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¡Aumento salarial ya!
Por
la tarde del martes 4 de abril el presidente
Kirchner daba un discurso en la planta de
la automotriz Volkswagen, más conocida
por VW diciendo que los empresarios querían
más rentabilidad de la que les correspondía.
Su ministra de Economía, Felisa Micelli
recibía el apoyo de la Unión
Industrial Argentina a la propuesta del
gobierno de que los salarios no aumenten
más que el 16%. Cómo es conocido
esta señora que no dudo en echar
a su mano derecha de la presidencia del
Banco Nación para poner a una amiga
íntima de Cristina Kirchner, no abre
la boca si no es por orden directa del presidente.
Es el mundialmente famoso estilo K: amaga
con la izquierda para pegar por la derecha.
En las tribunas dice una cosa mientras que
en los despachos, en las reuniones privadas
y en las medidas de gobierno Kirchner hace
absolutamente lo contrario a lo que critica
en los discursos.
Pero los hechos son los hechos. A los trabajadores
que están reclamando por sus salarios
no se los va a parar con palabras bonitas
ni críticas. Y por eso son centenares
de miles de obreros, empleados, estatales,
docentes que están en lucha en todo
el país. Hay una nueva oleada de
reclamos salarial que está tomando
fuerza y se extiende nacionalmente, y en
los gremios más poderosos.
Esto es así y lo seguirá siendo
porque también forma parte del doble
discurso el supuesto combate contra la inflación
que dice que está llevando adelante
el gobierno. No baja el precio de la carne.
Aumentan los precios de todos los productos
de primera necesidad. El salario mínimo
quedó clavado en 630, cuando la canasta
básica esa que alcanza sólo
para comer arroz y fideos ya está
en 850 y la canasta familiar elemental está
cercana a los 2.000. Y esto no se arregla
con palabras. Hay en el país un clima
de reclamo general. Sólo por mencionar
el martes 4, el mismo día que el
presidente seguía sosteniendo que
estaba combatiendo a la inflación,
se profundizaron las medidas de los camioneros
extiéndase a varias ramas de ese
sector, anunciaban medidas de fuerza y movilizaciones
el gremio de la alimentación, diez
mil trabajadores de la carne marchaban por
la zona del Congreso Nacional, triunfaban
los docentes neuquinos y una larga lista
de docentes, estatales y otros estaban en
lucha o se preparan para estarlo. ¿Por
qué no hay una medida nacional si
es evidente que todo el país lucha?.
Lo dijo Moyano: «no es tiempo de confrontar
con el gobierno».
Es más, es claro y evidente que
para Moyano lo más importante es
sostener la política oficial. Por
eso los analistas están buscando
en algunas supuestas diferencias entre su
hijo Pablo y él mismo, la profundización
de las medidas en el gremio de camioneros.
Y especulan con un endurecimiento de los
antiguos «Gordos» y del sector
sindical que le responde al gastronómico
Barrionuevo, que según esos mismos
analistas se estarían preparando
para darle pelea al camionero en el próximo
Comité Central Confederal del la
CGT. La verdad sin embargo es distinta.
Y aunque lo intenten ocultar los mismos
analistas, la dicen en breves líneas:
estos dirigentes tienen que ponerse a la
cabeza de algunos reclamos para tratar de
controlarlos porque de lo contrario corren
el riesgo de ser desbordados. Esa es la
verdadera conversación que tuvieron
Moyano y Kirchner el martes 28 cuando se
reunieron en la Rosada. El presidente le
pidió que por favor no hubiera conflictos
aeronáuticos en Semana Santa, temiendo
que al no poder llegar a un acuerdo con
Uruguay por las papeleras se desataran nuevos
cortes y aumentara todavía más
el mal humor social. Y si bien los diarios
no cuentan lo que le explicó Moyano
no es difícil de imaginar: le debe
haber explicado la bronca que se está
cocinando entre los trabajadores y los sectores
populares más perjudicados de la
población.
Aunque muchos de los hombres que hoy están
en el gobierno son veteranos de los '70
como ellos mismos se presentan, no son estos
tiempos como para poder parar las luchas
con la camiseta peronista. Ni la de los
caciques sindicales, la vieja burocracia,
ni la de los transversales la moderna «ala
izquierda» del sistema sindical clásico
o la CTA que no atina a convocar a una lucha
en serio y se debate en una crisis política.
Crece por abajo, aunque este dando los primeros
pasos, una nueva conducción gremial
que rompe con todo lo viejo. Y de esto hay
pruebas a patadas. Los petroleros y los
trabajadores del petróleo que están
encuadrados cínicamente en la Uocra
de Las Heras y toda Santa Cruz, son la última
prueba viva de esta experiencia que extiende.
Pero hay muchos antiguos y sobre todo nuevos
luchadores, muchos que rompen con su pasado
peronista, otros independientes y muchos
de ellos también de izquierda que
están dispuestos a disputar con los
viejos dirigentes porque tienen la fuerza
que viene de abajo. De que ya no se aguanta
más con estos salarios.
Del resultado de las luchas que se están
dando y de las que vendrán depende
que ese proceso se desarrolle y consolide.
Pero no hay dudas que hay materia prima
para alimentarlo. Por eso es fundamental
la táctica, la política con
la que enfrentar esta situación.
Son muchos los reclamos parciales por los
que hay que luchar en cada gremio y a veces
en cada establecimiento. Y hay que seguir
peleando por eso. Hubiera sido un error
que los petroleros esperaran a luchar contra
el mínimo no imponible si no había
una lucha nacional por eso. Pero al mismo
tiempo para que esa insipiente nueva dirección
empiece a despuntar como una dirección
de conjunto tiene que levantar, sin abandonar
las propias reivindicaciones de los trabajadores
que representa, un reclamo que tienda a
unificar a grandes sectores del movimiento
obrero. La pelea por un básico para
todos igual a la canasta familiar o a $1.800
como fue cobrando forma entre los trabajadores
es el ariete con el que exigir a los dirigentes
sindicales tradicionales, a la CGT a la
CTA, que se dejen de manejos «políticos»
y convoquen a una gran lucha nacional por
eso. Al contrario de lo que dice Moyano
«este es el momento». El grito
de pelea tiene que ser aumento salarial
ya mismo.
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