| Avancemos
en construir una
nueva izquierda en Sociales
En
su comienzo el frente Oktubre surgió
como una experiencia unitaria, producto
del balance que diversas organizaciones
habíamos sacado tras la pérdida
del centro de estudiantes en manos del ARI,
en unas elecciones en las cuales nos presentamos
divididos. Pero fundamentalmente, fue un
reflejo del momento político que
vivía el país y la universidad,
marcados por el Argentinazo y el retroceso
de la Franja Morada. Originalmente tenía
como objetivo pelear la dirección
del centro de estudiantes y volcar su esfuerzo
en la construcción del movimiento
estudiantil, comprendiendo, además,
que ambos estaban íntimamente ligados,
ya que un centro de estudiantes que se pretenda
de izquierda no puede más que surgir
y alimentarse de la participación
de un movimiento estudiantil combativo.
En este sentido, ganar el centro
de estudiantes no puede ser un fin en sí
mismo, sino que debe ser parte de una estrategia
de movilización del movimiento estudiantil,
de construcción de ese movimiento
y de lucha. Por eso que siempre
nos planteamos la conquista de centros y
federaciones como una recuperación.
Se trataba de arrancárselos de las
manos a las corrientes burocráticas
que -arrogándose la representación
de los estudiantes- llevaba adelante pactos
y acuerdos con los que quieren hundir la
educación pública, para ponerlos
al servicio del desarrollo del movimiento
estudiantil y de su lucha.
La política
de Oktubre
Es en este sentido que creemos que Oktubre
ha fracasado: no ha generado mecanismos
de construcción del movimiento estudiantil,
mecanismos que necesariamente deben partir
de la apertura del centro de estudiantes
a la participación de los estudiantes.
No se trata de negar grandes conquistas
que hemos obtenido luchando desde Oktubre,
de las cuales son ejemplos las becas de
apuntes otorgadas y los sorteos de los puestos
de trabajo. Ni se trata tampoco, de decir
que Oktubre no ha estado del lado del estudiantado
en sus permanentes reclamos y sus peleas
históricas, o que no se ha movilizado
para intentar conseguirlas.
Lejos de eso, lo que planteamos es que no
se ha trascendido del ultra vanguardismo.
Es decir, somos profundamente críticos
de la política cerrada y sectaria
de Oktubre. Política que no se plantea
en primer término la masificación
de la lucha y fomentar la participación
del conjunto de los estudiantes, sino que
privilegia la pelea fraccional entre las
mismas agrupaciones de Oktubre. Anteponer
la delimitación política por
sobre los puntos de unidad es una lógica
política que no compartimos. Esto
se plasma, por ejemplo, en el funcionamiento
que han tenido las asambleas del centro
de estudiantes, que han llegado a romperse
por la política llevada adelante
por la mayoría de las corrientes
de Oktubre, privilegiando las disputas internas
y la delimitación en vez de plantearse
cómo masificar, por ejemplo, el movimiento
por la democratización de la universidad.
Todo esto, por supuesto, no es casual sino
que surge del propio carácter del
frente Oktubre. Para empezar, este se plantea
a sí mismo como un frente político,
pero en realidad no es más que un
frente meramente electoral apoyado sobre
la base de la distribución de los
espacios administrativos, en donde no hay
ningún tipo de unidad política
en torno a las campañas que se deben
llevar adelante. Por eso Oktubre es hoy
una cáscara vacía, en donde
cada agrupación tiene sus propias
iniciativas, pero no existe una instancia
para elaborar en común y llevarlas
adelante de manera unificada entre las agrupaciones
y el conjunto de los estudiantes.
Si esto no fuera así ¿cómo
se explica que fuerzas que se acusan entre
sí de tener acuerdos con el alterinismo
se mantengan unidas en un frente?, ¿cómo
se explica que en Oktubre haya corrientes
que no comparten ninguna política
concreta entre sí y no pretendan
avanzar en ese sentido, pero tampoco nadie
se vaya del frente?
Eso no es unidad, es puro oportunismo. Nosotros
consideramos que la unidad se construye
sobre la base de una mutua lealtad y de
la apertura de la discusión para
avanzar en acuerdos políticos. Todo
esto sería irrelevante, un mero detalle
de la vida universitaria si no fuera porque
este es el frente que pretende dirigir,
construir y organizar al movimiento estudiantil.
Esta es una tarea imposible de realizar
desde esta lógica, ya que se traduce
en la siembra permanente de sospechas, en
la exaltación de las diferencias
y en la inmovilidad. Justo lo que buscábamos
evitar cuando apoyamos la creación
del frente. Vale la pena destacar el punto
de la inmovilidad, ya que la falta de campañas
unificadas de Oktubre como frente es un
síntoma importante de lo que venimos
diciendo. La proliferación de campañas
parciales, llevadas a cabo por alguno de
los componentes de Oktubre debilita la organización
del movimiento estudiantil, ya que hace
que el centro de estudiante no golpee como
un solo puño.
¿Qué
unidad necesitamos?
Una unidad que no sirva para la intervención
política sobre la realidad, es solamente
unidad en las planillas electorales, lo
cual es una tremenda limitación.
Y esto produce un grave problema adicional:
el propio centro de estudiantes queda desdibujado
en una cantidad de organizaciones con políticas
diferentes y frecuentemente antagónicas,
todas las cuales estampan la firma ‘Presidencia
del CECSo’ en sus volantes, reduciendo
el centro a un mero sello de goma, en vez
de proponerse llenarlo de política,
uno de los propósitos fundamentales
que debe tener una dirección de izquierda.
Finalmente, este carácter de acuerdo
meramente electoral entre fuerzas con profundas
diferencias hace imposible que Oktubre pueda
servir como canal para la organización
del movimiento estudiantil. En efecto, la
única alternativa que plantean las
diversas organizaciones que lo componen
es, lisa y llanamente, entrar a alguna de
ellas. Esto se traduce en una cantidad creciente
de estudiantes autoorganizados, que si bien
tienen gran valor, se hallan fuertemente
debilitadas por su dispersión y fragmentación.
Nosotros reivindicamos la construcción
del partido revolucionario, pero creemos
que la posibilidad de que el estudiantado
se organice no debe pasar exclusivamente
por compartir la totalidad del programa
de una de las organizaciones ya existentes.
Es deber del centro de estudiantes buscar
estos mecanismos. De hecho, esta discusión
se repite también en distintos niveles,
en lo que hace al reagrupamiento de la izquierda
y los luchadores a nivel sindical, nacional
e internacional. En todos estos niveles,
nosotros defendemos la idea de que un partido
revolucionario debe construirse y actuar
en el seno de un movimiento más amplio,
ayudando a organizarlo y fortalecerlo, y
no intentando ‘reemplazar’ a
ese movimiento.
El programa
y las reivindicaciones estudiantiles
Otro tanto hay que decir sobre la política
que impulsan las diversas organizaciones
que componen Oktubre. Si bien creemos, como
hemos dicho más arriba, que el frente
tiene una innegable actitud de lucha, la
cual reivindicamos, creemos que esto no
es suficiente. En este plano, no se ha podido
trascender el ultra vanguardismo, no se
ha buscado llegar a amplios sectores de
la facultad. Esto se ve claramente en el
que la totalidad de su política gira
en torno a conflictos, lo cual peca de un
terrible unilateralismo que, en última
instancia, debilita las propias campañas.
Nosotros consideramos que los programas
deben surgir de la realidad concreta, de
la situación que viven los sujetos
a los cuales apela. En este sentido las
campañas de lucha deben surgir de
las necesidades concretas y cotidianas de
los estudiantes y desde allí, elevarse
hasta las grandes cuestiones. Por ejemplo,
empezar de las condiciones de cursada nos
lleva inmediatamente a cuestionar el presupuesto,
lo cual a su vez nos lleva a cuestionar
a quienes lo elaboran, es decir, al gobierno
nacional. Es así que los programas
generan movilización, partiendo de
los problemas que nos afectan todos los
días. Es en este sentido que es fundamental
abordar diversas problemáticas que
Oktubre no le da importancia. Esto incluye
desde cuestiones académicas, como
el ficcional régimen de libertad
de cátedras que tiene la facultad,
hasta cuestiones que hacen a la vida social
y económica de la comunidad estudiantil,
por ejemplo, la inexistencia de un comedor
universitario. En este sentido, sostenemos
que un centro de estudiantes debe buscar
llegar a todos los sectores de la facultad,
tomando como propias sus reivindicaciones
y abonando a la organización para
llevarlas a la práctica.
Esta discusión se puede dar por la
conquista que significa la recuperación
del centro a manos de la izquierda, pero
creemos que tenemos que avanzar en la construcción
de una nueva herramienta que supere las
limitaciones de Oktubre, ya que esa será
la única forma de mantener y fortalecer
el centro de estudiantes.
Desde la Juventud Socialista del
MST hemos sido parte de la experiencia
de Oktubre, y avanzamos en sacar algunas
conclusiones. Entendemos que no hay centros
democráticos y combativos simplemente
porque sean conducidos por fuerzas de izquierda,
sino que tales calificativos se construyen
en la práctica política. Es
necesario superar el sectarismo de la autoproclamada
vanguardia para lograr un centro de esas
características, partir de la problemática
cotidiana para llegar a las grandes cuestiones,
interpelando al movimiento estudiantil en
su experiencia cotidiana para desde ahí
poder desarrollarlo.
Hemos sido parte de este proyecto porque
lo juzgamos como herramienta útil
para la construcción de un centro
al servicio del fortalecimiento del movimiento
estudiantil, y hoy consideramos que ya
no se puede esperar más tiempo para
comenzar a dar pasos en construir una nueva
herramienta que recoja los planteos que
señalamos. Tras el fracaso de Oktubre
es hora de construir una nueva alternativa
de izquierda que ponga el centro de estudiantes
al servicio de la organización y
la movilización de los estudiantes
de Sociales, para avanzar en la
construcción de una Universidad al
servicio del pueblo trabajador, que encabece
la lucha por la educación pública
y gratuita para la transformación
social del país.
|