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Agustín Vanella y los compañeros en libertad

Agustín Vanella es consejero superior de la UBA. Pero los controles de policías y patotas le impidieron el paso a la Asamblea Universitaria. En medio de gases, chorros de agua y golpes, fue detenido junto a Mauro Morgenfeld, docente de Ciencias Exactas e investigador del Conicet, y a los estudiantes Rodolfo y Alejo Caviano, Diego Di Carlo y Sofía Elgani. Y a Horacio Segovia, un pibe ajeno a la manifestación, que pasaba por Congreso.
Agustín fue detenido cuando subió las escalinatas del Congreso para impedir que la policía le siga pegando ferozmente a uno de sus compañeros. Fueron llevados la comisaría 16 y de allí a la Superintendencia de Seguridad en el barrio de Lugano.
Todavía quemados por las gases policiales y empapados por el agua de los hidrantes, los estudiantes de la FUBA marcharon por las calles hasta la comisaría 16 a exigir la libertad de los compañeros. La gente aplaudía al paso de los estudiantes. De la 16, en varias camionetas, delegaciones de la JS del MST, de la CEPA y del MUI viajamos hasta Lugano, y allí pasamos la tarde y parte de la noche en que fueron trasladados a los Tribunales de Comodoro Py. Desde la mañana del martes 19, una marcha de la FUBA le dio bronca y calor al ingreso a los tribunales, exigiendo la libertad de los presos de la UBA. Una delegación integrada por el diputado nacional Carlos Tinirello, el legislador de la Ciudad Rubén Devoto y los ex diputados Patricia Walsh, Mario Cafiero, Vilma Ripoll y Marcos Wolman se entrevistó con el juzgado y pidió la libertad. También Oscar Kuperman del CUBA se hizo presente junto a la FUBA.
Los abogados de Agustín, Marcelo Parrilli y Luis Orellana, rechazaron los cargos que se le imputa y solicitaron la eximición de prisión, junto a los abogados de todos los compañeros presos.
Fueron largas horas gritando y reclamando en Comodoro Py. Y de allí nos fuimos a cortar la calle en el Departamento Central de Policía. Y como Agustín y los compañeros no salían, volvimos a instalarnos en la dependencia de Lugano. Y cuando la tarde se iba cayendo, Agustín y los compañeros salieron en libertad. Pudimos volver a abrazarlos y a cantar junto con ellos. De ahí al festival de la FUBA en Plaza de Mayo y a preparar la marcha del 20. Otra vez juntos. Otra vez en la lucha.

 

A L
 


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