| El
único criterio de verdad… la
realidad
El
paso adelante que significó el Seminario
Programático de los luchadores, la
izquierda y las fuerzas populares, en el
sentido de avanzar a un reagrupamiento de
estas fuerzas, es duramente atacado por
el Partido Obrero en su prensa partidaria.
En dos páginas se derraman centenares
de palabras confusas y sin conexión,
el Comité Nacional del PO declara
que: la visión de MST sobre el seminario
es «idílica» o que el
MST encabezó una «maniobra
faccional» y «mentirosa»
contra las organizaciones que no estaban
de acuerdo con su política. O que
el seminario no fue más que una parodia.
Como estas afirmaciones son indemostrables,
el periódico del PO recurre a falsedades,
distorsiones y ocultamientos para salvar
la ropa, frente a un evento donde la inmensa
mayoría se pronunció contra
la vieja receta de la autoproclamación
y el sectarismo. Pero como diría
el viejo Marx, «el único criterio
de verdad… es la realidad».
Veamos los hechos.
Durante dos días más de 20
organizaciones debatieron en las aulas de
la Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad de Buenos Aires en una
experiencia inédita para la izquierda
argentina. Y debatieron propuestas programáticas,
criterios políticos y de organización
para la construcción de una alternativa
política en nuestro país y
a nivel internacional. Insistimos en que
es inédito, nunca antes esto había
ocurrido. El sólo hecho de que se
hayan dado los debates es altamente positivo.
Casi todas esas organizaciones hicieron
además el esfuerzo de presentar por
escrito sus posturas, con al menos 10 días
de anticipación, textos que trataban
sobre la situación Latinoamericana,
sobre Argentina y sobre Reagrupamiento,
y que están publicados en Internet.
Excepto el PO que presentó un material
del año 2004, firmado por Jorge Altamira,
cuatro veces más extenso de lo acordado,
y que sólo el día de apertura
del seminario acercó un texto que
tocaba tangencialmente lo que se trataría
en el mismo.
El resultado de esos debates fue el siguiente:
un parte mayoritaria de los participantes
decidieron dar un paso más, agrupándose
alrededor de un borrador de declaración
que luego fue corregido, tomando inclusive
propuestas de los compañeros del
PO, mientras que el conjunto de las organizaciones
coincidieron en seguir debatiendo (ver declaración
definitiva en esta página). Esas
fueron las dos conclusiones prácticas,
reales, de las jornadas del seminario. Para
que los compañeros del PO comprendan
lo que para ellos resulta inexplicable.
Uno, hubo acuerdo, ya que nadie se opuso,
a continuar el debate en un nuevo seminario
antes de fin de año. Dos, un grupo
de organizaciones decidieron avanzar un
paso más y agruparse en base a los
puntos de acuerdo ya alcanzados, al tiempo
que consideran positivo seguir el debate
en conjunto con el resto. Es así
de sencillo. Ni «idílico»,
ni «faccional», ni «mentiroso».
Esos fueron los hechos.
La división y dispersión de
la izquierda en nuestro país no es
patrimonio de una sola corriente. Es un
hecho lamentable de la realidad. Un hecho
que debilita a los que luchamos por poner
en pie un partido revolucionario de masas.
Pero que también perjudica y mucho
más a los nuevos dirigentes obreros
que todos los días se juegan a superar
una de las más grandes trabas que
tienen los trabajadores argentinos: la vieja
burocracia sindical. Una parte de ellos
se encuentran hoy en el MIC (Movimiento
Intersindical Clasista) al que el MST apoya
y está comprometido en su desarrollo,
extensión y consolidación.
Tanto en los artículos como en la
participación de la delegación
del PO en el Seminario, quedó en
evidencia que los compañeros están
en contra de la propuesta de reagrupamiento.
En primer lugar el Partido Obrero oculta
en sus artículos que asistió
al Seminario sólo después
que una comisión de los convocantes
fue a proponérselo en su gesto unitario.
Y que pretendió imponer su programa
sin buscar nunca fórmulas que permitieran
ir avanzando con los acuerdos mientras se
seguían discutiendo las diferencias.
El Seminario demostró la existencia
de dos políticas frente a la crisis
de alternativa de los luchadores y la izquierda.
Una es la de los pequeños partidos
y sectas como el PO para los que el mundo
entra en el pequeño ojal de sus caracterizaciones,
organizaciones y políticas, cada
una autopro-clamándose «el
partido».
La otra es la de las organizaciones, dirigentes
y personalidades que estamos jugados a desarrollar
este proceso de reagrupamiento, sabemos
que no es un camino fácil, son muchos
los años de distanciamientos y desconfianzas.
Pero creemos que es el único camino
posible para lograr una unidad que va mucho
más allá de cualquier campaña
electoral. Desde el MST, en nuestra visión
crítica y autocrítica de la
actuación de la izquierda en el pasado,
vemos tres pasos en este complejo camino.
El primero, los debates y los acuerdos programáticos
y de acción política que alcancemos.
El segundo, la formación de un movimiento
con libertad de tendencias a su interior
donde se respeten las identidades y se avance
en la acción común sobre la
base de consensos mayoritarios. El tercero,
y como culminación de un proceso
de conocimiento, confianza y que necesariamente
pasará por diversas pruebas tanto
de la lucha de clases como de batallas políticas,
lleguemos a que los que logremos acuerdos
estratégicos pongamos en pie un partido
revolucionario con centralismo democrático.
Ese es, en todo caso, el final de un camino.
Nunca será el principio. Como reza
la vieja sabiduría popular, no se
a va a ninguna parte poniendo el carro delante
del caballo.
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