| Qué
oposición hace falta
En
medio del mundial de fútbol, se largó
la carrera electoral. A Carrió, que
aparecía como la única candidata
a presidente declarada se le sumaron Lavagana
y Macri. Y el presidente Kirchner que hasta
ese momento dejaba que hablaran otros de
la reelección se lanzó con
una fórmula: el próximo presidente
“será pingüino o pingüina”
dijo, al tiempo que salía a pegarle
a su ex ministro de Economía. Y comenzó
el ruido político. Viejos conocidos
como Alfonsín y Chiche Duhalde reivindican
a Roberto Lavagna como una persona, más
centrada, de mejor carácter, en fin
más moderado que el presidente. Mientras
que el propio Macri, desde Alemania, donde
fue a ver el mundial, dice que la candidatura
de Lavagna es un incentivo para abrir el
debate hacia las presidenciales.
La campaña mediática alrededor
de la supuesta candidatura de Lavagna, quién
todavía no confirmó si será
o no candidato, es brutal. No pasa día
sin que aparezcan declaraciones del ex funcionario
de Alfonsín, Duhalde y Kirchner,
criticando al gobierno por su relación
con Venezuela o su manejo de la economía.
Pero ninguno de los postulantes por la “oposición”
levanta un programa que ataque los males
de fondo que vive el pueblo trabajador.
El acuerdo entre Alfonsín y el duhaldismo
alineado en la línea “El General”,
para impulsar al ex ministro para candidato
a presidente, es una necesidad de esos sectores
del radicalismo y el PJ, frente a la ofensiva
Kirchnerista por la cooptación de
dirigentes de los dos viejos partidos. Intendentes
y gobernadores del radicalismo se pasaron
con armas y bagajes a las filas del gobierno.
Lo mismo que viejos sostenedores de Duhalde
y el viejo PJ como Barrionuevo y Saadi que
desde Catamarca se pronunciaron por la reelección
del presidente. Son muchos otros los cuadros
y dirigentes de primera y segunda línea
que abandonan el barco del viejo PJ para
buscar sumarse a las listas que encabezará.
Mientras tanto un discurso “populista”
Kirchner intenta y por ahora logra ocupar
el espacio del centroizquierda, comiéndole
el lugar que pretendía ocupar Carrió.
Mientras que la derecha en Argentina, la
que pretenden encarnar Macri, López
Murphy y Sobisch es una fuerza electo-ralmente
pobre que no ha superado nunca más
de un 15% en las presidenciales . La candidatura
de Lavagna es una necesidad de todo el sistema
político argentino, golpeado duramente
en el 2001. El Argentinazo, hirió
de muerte a los dos partidos sobre los que
sostenía la dominación de
la gran patronal y la multinacionales. El
radicalismo está sufriendo un verdadero
descuartizamiento y el PJ sigue siendo una
cáscara vacía. Lavagna aparece
como una nueva figura, no pertenece a la
derecha clásica, es un peronista
que trabajó con gobiernos radicales,
un hombre moderado, que no se enoja todo
el día con todo el mundo. Una figura
que en un sentido no estuvo en los primeros
planos de la vieja política. Es el
candidato funcional a esa necesidad del
sistema político, para tratar de
poner en pie una nueva pata para una futura
alternancia. Pata que hoy día no
existe.
Pero el país popular, el de los trabajadores,
los desocupados y los sectores más
postergados tienen otras preocupaciones.
Además de hinchar para que Argentina
siga dando pasos en el campeonato del mundo
y no se caiga en la primera ronda, reclama
salario, trabajo, salud y educación,
esas son las prioridades populares.
Por eso a pesar de que se han cerrado el
90% de las paritarias, de que el mundial
cautiva a millones que se prenden a los
televisores y siguen apasionadamente los
resultados no sólo de Argentina,
sino de Brasil y muchos equipos más,
sigue habiendo luchas y reclamos en muchos
lugares del país. En primer lugar
entre los docentes y estatales. Pero también
entre los trabajadores flexibilizados que
pelean contra el trabajo precario y otros
muchos, además de los que todavía
hoy no han cerrado los acuerdos salariales.
Es el país que no es representado
por el gobierno. Ese país para el
que Kirchner sólo tiene doble discurso,
tampoco es representado por ninguno de los
sectores de la oposición patronal.
Ese país necesita otra representación
política. Ni Carrió, ni Lavagna,
ni menos que menos Macri o Sobisch puede
representarlos. Hace falta otra oposición.
Ese espacio es el que hoy está vacante.
El espacio de una oposición que represente
de verdad los intereses de de los trabajadores
y el pueblo. No puede venir de los viejos
partidos ni dirigentes, pero tampoco de
los representantes maquillados del sistema
político que hundió al país.
Esa oposición está en la izquierda.
Pero en una nueva izquierda que supere la
vieja historia de divisiones y dispersión.
En una izquierda que se juegue a unir a
los luchadores obreros y populares, a los
trabajadores que pelean por salario y mejores
condiciones, a los estudiantes que luchan
por la democratización y la educación
pública y gratuita, y a todas aquellas
personalidades sindicales, sociales o políticas
que levanten las banderas del antiimperialismo,
el anticapitalismo y la independencia de
clase. Es necesaria una izquierda que pelee
por la unidad, sin sectarismos ni oportunismo,
con los sectores que buscan un reagrupamiento
político para avanzar en la superación
de la dispersión. Un espacio verdaderamente
opositor necesita de una nueva izquierda,
que estando en cada lucha también
prepare de manera unitaria la pelea electoral.
En este sentido nuestra propuesta es una
fórmula única de los luchadores
y la izquierda. Sólo así los
trabajadores, los jóvenes, los sectores
populares, lograremos poner en pie la oposición
que hace falta.
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