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La derrota de Bush

La elección que repudió la guerra

Los resultados de las elecciones legislativas en Estados Unidos el pasado 7 de noviembre no son de menor importancia, sino que marcan un profundo cambio de coyuntura en la política y la dirección de la primera potencia mundial.

La elección fue, ante todo, un referéndum de la política de Bush, principalmente la guerra en Irak. El Partido Republicano de Bush sufrió una derrota rotunda, perdiendo las dos cámaras del Congreso.
Para entender el significado de este golpe hay que saber que las mayorías en el Congreso estadounidense son muy estables. Los demócratas las mantuvieron en ambas cámaras por cuarenta años hasta que los republicanos ganaron las dos en 1994 en lo que se llamó la “Revolución Republicana.”
Cuando Bush asumió la presidencia en el 2001, tenía mano libre para aplicar toda su política neo-conservadora, la Doctrina Bush, que pretendía reimponer el dominio directo del imperialismo yanqui sobre el mundo.

El fin de la “Revolución Republicana” y el fracaso de la Doctrina Bush

Esto se evidenció cuando, a 12 horas de conocer los resultados, Bush tuvo que deshacerse de su secretario de defensa, el jefe del Pentágono Donald Rumsfeld, principal conductor de la guerra en Irak.
Sin embargo hay una gran contradicción entre las expectativas de los votantes que castigaron a los republicanos—un sondeo del New York Times/CBS mostró que el 75% de los entrevistados esperan que las tropas se retiren de Irak más rápidamente con un Congreso demócrata—y las intenciones del Partido Demócrata que ahora controla el Congreso.
Los demócratas se han beneficiado con el castigo de los republicanos por ser el único otro partido que podía ganar, pero no ofrecen ningún cambio de fondo en la política hacia Irak.
De hecho, acompañaron y apoyaron a Bush paso a paso en todo el transcurso de la llamada “guerra contra el terrorismo,” y ahora están divididos entre varias propuestas de “cambio de curso” o “estrategia de salida” que hablan ambiguamente de un retiro por etapas y de reubicar tropas en países vecinos, todas apuntando a lograr un supuesto “éxito” antes de salir. O sea, evitar una derrota humillante que significaría un retroceso del imperialismo yanqui mucho más grave que lo que fue la derrota en Vietnam.
El gran plan salvador se supone que vendrá de las recomendaciones de una comisión bi-partidaria, el Irak Study Group, que ya ha avanzado un esbozo de cuatro puntos sobre su “estrategia para la victoria”: 1) aumentar la cantidad de tropas en Irak por 20.000 soldados para asegurar Baghdad; 2) Avanzar en la colaboración de países vecinos aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudita y Kuwait; 3) Reavivar los intentos de reconciliación entre Sunitas y Chiitas 4) aumentar los aportes económicos del Congreso estadounidense para equipar y entrenar a las fuerzas de seguridad Irakuíes.
Como se puede apreciar, esto está lejos de la exigencia popular de que termine la guerra y vuelvan las tropas a casa.
Es que toda la retórica del “cambio de curso” que tanto Bush tras su derrota electoral, como los demócratas, prometen implementar no es más que un recambio estratégico para mantener la ocupación de Irak.
Lo que no comprenden es que la guerra en Irak no ha fracasado por la estrategia de Bush y Rumsfeld, sino por el propio carácter de la guerra, una guerra de saqueo imperialista que inevitablemente genera una resistencia incesante.

¿Irak otro Vietnam?

En un viaje a Vietnam en los días después de la elección, Bush comparó la guerra de Irak con la guerra de Vietnam por primera vez, algo que, por obvios motivos, siempre había evitado.
Fue para decir que la lección de la guerra de Vietnam para aplicar a Irak es que “ganaremos si no abandonamos,” aludiendo a la opinión de muchos nacionalistas reaccionarios que opinan que la guerra de Vietnam se podría haber ganado si no se hubiera abandonado la lucha en 1975.
Para ese entonces 58.000 soldados yanquis y 3 millones de vietnamitas habían muertos. Es decir, cambie como cambie la estrategia, muera la cantidad de gente que muera, no nos vamos de Irak hasta no ganar.
Según fuentes afines a la administración de Bush citadas en el Guardian de Inglaterra, Bush prepara una “gran última ofensiva” en Irak, y enviaría 20.000 soldados más a principios de año.

Los demócratas quieren salvar el desastre que es Irak


Los demócratas acompañarían esta iniciativa, como vienen haciendo, ya que tienen igual de claro que Estados Unidos no se puede retirar de Irak.
El nuevo líder de la mayoría del Senado, Harry Raid, ya anunció que “una de las primeras iniciativas que tomará el nuevo Congreso demócrata será un incremento de 75 mil millones de dólares en el presupuesto militar para poner las disminuidas unidades del ejército en condiciones de combate.”
De hecho, los demócratas no son más que el Plan B de la burguesía y el imperialismo estadounidense. Más allá de las diferencias estratégicas entre los demócratas y republicanos, los dos partidos están igualmente comprometidos a imponer el dominio yanqui sobre el mundo para asegurar los intereses de los capitales estadounidenses.
De cara el fracaso de la política de Bush, la burguesía yanqui ha pegado un giro hacia los demócratas, buscando un recambio y una estrategia que cumpla sus objetivos mejor.
En las últimas semanas antes de la elección los grandes capitales estadounidenses transfirieron una parte importante de su apoyo económico de los republicanos a los demócratas.
Tampoco es mera coincidencia que el escándalo del legislador republicano pedófilo Mark Foley haya salido a la luz semanas antes de la elección cuando, aparentemente, se sabía desde mucho tiempo atrás.
La burguesía espera que los demócratas puedan salvar al imperialismo yanqui del desastre que es Irak. Pero el profundo repudio de los republicanos ha cambiado todo el escenario político de Estados Unidos, y les presenta un gran problema.
Para empezar, la busqueda de una imposible estrategia para la victoria en Irak para remplazar la fracazada Doctrina Bush generará divisiones y crisis en las alturas.
Luego, los millones de personas que votaron en contra de los republicanos salen
con la confianza de ser parte de una amplia mayoría en contra de la guerra, y con la expectativa de que los demócratas acabarán con ella.
Pero el poder que han adquirido los demócratas los obligará a definir sus posiciones claramente y exponerse a la gente que piensa que son una verdadera alternativa a los republicanos.
La resultante traición de esas expectativas puede resultar en un nuevo auge en el movimiento contra la guerra, como sucedió durante la guerra de Vietnam cuando las promesas electorales de acabar con la guerra se tornaban en escaladas pos-electorales de la misma.
De hecho, hay señales de una nueva etapa en la oposición a la guerra. Una petición por el retiro de las tropas que subió a internet un soldado en actividad ya ha sido firmada por cientos de soldados también en actividad. Y se ha convocado una nueva movilización para el 27 de enero.

Federico Moreno
ISO, Estados Unidos

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