| Caracterizaciones
y ejes políticos para intervenir
en la realidad nacional
El
Argentinazo abrió una nueva etapa
revolucionaria
Para nuestra corriente la semi insurrección
popular del 19 y 20 de diciembre del 2001
provocó un cambio histórico
en el país. No es el objetivo de
este seminario abrir una discusión
sobre la definición del Argentinazo.
Es conocido por todos que nosotros opinamos
que fue una revolución. Creemos que
lo más importante es discutir las
consecuencias de este hecho inmenso de la
lucha de clases. Logró un triunfo
enorme, no sólo porque derribó
a De la Rúa y varios gobiernos en
pocos días, liquidando el plan económico
más nefasto de la historia, sino
porque le propinó un golpe mortal
al andamiaje central sobre el que se sostenía
el régimen democrático burgués:
el bipartidismo. Para nosotros el Argentinazo
produjo un cambio de etapa. Termino la que
se abrió en 1982 dando paso a una
nueva, muy superior, donde tanto la situación
revolucionaria como las distintas coyunturas
que se pueden desarrollar van a estar teñidas
de nuevos elementos, cualitativamente distintos
a los que vimos en toda la etapa anterior.
Nos vamos a detener en 4 de ellos: el derrumbe
definitivo del PJ y la UCR, los cambios
que esto produjo en el régimen, la
ampliación del espacio político
para construir una alternativa política
revolucionaria con influencia de masas y
el proceso de nueva dirección sindical.
La característica
distintiva de la nueva etapa: el derrumbe
del PJ y la UCR
El principal cambio, histórico,
que se produjo con el Argentinazo y nos
permite hablar de una nueva etapa de la
lucha de clases, es el derrumbe definitivo
de las viejas direcciones políticas
burguesas que dominaron la vida política
del país y al movimiento de masas
durante todo el siglo XX: la UCR y el PJ.
Esta realidad terminó de sintonizar
a nuestro país con la nueva etapa
revolucionaria mundial abierta en 1989 con
la caída del estalinismo y es parte
de un proceso que recorre toda Latinoamérica.
En nuestro país, desde el 82 se retomó
la experiencia que las masas habían
comenzado a realizar antes de la dictadura
con la UCR y el PJ, y comenzó un
acelerado desgaste de estos viejos partidos.
Durante los años que siguieron, al
no poder cortar esta nueva experiencia por
medio de otro golpe como habían logrado
hacer durante los 50 años anteriores,
las masas comenzaron a romper con estas
direcciones. La primera consecuencia fue
la crisis que sufrió la UCR y el
gobierno de Alfonsín. Pero cuando
comenzaban a hacer la experiencia con Menem
y el PJ, éste logró infligir
derrotas importantes que congelaron por
unos años este proceso. En el 94
se volvió a retomar con fuerza e
hizo eclosión en los años
2000 y 2001.
Al PJ y la UCR les ha quedado sólo
la cáscara ya que han perdido la
base obrera y popular que los sostenía
y se han dividido y feudalizado por arriba,
convirtiéndose en cascarones semivacíos,
sin militancia genuina.
La UCR prácticamente desapareció
como partido nacional, perdiendo su principal
base social: la clase media. En la juventud,
donde fue una potencia desde el 83, hay
generaciones enteras que no saben que significa
Franja Morada y el grueso de lo que fuera
su base hoy no tiene representación
política, por más que un sector
se identifique con Carrió o López
Murphy.
Pero lo más importante para nosotros
es la crisis terminal del PJ, ya que fue
durante más de 50 años la
referencia de la clase obrera y los sectores
populares, y una barrera para la izquierda
revolucionaria. Tal como le pasa a la UCR,
ya existe una nueva generación de
jóvenes obreros, en los barrios y
el conjunto de la sociedad, que nació
a la vida política por fuera de la
influencia política de este partido.
Y entre los que han sido en el pasado reciente
su base social, lo que prima es el desengaño
y el alejamiento. No tenemos que confundirnos
con Kirchner, ya que refleja el mismo fenómeno
que Carrió o López Murphy
en relación a la UCR: se apoya en
los restos del PJ, pero refleja el intento
de conformar una nueva alternativa, con
base social propia, porque es consciente
que el PJ no va más. De allí
que intente darle al Frente para la Victoria
un carácter político independiente
y hasta opuesto al viejo PJ, se despegue
hasta de sus símbolos y siempre trate
de utilizar a sectores como Duhalde o Menem
para mostrarse distinto.
De esta crisis no se puede volver atrás.
Nunca más vamos a ver al PJ y la
UCR como los vimos en la etapa anterior.
Han surgido nuevos partidos y proyectos
burgueses, como el FPV, el ARI o PRO y pueden
aparecer otros, pero todos son y serán
más débiles y volátiles,
de existencia más bien efímera,
de unos pocos años como alternativas
de poder y no de carácter histórico
como fueron los viejos partidos. En este
sentido se van a parecer más a lo
que fue el Frepaso. No hay bases materiales
como las que se dieron en la primera mitad
del siglo pasado y permitieron la formación
de los partidos burgueses de masas que dominaron
hasta la última década. Esto
abre una oportunidad desde el punto de vista
objetivo para construir una dirección
revolucionaria con influencia de masas como
nunca antes estuvo planteada.
El golpe al
régimen
La base de sustentación y estabilidad
del régimen democrático burgués
-y por ende su institución fundamental
en los periodos en que no hubo golpe de
Estado- ha sido el bipartidismo peronista-radical.
La eclosión de estos partidos y la
insurrección popular del 19 y 20
fue un golpe durísimo al régimen
en su conjunto y provocó cambios
muy importantes, que en líneas generales
se han mantenido. El movimiento de masas
de conjunto dejó de creer en los
partidos, los sindicatos y todo el resto
de instituciones: en el gobierno (por eso
tiró a 5 presidentes en pocos días),
la justicia, el parlamento, ya había
roto en el 82 con las FF.AA. y hasta la
Iglesia está cruzada por crisis,
internas y escándalos de doble moral.
Por eso decimos que a partir del Argentinazo
el régimen adquirió elementos
kerenskistas.
Creemos que debemos mantener esta definición,
ya que por más que Kirchner logró
fortalecer coyunturalmente la figura presidencial
no ha logrado terminar con la anormalidad
que instauró el Argentinazo ni recomponer
el maltrecho régimen. El movimiento
de masas tiende a confiar más en
sus propias fuerzas, en la movilización,
que en las instituciones de la “democracia”
formal donde el pueblo supuestamente gobierna
a través de sus representantes. El
descreimiento de las masas y la debilidad
del conjunto del régimen provocan
permanentes fisuras por arriba y dificultades
tremendas para que estas instituciones funcionen
normalmente. Cada decisión contraria
al sentimiento de las masas es sospechada,
cuestionada e incluso muchas veces enfrentada.
Esta realidad permite que el movimiento
de masas logre trabar muchas veces su funcionamiento,
que éstas se vean condicionadas por
el humor social, que tengan que rever decisiones
por temor a las reacciones de las masas
y todo esto provoca más desgaste
y posibilita algunos triunfos.
Varios hechos recientes ilustran de manera
clara esto que afirmamos. Uno es el caso
Cromañón, donde sin una gran
movilización un grupo de padres logro
un hecho inédito como es destituir
al jefe de gobierno de la capital del país.
Provocando crisis y divisiones internas
en todos los partidos con representación
en la Legislatura, incluida la “izquierda”
y el propio kirchnerismo, dejando varios
muertos políticos y todo esto pese
a que a favor de Ibarra se puso todo el
peso del Estado y del gobierno nacional,
obligando al macrismo y al ARI a votar por
la destitución cuando en un primer
momento trabajaron para que no se diera.
Otro es el caso de las papeleras, donde
el pueblo de Entre Ríos pasando por
encima del gobierno provincial y nacional,
incluida la intervención de K y la
cancillería, mantuvo los cortes durante
más de un mes porque estaban convencidos
que en una mesa de negociación entre
los “representantes” de los
dos países seguro perdían
y se le cedía a las multinacionales.
Por último está el conflicto
de Las Heras, donde la detención
del dirigente petrolero provoco una pueblada,
se derroto a la policía y se obligó
a la jueza que había dictado la orden
de detención a librar otra orden
dejándolo libre en ese momento; o
después, cómo la repercusión
nacional de la represión a días
del 30 aniversario del golpe provocó
la caída de Acevedo en un intento
por despegar a Kirchner de este escándalo.
Podríamos incluir también
la propia Constituyente de Tucumán,
donde el gobierno provincial kirchnerista,
envalentonado por el resultado de octubre,
se jugó a hacer una reforma amañada
de la Constitución, recibiendo el
repudio de una franja muy grande del movimiento
de masas, que utilizó a la izquierda
para castigarlo. O la crisis actual que
atraviesa la UBA
La crisis que se abrió en el régimen
democrático burgués con el
Argentinazo es tan grande que es casi imposible
que lo puedan reconstituir como era antes
del 2001. Para lograr un régimen
fuerte, primero tendrían que lograr
una derrota aplastante de los trabajadores
y el pueblo. Aunque si esto pasara, el régimen
resultante muy posiblemente no sería
democrático burgués. Esta
hipótesis hoy no está planteada
en la realidad. Por eso tenemos que prepararnos
para que en la nueva etapa se profundice
el deterioro de todas y cada una de las
instituciones, incluida la presidencial,
por más que ahora esté pasando
por un veranito.
El espacio
de la izquierda
El derrumbe de los viejos partidos y la
crisis del régimen le ha abierto
un espacio enorme a la izquierda, muy superior
al que tenía en etapas anteriores.
Esta es otra característica fundamental
de los cambios que produjo el Argentinazo.
En los meses previos al 2001 y durante parte
importante del 2002 se dio directamente
un giro a izquierda de franjas de masas,
fruto del cual la izquierda logró
tener representación parlamentaria
en el Congreso Nacional y varias provincias,
ganar centros y federaciones estudiantiles,
sindicatos y comisiones internas en varios
gremios, conformar grandes movimientos de
desocupados, tener una gran influencia en
las asambleas vecinales, en el proceso de
fábricas recuperadas, crecer orgánicamente,
etc. Estuvo planteada la posibilidad de
que se transformara en una alternativa de
gobierno, si Zamora tomaba un curso progresivo
que lamentablemente no tomó.
El peso que cobró la figura de Zamora
en esos meses es una demostración
categórica de la nueva etapa que
vivimos, donde la posibilidad de lograr
influencia de masas se transformó
en tarea presente. Nunca antes un dirigente
de izquierda con pasado trotskista había
logrado en el país tal grado de adhesión.
Lamentablemente su política desastrosa
hizo perder una oportunidad histórica
que explica, en parte, por qué Kirchner
llegó al gobierno y terminó
despertando expectativas en un sector de
la población.
Si bien el proceso de giro a izquierda se
atemperó hacia fines del 2002, el
nivel de conciencia del movimiento de masas
no volvió a ser el mismo que años
antes del Argentinazo y la izquierda ha
seguido teniendo un espacio enorme, aunque
la dispersión y el hecho de que nadie
todavía haya crecido lo suficiente
le ha impedido constituirse en un polo y
alternativa ante franjas de masas. El peso
que sigue teniendo la izquierda lo podemos
ver no sólo en la fuerza que mantiene
en los procesos de luchas y nueva dirección,
en el movimiento estudiantil, desocupados,
etc., sino que también ha conservado
un peso importante en el terreno más
desfavorable: el electoral. Esto se reflejó
en las últimas elecciones donde sacó
más de un millón de votos,
pese a que la dispersión hizo que
se perdieran el grueso de las bancas que
se habían conquistado en el 2001.
Es importante que no perdamos de vista que
el espacio de la izquierda es una de las
características de la etapa, porque
si no nos vamos a desarmar y desaprovechar
oportunidades como las de la Constituyente
de Tucumán, donde la izquierda de
conjunto saco cerca del 15% de los votos.
Este espacio no lo cierra K. Si bien logró
mantener las expectativas de un sector de
la sociedad, cada medida que toma le provoca
crisis con otro sector y libera fuerzas.
Esto le pasó con la deuda, Cromañón,
las papeleras y principalmente con las luchas
obreras y populares como la de Las Heras
y otras que recorren el país. Tenemos
que ser conscientes de que la mayoría
del movimiento de masas no se considera
de ningún partido, incluido el de
Kirchner, y ante cualquier problema que
la conmueve mira a la izquierda.
Este espacio tenderá a irse agrandando
cada vez más en la medida que se
avance en la experiencia con Kirchner. Algo
que sucederá indefectiblemente, si
no logran derrotar a la clase obrera y el
pueblo. Cuando K se desgaste definitivamente
se volverá a repetir el giro brusco
de franjas de masas hacia la izquierda.
Mientras tanto se dan expresiones de giro
a izquierda en la mayoría de las
luchas, como el que estamos viendo entre
los petroleros de Las Heras y se darán
a nivel provincial fenómenos de este
tipo porque los gobiernos son eslabones
mucho más débiles que el nacional.
Todo esto es lo que nos hace afirmar que
está planteada desde el punto de
vista objetivo una oportunidad histórica
en la etapa: la de poner en pie una organización
revolucionaria con influencia de masas.
Oportunidad que podremos capitalizar si
sacamos conclusiones de todo el proceso,
avanzamos en la elaboración y nos
damos una política, tácticas
y una orientación correctas.
El proceso
de nueva dirección sindical
Otro proceso que ha dado un salto en esta
nueva etapa es el de nueva dirección
en el movimiento obrero. También
en la juventud y demás sectores populares.
No es la primera vez que se desarrollan
procesos de nueva dirección en nuestro
país. En varias oportunidades se
dieron procesos de este tipo que llegaron
a abarcar sectores significativos de la
clase obrera y el pueblo. Lo nuevo es que
el actual se da en el marco de la debacle
del PJ y las viejas direcciones históricas.
Esto le da características excepcionales.
En el movimiento obrero todavía la
burocracia sindical mantiene el control
del aparato en el grueso de los gremios,
pero está corroída por una
gran crisis, fruto de la ruptura de la base
con el peronismo. Por eso, a diferencia
de la etapa anterior, además de surgir
nuevas direcciones y una vanguardia antiburocrática
muy extendida, se le hace casi imposible
cooptarlas y burocratizarlas, como sucedió
por ejemplo con la mayoría de las
nuevas direcciones que surgieron en los
80. Esto abre la posibilidad de que el actual
proceso de surgimiento de una nueva dirección,
aunque está recién en sus
inicios, logre pegar un salto cualitativo
en el próximo período. Lo
que ocurre ahora es que la nueva vanguardia
y los nuevos dirigentes que surgen tienden
a relacionarse con la izquierda. Muchos
de los principales dirigentes son compañeros
que vienen de romper con el PJ. Otros, aunque
no pertenecen a ninguna organización,
han sido militantes de izquierda en su pasado,
por lo general del MAS o el PC, los grandes
partidos de izquierda de la década
del 80. Aunque el grueso de la vanguardia
es virgen políticamente, reflejando
la nueva generación que surge por
fuera de los viejos partidos. En el movimiento
estudiantil, él desbarranque de los
viejos partidos posibilitó que se
puedan recuperar centros y federaciones,
donde la izquierda tiene un gran protagonismo,
al igual que en los barrios y el desarrollo
de fuertes movimientos de desocupados.
El proceso de nueva dirección está
ligado al surgimiento de nuevos organismos
en los momentos de ascenso, como las asambleas
barriales y la Interbarrial, las interfacultades
en la universidad, las asambleas en Gualeguaychú,
las asambleas obreras en Las Heras, el Astillero,
etc. y a la recuperación de viejos
organismos como los cuerpos de delegados,
comisiones internas y algunas seccionales.
La nueva vanguardia odia los aparatos y
las aparateadas. Por eso parte fundamental
de la política a levantar debe ser
la mas irrestricta democracia obrera y respetar
sus ritmos.
La importancia
de la definición de nueva etapa y
las perspectivas de los
próximos años
Definir la etapa nos sirve para ver las
tendencias generales que están presentes
en la nueva situación revolucionaria
y las distintas coyunturas que se irán
desarrollando. Podemos pasar por coyunturas
más favorables o desfavorables. E
incluso es posible que alguna derrota importante
hasta pueda cambiar la situación,
como sucedió a nuestro modo de ver
en el 84 con Alfonsín y el 91 con
Menem, sin que cambiara la etapa que abrió
la derrota de la dictadura, que fue la que
nos condujo al Argentinazo. Porque para
que cambie la etapa hace falta una derrota
de carácter histórico. Algo
que no estuvo planteado con Alfonsín
ni con Menem y mucho menos hoy. Y mientras
esto no suceda, los rasgos centrales que
hemos descripto, atenuados o desatenuados,
dependiendo de los distintos momentos que
tendremos que analizar, seguirán
estando presentes. Esto hará que
la situación revolucionaria vaya
madurando hacia una nueva crisis revolucionaria,
dándonos cada vez más oportunidades
para pegar saltos en la construcción
de una alternativa política y sindical
revolucionaria de masas.
A su vez, definir bien la etapa también
nos permite analizar a fondo las contradicciones,
mediaciones y elementos contrarrestantes
que se desarrollan en cada coyuntura, sin
que esto nos haga perder de vista el marco
más general y por ende la dinámica
de los acontecimientos.
Actualmente, por ejemplo, un sector de la
vanguardia y gran parte de las corrientes
de izquierda, incluidos muchos de los grupos
con los que estamos trabajando en pos de
un reagrupamiento, tienden a ver que el
proceso que abrió el Argentinazo
se cerró. Pasaron ya 4 años
desde el Argentinazo y no se dio otra crisis
revolucionaria. La economía aparentemente
se recuperó y Kirchner, que surgió
con poquísimos votos, logró
crear expectativas en un sector importante
de la población, ganar cómodo
las elecciones de octubre y muy posiblemente
logre reelegirse el año que viene.
De todo esto muchos sacan como conclusión
que no hay muchas condiciones para pelear
ni para que se desarrolle la nueva dirección
o formar una gran alternativa de izquierda.
Es evidente que todos estos sectores toman
elementos de la realidad. El problema para
nosotros es que estos compañeros
pierden de vista las tendencias más
generales.
No podemos caer en este error, pero tampoco
negar los problemas y dificultades porque
esto también nos desarma para actuar.
El Argentinazo tuvo limitaciones, que son
las que explican por qué K logró
fortalecerse. Una de esas debilidades fue
que el movimiento obrero no jugó
un rol protagónico el 19 y 20, ni
durante los años 2002 y 2003, permitiendo
un cierto grado de maniobra a la burguesía.
La otra fue que la izquierda, que tuvo la
posibilidad de transformarse en una alternativa,
no lo hizo por el rol nefasto de Zamora
y la política del resto de la izquierda
orgánica, sumado a muchos errores
que nosotros mismos hemos cometido. A lo
que habría que agregar la coyuntura
económica favorable que le permitió
a Kirchner un veranito económico
que ya lleva varios años.
La coyuntura favorable de la economía
puede durar uno o dos años más,
pero lo importante es que al no mejorar
sino empeorar el nivel de vida de las masas,
la propia situación económica
genera más luchas, poniendo en el
centro al movimiento obrero. Y en esas luchas,
cada día más sectores van
haciendo la experiencia con K. El cual si
bien mantiene cierto grado de expectativas
también produce ante cada una de
sus medidas el rechazo de otros sectores.
Esto es fuente de muchas oportunidades para
avanzar en revertir la que en realidad es
la debilidad más importante: construir
una fuerte alternativa política,
tarea al servicio de la cual creemos que
debe estar tanto el seminario como el proceso
de convergencia y reagrupamiento que nosotros
estamos comprometidos en impulsar.
Hay que ser conscientes que en la medida
que no surja una alternativa, el espacio
lo van a ocupar otras variantes burguesas
o frentepopulistas. Lo mismo sucede con
el régimen, que puede subsistir por
un largo período en crisis e irse
haciendo cada vez más bonapartista
hasta que puedan golpear a los trabajadores
y fortalecerlo, si se frena la movilización
y no se desarrollan nuevos organismos de
los trabajadores y el pueblo que le contrapongan
nuevas instituciones. Siempre el problema
es el mismo: la dirección. De cómo
se desarrolle esto dependerá la dinámica
más general de la situación
y los ritmos. Nosotros nos tenemos que preparar
para empujar en este sentido, definiendo
la mejor política y orientación
para lograrlo. Luego todo dependerá
de la lucha de clases.
El gobierno
de Kirchner y la coyuntura
Un tema de permanente debate desde que
Kirchner asumió la presidencia, es
acerca de las características de
su gobierno, su solidez política
o no ante al movimiento de masas, si implicaba
cambios en la coyuntura y las perspectivas.
Para nosotros, el llamado “fenómeno
K” está íntimamente
ligado a los elementos de debilidad que
tuvo el Argentinazo y que ya hemos mencionado.
En este marco económico, social y
político, K llevó adelante
iniciativas audaces, reformas siempre recubiertas
de su discurso progresista y de centroizquierda.
En esencia recogió reclamos democráticos
que había colocado el Argentinazo,
como cambiar la Corte Suprema que venía
del menemismo y remover las cúpulas
militares y policiales plagadas de corruptos
y represores.
Esta combinación de factores explica
el paulatino prestigio que fue adquiriendo
K a partir de su debilidad inicial. Ganó
una mayor base social no en un sentido estructural
u orgánico, sino en el de generar
simpatía y expectativas en amplios
sectores de los trabajadores, la clase media
y la población en general. Este fortalecimiento
indiscutible de la figura presidencial provocó
una atemperación de los elementos
del Argentinazo y alejó la posibilidad
de una nueva crisis revolucionaria.
Los límites
del “fenómeno K”
Sin embargo, K no pudo utilizar ese mayor
peso que fue logrando para alcanzar sus
objetivos más de fondo: derrotar
el ascenso y recomponer el régimen
político, que había quedado
duramente golpeado tras el Argentinazo.
El ascenso no se cortó ni mucho menos.
Además de los desocupados y estatales,
empezó a entrar en la escena de luchas
el movimiento obrero privado. Y al calor
de esos conflictos, avanzó y se extendió
el proceso de formación de una nueva
dirección sindical.
Lo que quedó y aún sigue más
retrasado es el surgimiento de una alternativa
política al gobierno, por derecha
e izquierda. Este vacío se volvió
a expresar en la elección de octubre
pasado, que a su vez evidenció la
gran fragmentación de la izquierda.
Pero la elección no cambió
la coyuntura. El resultado no alteró
la relación de fuerzas entre las
clases, condición imprescindible
para cambiar la coyuntura.
Desde el punto de vista institucional, hay
que reconocer que K consiguió una
franca recuperación de la figura
presidencial. Pero no es ni más ni
menos que eso. No logró una recomposición
institucional más global y por eso
afirmamos que la profunda crisis del régimen
democrático-burgués sigue
desarrollandose.
Además, los avances económicos
están lejos de constituir una recuperación
estructural. En Argentina no existe ningún
resurgimiento productivo significativo ni
consistente. Por eso no hay posibilidades
de poder otorgar concesiones económicas
a los trabajadores y al pueblo, sino que
está obligado a mantener una política
de ajuste. La estabilidad económica
es relativa, la brecha entre pobres y ricos
aumenta, y la inflación es un fantasma
que K no logra alejar.
Un gobierno
burgués y proimperialista
El gobierno de Kirchner es un gobierno
burgués, ligado directamente al imperialismo
yanqui. No refleja ningún proyecto
nacionalista ni de enfrentamiento con los
grandes grupos económicos. Entre
otros hechos, el pago total de la deuda
externa al FMI, los Presupuestos año
a año y la política económica,
la renegociación con las privatizadas
y los aumentos de los subsidios a las mismas,
la presencia militar en Haití, etc.,
reafirman esa definición.
En cuanto a los sectores burgueses que refleja,
el de K es un gobierno representante del
imperialismo y las multinacionales, de grandes
pulpos “nacionales” internacionalizados
como Techint y de los agroexportadores,
hoy dominantes. Aunque K promete promover
una “nueva burguesía nacional”,
su gobierno es el agente directo del imperialismo
y de esos pulpos transnacionales en el marco
de una economía cada vez más
dependiente y saqueada.
Algunas comparaciones
Si bien Kirchner tiene similitudes con
otros gobiernos latinoamericanos, existen
grandes diferencias. Por ejemplo con Tabaré
Vázquez de Uruguay o con Lagos-Bachelet
de Chile, gobiernos que por no haber asumido
en el marco de un proceso revolucionario
tienen un mayor margen de maniobra política.
También es distinto al gobierno de
Chávez, que llegó al poder
como dirección del proceso revolucionario
venezolano, tiene vínculos orgánicos
con el movimiento obrero y popular, y mantiene
fuertes roces con el imperialismo yanqui.
O al de Evo Morales en Bolivia.
No creemos que sea correcto definir como
rasgo central del gobierno de Kirchner su
carácter frentepopulista. Desde ya,
como todo gobierno burgués intenta
o se asienta en la colaboración de
clases, en todos podríamos hallar
rasgos de frente popular. Pero una cosa
es el gobierno proimperialista de Lula,
un dirigente obrero con prestigio de décadas,
cuyo gobierno apoyan e integran organizaciones
obreras políticas y sindicales de
masas como el PT y la CUT, y otra muy distinta
es K.
Su gobierno nada tiene que ver con esas
características de Lula y mucho menos
con el de Chávez o Evo Morales. La
relación que tiene con los trabajadores
y sectores populares es muchísimo
más débil, basada no en lazos
orgánicos como tuvo el PJ sino en
la simpatía causada por sus primeras
medidas y la esperanza de mejoras en el
nivel de vida. La fuerza de K está,
sobre todo, en el prestigio e imagen que
mantienen él y su esposa Cristina.
El acto del 1º/3 en Congreso, cuando
K abrió el período de sesiones,
muestra bastante claro cuáles son
hoy sus principales apoyaturas políticas.
Hubo menos de 4.000 personas, con dos componentes
esenciales: 1) los viejos intendentes justicialistas
del conurbano, los mismos que antes estuvieron
con Menem y luego con Duhalde; y 2) Barrios
de Pie-Patria Libre y la FTV. Más
viejos unos y más nuevos otros, ambos
son aparatos y organizaciones sostenidas
por el clientelismo, que están a
años luz del control político-sindical
que el PJ y la burocracia ejercieron años
atrás sobre el movimiento obrero
y de masas.
El otro sostén importante de K son
las burocracias de la CGT y CTA, que sufren
un desprestigio creciente por su rol traidor
y frenador. En cargos oficiales hay unos
pocos dirigentes de la CTA, como D’Elía
y De Petris, y ninguno de la CGT por su
mayor deterioro y el rechazo popular que
provocaría su presencia.
Por otra parte su construcción política,
el Frente para la Victoria, es un proyecto
reciente y heterogéneo, motorizado
desde lo alto del poder y de carácter
“transversal”, en un rejunte
que abarca desde Curto y Otacehe hasta D’Elía
y Hebe de Bonafini, incluyendo también
algunos ex frepasistas como Chacho Alvarez
y otros venidos de la UCR. Esta heterogeneidad
es la que explica los roces internos, como
por ejemplo se vio con la crisis de Cromañón,
donde Alberto Fernández sostenía
a Ibarra mientas Zannini y De Vido respaldaban
a Telerman.
Todos estos sectores se podrán ver
el 25 de mayo en Plaza de Mayo.
El desgaste
político
Kirchner tiene habilidad política.
Ante amplios sectores populares, por ejemplo,
hizo pasar como progresiva y soberana una
medida abiertamente proimperialista como
el pago total de u$s 10.000 millones al
FMI por una deuda fraudulenta. Disfrazó
de “nacionalista” la ida de
los franceses de Aguas y lo mismo haría
en caso de recomprar YPF. O en otras franjas,
como mínimo, provoca confusión
y dudas. No podemos minimizar sus iniciativas.
Pero “no se puede engañar a
todos todo el tiempo”.
La política de ajuste origina en
respuesta paros, movilizaciones y conflictos.
En esas luchas, y también en las
diversas crisis y hechos políticos,
miles y miles de trabajadores, desocupados,
estudiantes, jubilados y de otros sectores
populares y de clase media van haciendo
su experiencia con K y el gobierno. Aprenden,
sacan conclusiones y se alejan y rompen.
No es algo lineal, homogéneo ni simultáneo.
Pero cada lucha o acontecimiento político
importante va decantando franjas enteras.
En el afán de aparecer como “nuevo”
y “distinto”, por ejemplo, K
tuvo que poner a Duhalde como enemigo y
romper definitivamente con él. Pero
durante y después de esa ruptura
integró a casi todos los intendentes
del conurbano, ex duhaldistas y corruptos,
totalmente desprestigiados ante el pueblo.
Y para su armado del FPV y el bloque parlamentario
necesita seguir cooptando referentes y diputados,
y entonces le saltan escándalos como
el pase de Borocotó, que fue otro
boomerang político. Lo mismo con
la reforma para tener mayor control político
sobre el Consejo de la Magistratura: por
no tener mayoría en Diputados, tuvo
que “conseguir” votos del macrismo
y de la UCR, provocando más crisis
en ambas fuerzas y aumentando su propio
desgaste.
O en Haedo, donde el pésimo estado
de los trenes provoca un estallido violento
de los pasajeros y la única respuesta
del gobierno es la represión. O en
Cromañón, donde pese al esfuerzo
de K por ocultar su sostén a Ibarra
y aparecer como prescindente, los padres
lo calificaron públicamente de traidor
y también pagó un precio político.
O en Las Heras, donde antes de las elecciones
Alicia Kirchner les prometió a los
obreros petroleros subir el tope de Ganancias
y a los de UOCRA pasarlos al convenio petrolero,
luego no lo hacen y encima mandan la Gendarmería
a reprimir. Esto llevó a la caída
de Acevedo y a que franjas enteras de obreros
rompan con K y giren a la izquierda.
Es decir, estamos atravesando el período
donde para algunas franjas de masas, a distintos
ritmos y con contradicciones, la simpatía,
expectativas y confusiones sobre el rol
de K y su gobierno van dejando paso a la
desconfianza, el descontento y la ruptura
política.
Las perspectivas
a corto plazo
Aunque no podamos descartar del todo que
se den cambios bruscos, es posible que la
coyuntura económica se prolongue
un tiempo más y la ausencia de otras
alternativas políticas de peso no
varíe de manera cualitativa. Esta
conjunción le permitiría a
K capear su desgaste paulatino y llegar
al 2007 con suficiente crédito político
como para presentarse a la reelección
o, de ser necesario, postular como presidente
a su esposa. La campaña por la reelección
ya se inició. En este panorama, la
posibilidad de una crisis revolucionaria
seguiría estando alejada.
No obstante, esto no implicaría un
corte al desarrollo de las luchas y los
procesos sindicales y políticos,
ni por lo tanto a las oportunidades para
construir una alternativa política
y sindical fuerte. La reciente elección
a constituyentes de Tucumán, donde
la izquierda obtuvo altos porcentajes, confirma
que el espacio permanece abierto incluso
en el terreno electoral.
Uno de los grandes factores de desgaste
permanente de K y su gobierno es y seguirá
siendo la inflación. Ya en diciembre
pasado tuvo que cambiar de ministro de Economía
para mostrar “cambios”. Luego
cambió al titular del Banco Nación.
Y ahora reemplazó al funcionario
que hace los “acuerdos de precios”.
Pero las subas siguen, como siguen la desocupación,
la pobreza y la desigualdad social. A esto
se sumó la crisis de la carne, producto
clave en el consumo popular, aún
no resuelta.
Otro ejemplo es el 24/3, donde pese a todas
las maniobras el gobierno fracasó
en su intento de desmovilizar y apropiarse
de la fecha: las marchas fueron masivas
como nunca, en todo el país, con
un programa bien opositor y un peso preponderante
de la izquierda.
En el movimiento obrero, la inflación
fogonea la lucha salarial y por las condiciones
laborales. El incendio de los talleres de
los bolivianos desnudó la gravedad
del trabajo esclavo y en negro. Otra cara
son las tercerizadas, que pelean un convenio
mejor: los de UOCRA de Las Heras pasar al
de petroleros, los de Atento y otros call
center al de FOETRA y los del subte al de
UTA. Entre otros conflictos populares de
gran repercusión, sigue latente el
conflicto por las papeleras, y la FUBA encabeza
la batalla contra Alterini en medio de una
crisis de gobierno en la UBA.
Como vimos con los presos en Las Heras y
últimamente con el desalojo del subte,
el gobierno apela a medidas represivas.
Es probable que repita esta actitud ante
futuras luchas, en particular si las conducen
nuevas direcciones. Sin minimizarlo, hay
que enmarcar estos rasgos bonapartistas
del gobierno en las características
más generales -de debilidad- del
régimen político. Lo hace
justamente porque las luchas desbordan a
la burocracia y al propio gobierno. No por
fortaleza, como equivocadamente creen algunos
honestos luchadores, sino por la debilidad
que le provoca no poder convencer a los
trabajadores y sectores populares de que
no luchen y esperen por las soluciones a
sus problemas. Y además todo “exceso”
represivo les genera contradicciones y rechazo
popular.
En resumen, cada uno de estos hechos sociales
y políticos nos abre amplias oportunidades.
Porque lo fundamental a no perder de vista
es que Kirchner y su gobierno no han logrado
causarle ninguna derrota importante al movimiento
obrero y de masas ni tampoco han podido
reconstituir el régimen político.
Si nos armamos con una política y
orientación correcta e intervenimos
audazmente ante las principales luchas y
fenómenos, podemos avanzar en la
construcción de una alternativa que
nos ubique en mejores condiciones para cuando
se retomen en toda su magnitud los procesos
que abrió el Argentinazo.
Los ejes
políticos que necesitamos levantar
Aunque el Argentinazo volteó varios
gobiernos, la ausencia del movimiento obrero
como actor fundamental, la debilidad de
los nuevos organismos que surgieron y la
falta de una alternativa de izquierda con
peso de masas, impidió que se pudiera
superar el marco de la democracia burguesa
y del sistema capitalista. Por eso la tarea
central de la etapa, imponer un gobierno
obrero y popular, creemos que debe seguir
siendo el eje de todo programa revolucionario.
Es decir, sostenemos que no habrá
solución a ninguno de los problemas
inmediatos y de fondo del país si
no logramos un gobierno de los trabajadores
y el pueblo, sus organismos -nuevos o viejos
recuperados- y sus partidos.
Mas tarde o más temprano, la lucha
de clases volverá a poner el problema
del poder en el centro de la escena, como
se puso a nuestro modo de ver en las jornadas
del 19 y 20 de diciembre y el periodo inmediatamente
posterior. Esto nos plantea la necesidad
de darnos una política y orientación
para llegar en las mejores condiciones posibles
a ese momento. De allí que cobre
fundamental importancia la construcción
de una nueva dirección sindical y,
sobre todo, de una nueva alternativa política
para disputar franjas del movimiento de
masas en la perspectiva de pelear por el
gobierno y así poder aplicar un plan
económico al servicio del pueblo
trabajador.
Para avanzar en esta tarea, en la coyuntura
creemos que el eje que debe ordenar la política
de los revolucionarios es la denuncia permanente
contra el gobierno de Kirchner como el principal
enemigo de los trabajadores y el pueblo,
y el llamado a enfrentarlo. Si bien con
altibajos, la tendencia es que la confianza
en el gobierno y el propio K comience a
bajar y crezca la ruptura, como hay importantes
sectores populares donde aún predomina
la confusión o mantienen algunas
expectativas, lo debemos denunciar a través
de una explicación paciente para
desenmascarar su doble discurso. Pero no
ser sectarios no implica no ser firmes.
Tenemos que dialogar desde una política
ofensiva, desde un claro perfil de oposición
al gobierno y denunciando las medidas que
va adoptando contra los trabajadores y el
pueblo.
Para esto debemos partir de los reclamos
concretos de las masas, que es la vía
más directa para avanzar en su experiencia
con el gobierno de K y las direcciones políticas
y sindicales. O sea la miseria y la desocupación,
los bajos salarios, la precarización
laboral, la inflación, la represión
y las persecuciones, así como la
deuda, la entrega al imperialismo y las
privatizaciones siguen siendo los problemas
de fondo. Al mismo tiempo la crisis global
del régimen nos obliga a responder
a hechos políticos como las constituyentes
provinciales, crisis como las de Ibarra
o Santa Cruz. Surgirán nuevos hechos,
que nos obligarán a definir políticas
precisas. A medida que avance la situación,
deberemos ir adecuando la política
y consignas para darle mayor prioridad a
las que responden al problema del gobierno.
En las tareas democráticas se avanzó
mucho en la pelea contra la impunidad del
genocidio, potenciada por la masiva movilización
del 24/3, pero debemos mantener una ofensiva
contra las nuevas medidas represivas ya
que el gobierno viene recurriendo a medidas
bonapartistas y antidemocráticas:
represión a las luchas y persecución
a los luchadores. Lo vimos en el subte,
ferroviarios, universitarios -con el intento
fallido de cerrar Plaza de Mayo-, Haedo
y Las Heras. En las tareas antiimperialistas,
mantiene vigencia la cuestión de
la deuda ya que después del pago
al FMI debemos lo mismo que antes, pero
las privatizaciones ahondaron la ingerencia
de las multinacionales, lo que nos obliga
a tener políticas permanentes contra
la entrega y para recuperar el control de
las empresas privatizadas. En la lucha contra
el régimen, se reafirma la importancia
de las propuestas por la positiva y ligarlas
a la salida de fondo por un gobierno de
clase.
A continuación resumimos algunos
de los ejes políticos a nuestro modo
más importantes:
· Plata para salario, trabajo y
jubilaciones, salud, educación y
vivienda. No para el pago de la deuda externa.
· Basta de inflación y de
impuestos al pueblo. Que paguen los ricos.
· No al saqueo de las multinacionales.
Reestatizar las privatizadas bajo control
de trabajadores y usuarios.
· Apoyo a todas las luchas obreras
y populares, de los desocupados y la juventud.
· Basta de represión y persecuciones.
Libertad a los presos por luchar. Fuera
la Gendarmería de Las Heras. Cárcel
efectiva y castigo a todos los genocidas.
· Por la democracia obrera y que
la base decida todo. Fuera la burocracia.
Por una nueva dirección sindical
democrática y combativa.
· Por los derechos democráticos.
Asamblea Constituyente Libre y Soberana.
· Ninguna confianza en Kirchner
y su gobierno. Por un gobierno de los trabajadores
y el pueblo y una Argentina socialista.
· Por una nueva alternativa política;
por la unidad, la confluencia y el reagrupamiento
de la izquierda y los sectores populares.
· Fuera el imperialismo de América
Latina y el mundo. Apoyo a los pueblos que
luchan.
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