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La nueva
Ley de Educación Sexual
Hace
pocos días, obligado por una creciente
demanda social, el Congreso nacional aprobó
la Ley de Educación Sexual en base
a un proyecto del gobierno. Damos aquí
una primera opinión sobre dicha ley,
que bajo una apariencia progresiva esconde
ambigüedades y consensos con la Iglesia
que la vuelven ineficaz.
* En primer lugar, hay ambigüedad sobre
la responsabilidad del Estado. La ley plantea
que todos tienen el “derecho a recibir”
educación sexual, pero el gobierno
no establece su deber de garantizarla. Brindar
educación sexual debe ser una obligación
explícita del Estado.
* Los plazos que la ley da al Ministerio
de Educación para poner en vigencia
la ley son excesivamente dilatorios: cuatro
años. Si la ley de arranque permite
un plazo tan extenso, se abre la posibilidad
de que por las presiones su aplicación
se dilate más y más.
* Otro grave problema es lo que establece
el artículo 5º: “Cada
comunidad educativa incluirá en el
proceso de elaboración de su proyecto
institucional la adaptación de las
propuestas a su realidad sociocultural,
en el marco del respeto a su ideario institucional
y a las convicciones de sus miembros”.
Es decir, cada institución educativa
privada y/o religiosa mantendrá el
derecho de informar o no correctamente a
los niños, niñas y jóvenes
sobre sus opciones en materia sexual y reproductiva.
Una consecuencia de esto es que las instituciones
confesionales seguirán impartiendo
información deformada y anticientífica:
que el preservativo no protege del VIH,
que el único método seguro
de “cuidarse” es la abstinencia,
que la masturbación es nociva para
la salud, que toda orientación sexual
distinta a la heterosexualidad monogámica
es “anormal” y tantas otras
falacias.
* Según el artículo 7º
de la ley, debe existir “un diálogo
sobre sus contenidos con distintos sectores
del sistema educativo nacional”. O
sea, la Iglesia y otros credos tendrán
injerencia sobre los contenidos específicos
de los programas. Como reconoció
el ministro Filmus, “se fijarán
por consenso”... Por si fuera poco,
la nueva ley ni siquiera menciona temas
concretos como prevención de enfermedades
de transmisión sexual, anticoncepción
y embarazo adolescente, planificación
familiar o diversidad sexual. ¡Se
omiten justamente las problemáticas
centrales, como si fueran “pecados”!
* A su vez, el artículo 6º permite
que las provincias que ya tengan algún
programa de educación sexual, sea
o no acorde a las necesidades actuales,
puedan no adecuarlos a la nueva ley nacional.
Mayor riesgo aún si por cuatro años
las provincias, donde el peso de la Iglesia
es mayor, pueden “armar” leyes
o programas retrógrados, funcionales
al interés clerical.
En realidad, Kirchner y Filmus, lejos de
haberse “puesto firmes” con
la cúpula de la Iglesia, le han cedido.
Buscando calmar las aguas en la sociedad,
con esta ley siguen ignorando el derecho
de los y las menores a contar con toda la
información necesaria para poder
decidir y actuar libre y responsablemente.
La ley que hoy hace falta poco y nada tiene
que ver con el engañoso proyecto
oficial aprobado. Necesitamos que el Estado
asegure, en todos los niveles de la enseñanza
y adaptados a cada edad, una verdadera educación
sexual, laica, científica y moderna.
Sin ingerencia, presiones ideológicas
ni prejuicios morales de los sectores religiosos.
Como vemos, sigue siendo una tarea pendiente.
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