| Los desafíos del 2007
Los especialistas esperan un crecimiento de los índices económicos para el próximo año a partir del superávit fiscal, de ingresos por exportaciones, retenciones y por las cuantiosas reservas de divisas. Si se consideraran sólo los grandes números, pareciera que la economía marcha bien. Y así es para algunos, los menos…
Las manos que distribuyen la riqueza argentina acumulada, las depositan directamente en los cofres de los de arriba. Fue por millones al pago de la deuda externa al FMI, va a subsidiar a las grandes patronales de las empresas del transporte y otras, se destina a engrosar las ganancias y rentas de los ricos.
Abajo sólo llegan las monedas que se les escapan entre los dedos o las que son arrancadas por las luchas. La inflación, aún sin ser hiper, es lo suficientemente considerable como para engordar el costo de vida mientras adelgaza el bolsillo. El trabajo en negro y tercerizado sigue fabricando trabajadores de segunda clase. Los ya exiguos montos de planes sociales siguen en el freezer. La salud y la educación siguen sufriendo los peores padecimientos imaginables. Para la gran mayoría de los argentinos, “su” economía sigue a los tumbos…
Aunque todavía hay esperanzas en Kirchner, ha comenzado un distanciamiento, un desgaste entre el gobierno, sus cómplices y la población. Después de mucho tiempo de mostrar una careta y voz de doble discurso preocupado por “la nueva política” y los derechos humanos, a Kirchner se le cortó el hilo de un lado de la máscara dejando al descubierto su verdadera cara. Es el rostro de las patotas sindicales a los tiros en San Vicente, de los “barras amigos” atacando a los trabajadores del Hospital Francés, del brutal clientelismo en Misiones, de la quietud ante la desaparición López.
Se siente en la calle, en los comentarios en el trabajo, la oficina y el barrio, en la bronca por las necesidades insatisfechas. Pero donde más se nota es en las luchas. En Neuquén, Chubut y Santa Cruz donde los petroleros enfrentaron al gobierno y la represión por estar contra el impuesto a las ganancias sobre su sueldo. En los conflictos docentes por el salario y contra la Ley Filmus-Kirchner. En las peleas de los telefónicos, del Subte y de otros sectores. En Gualeguaychú, donde los vecinos confían principalmente en sus propias decisiones y fuerza. En las marchas por el respeto a los derechos humanos.
Se ha abierto un espacio político y sindical y hay una disputa por ocuparlo. Carrió lo intenta desde la centroizquierda, si aún se la puede llamar así, ya que al ya ganado gorila Olivera está dispuesta a sumar a Patricia Bullrich y otros personajes. La derecha no se pone de acuerdo, prueba con Macri, López Murphy y Sobisch. Los radicales se debaten por sí o por no con Lavagna o Kirchner. Los curas amenazan con buscar alianzas con todo el arco político. Las corrientes internas de las centrales sindicales mueven sus fichas al calor de las conveniencias políticas. Hay movimientos y los poderosos se preocupan por ir preparando alguna variante patronal creíble ante eventuales problemas o crisis, de manera tal que haya recambio para seguir sosteniendo las podridas instituciones de este régimen político capitalista.
Los Kirchner esperan un 2007 en el que se sigan acumulando riquezas y sean reelectos en la presidencia ¿Cómo planean llegar a sus objetivos? Primero: manteniendo el techo salarial, es decir, logrando que los salarios no aumenten, según dicen, en forma desmedida. Para lo cual Kirchner tiene que mantener su sociedad con Moyano, los capos de la CGT y la CTA de manera que no fomenten, ni dejen correr, ni apoyen y, si se les escapan, revienten los reclamos obreros por aumentos. Segundo: logrando la reelección de alguno de los Kirchner, sea Néstor o Cristina. Es lo mismo. Queda en familia. Apoyados en la vieja mafia del PJ, en los caudillos de Provincia de Buenos Aires y el interior, distribuyendo algunas migajas, gastando millones en la inauguración de obras públicas electorales, ejercitando un brutal clientelismo y con más y más doble discurso.
En esta perspectiva, los trabajadores, el pueblo, los partidos y organizaciones de izquierda, los progresistas independientes y los luchadores tenemos grandes desafíos.
Al haber más plata se va a plantear una disputa por su distribución: la plata sigue yendo al FMI, al Club de París, a los subsidios a las grandes empresas y las ganancias para los ricos o los paros y movilizaciones arrancan importantes aumentos salariales, liquidan el impuesto a las ganancias para los trabajadores, suben los montos de planes sociales y la inversión en salud y educación.
La continuidad de la impunidad tiene que motivar un creciente rechazo; la exigencia de aparición de Julio López, el castigo a los responsables y el apoyo a los vecinos de Gualeguaychú. Y también el repudio a la brutal represión sufrida por los estudiantes de la FUBA y el encarcelamiento de algunos de ellos, entre los que estaba el dirigente Agustín Vanella. El primer desafío es apoyar todas las luchas en curso o que surjan.
La bancarrota y desprestigio de los Moyano, Cavallieri, West Ocampo y otros dirigentes burocráticos viene acompañada del surgimiento de nuevos dirigentes, honestos luchadores surgidos desde abajo, que son consecuentes en la lucha, en la organización democrática y en la consulta con la base para tomar todas las decisiones. Están en el Subte, en Ferroviarios, en Las Heras, en las seccionales docentes conquistadas a la Celeste, en el MIC, en comisiones internas y cuerpos de delegados, en la FUBA y las universidades y otros tantos lugares. El segundo desafío es impulsar el surgimiento de nuevos dirigentes para luchar y derrotar a la burocracia en todos los terrenos.
A los viejos políticos del PJ y la UCR, sus mañas, traiciones y agachadas ya se los conoce bastante. Pero con eso no alcanza. Para derrotarlos y cambiarlos por políticos distintos hay que construir una nueva herramienta. No es la que muestran las falsas opciones que provienen del mismo riñón de los viejos partidos. Hay que construir una Nueva Izquierda. Amplia, que le abra las puertas a los que se alejan de otros sectores, que fomente frentes electorales con puntos básicos de acuerdo. Unitaria, que ponga los puntos de acuerdo aunque no sean todos los propios por encima de las diferencias. Democrática, aceptando convivir con matices y diferencias en el camino de ser una alternativa para millones de personas y no una secta iluminada para unos pocos. Humilde, que rechace la pedantería de considerarse la poseedora de la única verdad. Que sirva como un polo de atracción para los que quieren apoyar las luchas, disputar a los grandes partidos también en el terreno electoral. En definitiva, el desafío que está pendiente cumplir para pelear por los reclamos inmediatos y por un gobierno de los trabajadores y el pueblo es poner de pie una Nueva Izquierda contra la vieja política. Los que integramos el MST, estamos empeñados en estas tareas. Súmese y acompáñenos en este camino.
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