| El
mundo cinco años después
Apoyándose en el desconcierto que
provocó en el pueblo norteamericano
el atentado a las Torres, el gobierno yanqui
lanzó una contraofensiva militar
contra los pueblos del mundo para imponer
un siglo de “paz americana”.
A cinco años de la caída de
las Torres el balance es categórico:
crece el desorden mundial y se fortalece
el frente de los luchadores con el crecimiento
de las huelgas en Estados Unidos.
Todos
los estudios serios sobre la política
del imperialismo yanqui coinciden en que
su contraofensiva militar contra los centros
más importantes de la revolución
mundial estaba en los planes de la burguesía
yanqui desde la época del gobierno
de Reagan. Sin embargo, ninguno de esos
planes contaba con el apoyo del pueblo norteamericano,
que tenía fresca en su memoria la
guerra de Vietnam.
Una contraofensiva con intervención
directa del ejército yanqui sin que
algún país hubiera declarado
de manera abierta una guerra contra EE.UU.
sólo era posible bajo tres condiciones:
una ofensiva sobre el propio pueblo norteamericano
que acallara las protestas contra la guerra,
un atentado como el del 11 de septiembre
o una amenaza potencial sobre Estados Unidos.
El atentado a las Torres y la contraofensiva
militar
El atentado del 11 de septiembre, que fue
reivindicado por Al Qaeda, grupo dirigido
por un antiguo aliado del imperialismo,
Bin Laden, y que provocó la muerte
de casi 3.000 civiles, fue la justificación
que necesitaba el gobierno yanqui para lanzar
su contraofensiva militar y política
sobre la revolución mundial:
1. Lanzó una ofensiva sobre su propio
pueblo, a fin de recortar las libertades
democráticas, prohibir las huelgas
y aumentar el presupuesto militar bajo el
argumento de la seguridad nacional.
2. Lanzó una contraofensiva militar
sobre uno de los centros de la revolución
mundial: Medio Oriente. El ataque a Irak
era sólo el primer paso a una ofensiva
mayor en toda la zona.
3. Apoyó el golpe de estado en Venezuela,
buscando inaugurar una nueva década
de golpes en América Latina.
El objetivo de esta contraofensiva estaba
al servicio de:
1. Tomar el control indiscutido de las principales
reservas de petróleo en el mundo.
2. Lanzar una nueva contraofensiva económica
contra la clase obrera y los pueblos en
todos los países.
3. Defender a las transnacionales, amenazadas
por el creciente proceso de luchas nacionales
de masas, uno de cuyos objetivos es la recuperación
de las materias primas y la ruptura con
el modelo neoliberal.
Un balance lapidario
Hoy, a cinco años del atentado a
las Torres, el balance es lapidario para
el imperialismo. El ejército yanqui
está empantanado en Irak. Su estrategia
de vencer al pueblo palestino y libanés
fue derrotada, obligando al gobierno sionista
de Israel a retirarse del Líbano
sin cumplir ninguno de sus objetivos. Crece
la resistencia en Afganistán y el
gobierno de Irán resiste la ofensiva
imperialista y busca negociar en mejores
condiciones su independencia nuclear.
En Europa, el movimiento de masas liquidó
el plan político imperialista rechazando
la Constitución Europea y derrotó
a los gobiernos del frente por la guerra:
Aznar en España, Berlusconi en Italia,
y tiene en las cuerdas a Blair en Inglaterra.
En América Latina fueron derrotados
el golpe en Venezuela, la ofensiva militar
del gobierno de Sánchez de Losada
en Bolivia, Lucio Gutiérrez en Ecuador
y crece el antiimperialismo en todo el continente.
En México las movilizaciones contra
el fraude electoral que impidió la
llegada al gobierno de López Obrador
han provocado una profunda crisis en el
régimen.
Crecen las
luchas y la ruptura con el gobierno de Bush
en EE.UU.
En
Estados Unidos la contraofensiva del gobierno
de Bush para recortar las libertades democráticas
del pueblo fracasó fruto de la resistencia
del movimiento antiguerra. El cerco informativo
del gobierno para esconder su fracaso en
la guerra en Irak se rompió y la
prensa comenzó a desnudar las mentiras
sobre las armas de destrucción masiva
que nunca aparecieron, los supuestos nexos
entre el gobierno iraquí y Bin Laden,
las atrocidades cometidas por el ejército
yanqui en Irak contra civiles, las cárceles
secretas etc. A mediados del 2003, la prensa
comenzó a publicar las fotos con
los ataúdes de los soldados muertos
en Irak y Afganistán, la mayoría
de ellos familiares de inmigrantes que buscaban
en el ejército la posibilidad de
conseguir la nacionalidad paras sus familiares.
Con más de 3.000 muertos en Irak
y unos 15.000 heridos, el fantasma de Vietnam
comenzó a recorrer los pasillos de
la Casa Blanca y abrió el debate
en la propia burguesía y entre los
generales yanquis sobre la necesidad o no
de la guerra. En los últimos meses
crecen las marchas contra la guerra y entró
en escena la clase obrera: importantes huelgas
como la del transporte en Nueva York, las
enfermeras en los hospitales de California
y la del 1º de Mayo, encabezada por
los trabajadores inmigrantes y apoyada por
la clase obrera blanca.
En este año, la popularidad de Bush
está cayendo en picada y el Partido
Republicano se prepara para una derrota
en las elecciones de noviembre, donde puede
perder la mayoría que mantiene en
el Congreso.
El fracaso de la contraofensiva militar
del imperialismo sobre la revolución
mundial profundiza la crisis del régimen
capitalista imperialista porque le impide
avanzar en su contraofensiva económica
sobre los pueblos del mundo. En Latinoamérica,
el fracaso del ALCA, en Europa la derrota
de la Constitución Europea y en EE.UU.
el fracaso de su plan para que la clase
obrera pague los costos de la guerra, son
los síntomas de un proceso de avance
de los pueblos del mundo, que se niegan
a cargar sobre sus hombros los planes de
ajuste que permitan a las transna-cionales
aumentar la tasa de ganancia para sacar
a la economía capitalista de su crisis
crónica.
A cinco años del atentado a las Torres
Gemelas, se aleja la “paz americana”,
crece el desorden internacional y se fortalece
el frente de la revolución con la
entrada de los batallones pesados de la
clase obrera mundial, creando mejores condiciones
para la unidad de los luchadores.
Los obstáculos no son menores, ni
mucho menos. Salvo excepciones, la enorme
mayoría de los gobiernos es agente
directo o indirecto del imperialismo. Y
aunque estén desgastadas, también
actúan en contra de las luchas de
las masas -con sus engaños y maniobras-
las viejas conducciones políticas
y sindicales en cada país.
Sin embargo, la situación objetiva
internacional está mostrando que
hay mejores condiciones para desarrollar
la lucha revolucionaria y para el surgimiento
de nuevas direcciones.
Al calor de la intervención en las
movilizaciones es preciso debatir sobre
la actual situación mundial, las
tareas de la clase obrera y los pueblos
en la presente etapa y la necesidad del
reagrupamiento de los revolucionarios, en
cada país y a nivel internacional.
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