| Vivienda
para todos
La semana pasada, la ocupación y
saqueo de viviendas en el Bajo Flores, hizo
estallar a ojos de toda la población
la verdadera crisis habitacional en la Ciudad
de Buenos Aires. La corrupción y
guerras entre funcionarios y “organizaciones”
de las internas políticas del gobierno
de la Ciudad y la Legislatura. Los “curros”
de punteros y empresas para llenarse de
plata con las viviendas de los pobres. Y
la falsedad de las campañas del gobierno
de la Ciudad, de “vivienda digna para
todos”.
En
el Bajo Flores, 90 viviendas construidas
por años de lucha de los vecinos
y delegados de la 1-11-14 (y que sería
para los afectados de un plan de urbanización)
se transformó en un “botín”
a rapiñar por los punteros de distintos
sectores, usando la desesperación
de pobres para enfrentarlos entre si. Mientras,
la policía “liberaba”
la zona y esos mismos punteros saqueaban
y destruían las viviendas. Ahora
están censando y prometen más
viviendas ( 90 y 120). Pero son miles las
familias de los dos barrios (Rivadavia y
la 1-11-14) que viven hacinados en piecitas,
por $200 de alquiler, la inmensa mayoría
inmigrantes sin documentación o una
“precaria” que, a pesar de las
promesas del gobierno, no les reconocen
ni siquiera pasa censarse.
Toda la ciudad está cruzada por la
lucha de familias con problemas de vivienda.
Por ejemplo: al otro día de los hechos
del Bajo Flores, vecinos de la AU 7 (asentamiento
de Soldati de más de 700 familias))
cortaban las vías del premétro
por la adjudicación de los terrenos
que ya fueron expropiados. Y por un generador
de luz para el barrio: ya se incendiaron
casillas por la instalación precaria
de luz. Decenas de barrios, como el “Pueblito”
de Pompeya, la villa INTA de Barrio Bermejo
o la manzana 28 de Lugano, reclaman que
les sea adjudicada la tierra (fiscal). Y
los vecinos de La Lechería de Paternal,
resistieron e impidieron el desalojo.
Basta de Desalojos.
Necesitamos medidas de fondo para resolver
el problema
Tellerman y D’Elía constatan
horrorizados el aumento de asentamiento
de familias en villas y predios (40.000
sólo en la villa 31 y Chacarita).
Lo que no dicen es que todos los días
se efectúan decenas de desalojos
en la Ciudad, desde pequeñas viviendas
hasta asentamientos enteros. Que la crisis
y el aumento de alquileres deja a miles
de familias de desocupados, e incluso trabajadores
en negro o precarizados, en la calle. Que
en estos años casi todas las expropiaciones
realizadas por la Corporación Sur
fueron a favor de empresarios y “negocios”
de funcionarios. Que los planes de vivienda,
además de insuficientes, son terreno
de negociados de empresas constructoras,
y de punteros de los grandes partidos de
la Ciudad y el gobierno, que los adjudican
según su conveniencia y “la
campaña política de turno”,
y no la necesidad de la gente.
Hay que parar ya los desalojos y tomar medidas
de fondo para resolver el problema de vivienda,
con el subsidio habitacional ($1800 por
única vez) no alcanza para nada.
Tampoco son solución las pequeñas
cooperativas de vivienda. Además
de que el estado no puede delegar la solución
del problema a los propios afectados, las
cooperativas resuelven la situación
de unos pocos. Y, en muchísimos casos
fracasan, luego de años de sacrificio,
porque el Gobierno no les da todos los medios.
La Ciudad está llena de tierras fiscales.
O totalmente improductivas, en muchos casos
verdaderos basurales en manos de pulpos
empresarios. Hay que terminar con la Corporación
Sur y sus “curros”. Allí
podrían construirse decenas de miles
de viviendas, con un verdadero Plan de Obras
Públicas que, además, generaría
miles de puestos de trabajo. A cuotas sociales
o muy bajas para los beneficiarios.
Son decenas los barrios que se han construido
con el sacrificio de miles de familias pobres
o desocupadas. Adjudicación ya de
esas tierras a sus ocupantes, con todas
las facilidades para que avancen en la urbanización,
y que se los provea de los servicios mínimos
elementales.
Plata hay, la Ciudad tiene un superávit
histórico. El problema es para qué
la están usando.
Con la intervención del IVC no alcanza.
Control del censo, los planes de vivienda
y su adjudicación por parte de las
organizaciones sociales, barriales y los
vecinos.
Desde la asunción de Telerman, en
medio de una guerra de “internas”,
el ministerio de Obras Públicas y
la ex CMV fueron reestructurados, con varios
cambios de funcionarios. Ahora intervienen
el IVC (Instituto de la Vivienda de la Ciudad)
en nombre de la “transparencia”,
con los mismos funcionarios de antes. Hablan
de “más participación
de las organizaciones”. Pero muchas
de ellas ya están incorporadas a
la gestión oficial (como el ex-piquetero
D’Elia, Barrios de Pie y otras). Y,
en los barrios el censo está en manos
de los mismos punteros que no se han caracterizado,
precisamente, por su “transparencia”:
discriminan por nacionalidad o pertenencia
política, y están censando
sólo a sus amigos y familiares.
Hay que darle verdadera participación
a todas las organizaciones sociales y de
base de los barrios, y control directo a
los vecinos. Tanto para los censos, como
para los programas de vivienda y su adjudicación.
Necesitamos
un plan de lucha unificado por estos objetivos
En todos los barrios se está luchando
por este problema. Se realizan pequeñas
o grandes marchas. Los punteros y organizaciones
amigas del gobierno están intentando
dividir los barrios e impedir la participación
de vecinos, para manejarlas a favor de sus
“negocios”. Hay que terminar
con esto. Necesitamos asambleas masivas
de los barrios, donde se vote con total
claridad por qué y cómo nos
movilizamos, y quiénes nos van a
representar. Y coordinar un plan de lucha
entre todas las organizaciones que estemos
por estos objetivos.
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