federico Moreno, militante de la ISO de EEUU acompañando la experiencia del MST de Argentina

CUna serie de escándalos de corrupción ha llevado al procesamiento de altos funcionarios del gobierno, incluyendo al asesor principal del Vice Presidente Dick Cheney, Louis Libby.
La negligencia absoluta del gobierno frente al desastre del huracán Katrina deslegitimó a la administración y reintrodujo, por primera vez en una década y media, el tema de la pobreza y el racismo en los medios masivos.
Hasta la economía, supuestamente el punto fuerte de la política de Bush, le trae serios problemas al gobierno. Aunque la economía creció un 4,2% el año pasado, los sueldos reales bajaron. La resultante bronca de clase se manifestó en el amplio apoyo que recibió la exitosa huelga del transporte público de New York en enero.
Sin embargo, la principal crisis que enfrenta Bush es el desastre de la ocupación de Irak.

“La guerra no se puede ganar”


Amplios sectores de la clase dominante, incluyendo parte del alto mando militar, están llegando a un consenso: la guerra es inganable.
Desde julio las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses están en contra de la guerra.
La guerra, encima, agrava los demás problemas. La bronca por la negligencia del gobierno ante Katrina se multiplica en la gente que ve los US$1.189 billones que hay para la guerra mientras no hay nada para las víctimas del huracán, y como las mismas corporaciones, como Bechtel y Halliburton, que están ganando miles de millones de dólares “reconstruyendo” Irak, también han recibido los contratos para “reconstruir” New Orleáns.
Para cubrir el tremendo costo de la guerra, Bush no recurre a los ricos—cuyos impuestos rebaja cada año. En cambio, recorta los pocos servicios sociales que quedan, exprimiendo a los pobres y obreros e incrementando la bronca de clase.
Los escándalos de corrupción también están íntimamente ligados a la guerra. El crimen por el cual Libby está en problemas es el de filtrar el nombre de una agente de la CIA —Valerie Plame— a los medios. Pero esto fue en venganza porque el esposo de Plame reveló que la acusación de que Irak había intentado comprar uranio de Nigeria había sido una mentira para justificar la invasión.
Una encuesta de CBS de febrero muestra que la actual aprobación del gobierno de Bush está en un 34%, figura únicamente superada por Nixon tras el escándalo de Watergate.
Frente a esta crisis absoluta de la Administración, los demócratas, el segundo partido más entusiastamente capitalista de EEUU, presentan una no-oposición.
Esta es la clave de la gran confusión de las elecciones estadounidenses. El sistema electoral de EEUU hace prácticamente imposible la aparición de un tercer partido, y el dominio del Partido Demócrata sobre la clase obrera y la población negra es casi absoluto.
Siendo que la campaña de John Kerry (el demócrata que enfrentó a Bush en las últimas elecciones presidenciales) no se diferenció de la de Bush —incluso lo criticó desde la derecha en el tema de la guerra— la mayoría del electorado no votó.
Y los que votan, generalmente se tapan la nariz y votan al “mal menor” —el demócrata— por ser la única opción viable en contra de los republicanos. El rechazo generalizado a la política de Bush, entonces, no encuentra expresión electoral.
Esta postura de los demócratas es el último sostén evitando la caída de Bush, pero es un bastón muy débil.

Bush se parece cada vez más a Nixon


Los paralelos entre el gobierno de Bush y el de Nixon ante su renuncia son abundantes. Tal como Bush se encuentra empantanado en Irak, Nixon lo estaba en Vietnam.
Nixon comenzó su segundo término con promesas de “vietnamizar” la guerra —retirando tropas estadounidenses, reforzando el ejército vientamita y aumentando la guerra aérea. Terminó expandiendo la guerra a Laos y Camboya. Hoy Bush habla de retirar tropas, reforzar el ejército iraquí, aumentar los ataques aéreos… y amenaza a Irán y Siria.
Lo que acabó con Nixon fue el escándalo de Watergate, en el cual estuvieron implicados altos funcionarios del gobierno en una red de espionaje y sabotaje contra sus adversarios políticos.
El escándalo de Bush, ya denominado “Plamegate” por los medios, es aún peor, por lo que está más directamente relacionado con la guerra.
La otra cara de la moneda es que a Nixon los demócratas lo pudieron enfrentar precisamente porque Watergate desviaba la atención pública de la guerra que ellos siempre apoyaron. Lo que pueda llegar a destapar el juicio de Libby desacreditaría tanto a los demócratas como a los republicanos.
La inevitable derrota de los EEUU en Irak también significará un retroceso mucho más devastador para el imperialismo yanqui de lo que fue la “pérdida” de Vietnam.
Aunque el movimiento contra la guerra está en un punto mucho más débil comparado con los años 70 y la “oposición” de los demócratas es nula, la situación en EEUU está madura para una revuelta.
Mientras la guerra de Vietnam sucedió en pleno “boom” económico, hoy la situación económica del obrero estadounidense se deteriora cada vez más, y el costo de la guerra en Irak lo afecta directamente y lo exaspera.
Como dijo recientemente el economista Robert Frank en el Philedalphia Inquirer:
“La historia ha demostrado repetidamente que las sociedades solo pueden tolerar la desigualdad hasta cierto punto.
“A veces las grandes revueltas sociales son precedidas por años o décadas de creciente conflictividad social. Si semejante conflictividad se está acumulando en EEUU, sigue oculta. Pero experiencias recientes han demostrado que las revueltas frecuentemente ocurren sin la mínima advertencia.
“Porque las revoluciones casi siempre suponen elementos de contagio social, hechos pequeños son capaces de desatar incendios de pradera políticos cuando se llega a un punto crítico.”
Tras denunciar el no control a Cromañón, Devoto siguió: Ibarra incumplió el Plan Maestro de Defensa Civil, que regula la actuación y coordinación ante las catástrofes. En 5 años de gobierno no dictó la norma básica para aplicarlo. Por eso hubo improvisación en la información, la comunicación, el reconocimiento de cuerpos y la atención a los familiares. El menosprecio por las víctimas continuó el 31 y el 1º en el CGP, los hospitales, la morgue judicial y Chacarita. Horas terribles, buscando datos, reconociendo cuerpos. Una subsecretaria vino a decir que hubo ‘atención adecuada’. Yo estuve en la morgue y el CGP con la ex diputada Ripoll y era un completo desorden. ¡Ni un auto pusieron a disposición de los padres, que iban de un lugar a otro desesperados!
La falta de vallado entorpeció el rescate y por eso el 40% de los chicos murió por salvar a otros. Y clasificar a todas las víctimas con código rojo fue la expresión de una decisión política brutal, que nada tuvo que ver con preservar vidas. Por eso no hubo atención prehospitalaria y trasladaron el desastre a los hospitales. El principal interés fue preservar la imagen del gobierno y de Ibarra, ‘limpiando’ lo más rápido posible la zona para evitar que las desgarradoras escenas siguieran apareciendo en la televisión. ¡Ibarra siempre actuó como si la víctima fuera él!
Ibarra no puede escudarse detrás de sus funcionarios. Cuando toda la estructura funciona mal y por largo tiempo, la responsabilidad política está en el vértice. Hay un nexo entre la trama de corrupción y el desastre en la emergencia. Y no es, como dijo Ibarra, controlar a cada maestra o enfermera. Son secretarios y subsecretarios, como López, Fiszbin, Antuña, Stern, Alegre, Calvo, etc., todos funcionarios de primer nivel y muchos de su círculo íntimo. Según la Constitución de la Ciudad, el jefe de gobierno ‘nombra a los funcionarios y ejerce la supervisión de su gestión’ (art. 104 inc. 9). Ibarra no lo cumplió: hizo la vista gorda, porque recaudaban para la corona.
Quiero reconocer en especial la lucha de los padres y sobrevivientes. Por encima de su dolor, casi solos contra el aparato oficial, salieron a reclamar verdad y justicia y que no haya impunidad. Llegamos a este juicio por mérito de su lucha, no por concesión de la Legislatura. Ellos son parte del país que se levanta con dignidad ante las injusticias, como en diciembre de 2001. Ibarra, en cambio, apela a la clase política. Y Kirchner tiene derecho a tener los ‘amigos’ que quiera, pero debe respetar la independencia de los miembros de la sala juzgadora.
Por todo lo expuesto, solicitamos se tenga por probada la acusación por mal desempeño al Sr. Aníbal Ibarra y se lo destituya e inhabilite por 10 años. Para avanzar en el juicio y castigo a todos los responsables de la masacre, cerrarle el camino a la impunidad de los gobernantes y que de verdad haya un antes y un después de Cromañón.

 


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