| Cuando España quiso ser roja
En 1936 se precipitaba uno de los mayores acontecimientos del siglo XX, la Guerra Civil española. Esta revolución obrera y campesina, llamada a romper con la serie de derrotas que cruzaban al movimiento obrero, desde 1920, terminaría como las anteriores revoluciones.
Para muchos fue el ensayo general de lo que vendría años después con la II guerra mundial; la aviación bombardeando poblaciones civiles, como en Guernica, seria luego, algo común. Pero el proceso revolucionario había comenzado varios años antes, desde la caída del rey Alfonso XIII (1931), que permitió la instauración de la II Republica Española. Las organizaciones obreras y campesinas lograron una importante influencia política y sindical, la CNT (anarquistas) y la UGT (socialistas) dominaban el panorama general, en un país de los más atrasados de Europa, en el que la Iglesia Católica seguía negando la historia de los últimos 200 años, y jurando la relación divina entre el Rey y Dios.
La victoria del Frente Popular
Las elecciones de febrero de 1936, dividieron aguas. Los distintos sectores del antiguo régimen monárquico, la plana mayor del ejército y las bandas fascistas, comenzaron a planear el golpe a la nueva republica; ya que la movilización de masas que genero el triunfo electoral comenzó a expropiar y ocupar tierras de la iglesia y la corona. La coalición del PSOE (socialdemócratas), el PC (stalinistas), un sector de la burguesía republicana y el POUM (parte de la Oposición de Izquierda, contraria a los dictados de Stalin), ante el evidente complot, seguía sin resoluciones, y las masas tomaban la defensa de la II Republica en sus manos, enfrentándose en la calle con los sectores golpistas. Hasta que entre el 17 y 18 de julio, se produce el levantamiento de los batallones del ejército en toda España. Este triunfa en el centro y sur del país; pero es derrotado en los sectores mas obreros como Asturias, el País Vasco, Andalucía y Cataluña. En estas regiones se intensifica la revolución, expropiando a la monarquía y a la burguesía aliada a los golpistas, generando el control obrero de fabricas y servicios, comités de distribución de víveres y milicias que organizan la defensa y la seguridad. Los puntos fuertes son Barcelona y Madrid, esta ultima defendida con valentía a caballo de la consigna “No Pasaran”.
Si bien el poderío militar del bando nacionalista era importante, lo que mas lo favoreció eran las vacilaciones constantes del bando republicano, que primeramente liderado por el PSOE (con Largo Caballero) y luego por el PC (Negrin) liquidaban la dinámica de las masas y no avanzaban en medidas radicales, defendiendo los intereses de la burguesía. Quizás el rol mas nefasto es el del PC y Stalin, que regateaba la entrega de armamentos a la Republica, a cambio de frenar la revolución en curso y dejar vía libre para el accionar de los agentes de la GPU (policía secreta rusa) que persiguieron a anarquistas y oposicioncitas, y asesinaron a Andreu Nin , dirigente del POUM y a centenares de luchadores consecuentes.
La caída de Barcelona y la derrota
El accionar del Gobierno de la Generalidad (Frente Popular) en Barcelona marca todo un punto de inflexión. El control que quería ejercer el gobierno de la central telefónica, hasta ese momento dirigida por los anarquistas, con control obrero, llevó a enfrentamientos entre anarquistas y comunistas, en la ciudad donde más se había avanzado en la revolución. Creció la desmoralización. Al año siguiente (1938) Francisco Franco entraba en la ciudad y empezaba una cacería de republicanos, que incluyeron fusilamientos y fosas comunes. El éxodo a Francia fue de cientos de miles. Madrid había quedado aislada, y los sectores de la burguesía republicana aprovecharon para liquidar definitivamente la revolución. La suerte estaba echada. El generalísimo Franco asumía como presidente de España y entraría en el periodo más oscuro de su historia moderna.
Las brigadas internacionalistas
Cerca de 50.000 brigadistas de Alemania, Polonia, Austria, Ucrania, Italia, Hungría, Gran Bretaña y Estados Unidos, fueron a combatir en tierras españolas. Las décadas de tradición internacionalista, unían en una profunda solidaridad a los trabajadores del mundo en la primera confrontación física contra el fascismo. En ellas participaron y se solidarizaron, además, intelectuales, artistas y personalidades de la época. Mientras a los nacionalistas los apoyaban política y militarmente Hitler y Musolini, entregando cientos de aviones y varias divisiones de infantería, las grandes “democracias” de occidente (Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia) le tenían mas miedo, a lo que traería aparejado el triunfo de la revolución, que a la victoria de Franco. Las brigadas internacionalistas jugaron un rol clave en la defensa de Madrid, y en batallas como la de Jarama y Guadarrama; luego la Internacional Comunista de Stalin las traicionó retirando varias de ellas, y firmando el pacto de no agresión con Hitler.
|