| El
nuevo plan en Irak
“Estoy frustrado con el desarrollo,”
dijo el presidente Bush sobre la guerra
en Irak en una entrevista televisada con
Jim Lehrer, “Un año atrás,
yo sentía que la situación
era buena. Me parecía que estábamos
cumpliendo el objetivo: un país que
se puede gobernar, sostener y defender.
Sin duda, 2006 fue un año horrible
en Irak.”
Escribe
Jocelyn Blake, ISO - Estados Unidos
Después
de cuatro años en Irak, ni los propios
asesores de Bush pueden afirmar que la invasión
de ese país por los Estados Unidos
tiene éxito. Enfrentado con los datos
militares y estudios que muestran el fortalecimiento
de la resistencia iraquí y el crecimiento
de la violencia y la inestabilidad en la
región, Bush se ve obligado a hacer
cambios para responder al desastre en Irak.
En su “Nuevo Camino Adelante”
propone mandar a 20 mil soldados más
para “ganar” la guerra en Irak.
En otras palabras, para evitar el suicidio
político que sería admitir
el fracaso de la ocupación.
La administración de Bush pospuso
la evaluación militar de la guerra
para realizarla después de las últimas
elecciones parlamentarias y evitar el golpe
político que hubiera recibido por
cuestionar la estrategia existente (New
York Times 02/01/07). Sin embargo, el Partido
Republicano perdió las elecciones
por un voto castigo contra Bush por su política
destructiva en Irak. El 60% del pueblo norteamericano
está en contra de la ocupación
de Irak y esa bronca llevó a los
Demócratas a la victoria electoral.
Rechazando la “estrategia de salida”
que plantean los Demócratas para
engañar a su base electoral, Bush
está realizando una escalada de la
guerra (parecida a la de los presidentes
Lyndon B. Johnson y Richard Nixon cuando
ya habían sido derrotadas las tropas
norteamericanas en Vietnam).
“Quiero que me cuenten cómo
vamos a ganar, no cómo vamos a salir”
dijo Bush a los oficiales del ejercito que
le están señalando la probabilidad
de una derrota militar en Irak. El Teniente
General David Petraeus, el nuevo jefe de
las fuerzas armadas norteamericanas en Irak,
dijo que militarmente necesita el doble
de la cantidad de tropas para vencer a la
resistencia iraquí. Un informe de
la Agencia de Inteligencia para la Defensa
(DIA) afirmó que la resistencia está
ganando la guerra con un aumento de ataques
contra las tropas norteamericanas (NYT,
02/01/07). El Pentágono hizo su propia
investigación para buscar las “tendencias
positivas” para armar otro informe
y encontraron lo mismo. El general que encabezó
el estudio, George W. Casey Jr., concluyó
que una retirada paulatina y una reducción
de las bases, con más entrenamiento
de fuerzas iraquíes, es la estrategia
necesaria en esta situación.
Ese análisis no le cayó bien
a Bush, quien quiere lavar la cara de su
administración y ocultar la imposibilidad
de avanzar en el pantano que es Irak. El
símbolo del fracaso en Irak, el ex
secretario de Defensa Donald Rumsfeld, quien
respaldaba la perspectiva de Casey, tuvo
que resignarse después de la derrota
electoral. Rumsfeld fue reemplazado por
Robert Gates, un ex espía de la CIA
quien prestó su servicio en la guerra
fría, ayudó en el armamento
del régimen de Saddam Hussien, y
propuso bombardear a los sandinistas en
Nicaragua para impedir la “expansión
de la revolución” a otras partes
de Latinoamérica (Socialist Worker,
05/01/07). Este reemplazo no significa un
cambio de rumbo en las agresiones en el
medio oriente. Lo que sí quiere hacer
Bush es salvarse de la crisis política
que sufre y alejarse del desprestigio de
Rumsfeld en la opinión pública.
Pero sigue bajando el apoyo al mismo Bush
que ahora es sólo de un 27%.
Bush no quiere la fama por perder otro
Vietnam y por eso adopta la estrategia de
expansión, aplicando el plan de Frederick
Kagan del American Enterprise Institute.
“Eligiendo Victoria: un plan hacia
el éxito en Irak” no es nuevo,
sino lo que Kagan viene proponiendo desde
2005, cuando propuso el envío de
25.000 soldados más y criticó
a Rumsfeld por su manejo de la guerra (www.truthout.org,
11/01/07). Kagan sostiene que el plan necesita
al menos dos años más de guerra
para llegar a la victoria. Esta estrategia
le conviene a Bush porque justifica la continuación
de la violencia y miseria en Irak durante
los años que quedan de su presidencia
hasta que asuma otro que tendrá que
admitir que no se viene la victoria.
El imperialismo norteamericano es cada
vez más vulnerable mientras desarrolla
su derrota en Irak. Las palabras duras contra
Irán y Siria en el discurso de Bush
tienen al fondo un deseo de no perder la
dominación imperialista en el Medio
Oriente. Las sanciones de la ONU contra
Irán pretenden contener su política
antiimperialista e impedir el apoyo a la
resistencia iraquí. La semana pasada
EEUU mandó otro portaaviones a la
región, un hecho, dice Gates, que
pretende impresionar a Irán de que
la guerra en Irak no debilitó a los
EEUU (Associated Press, 19/01/07).
A pesar del desprestigio de Bush y la exigencia
del pueblo norteamericano de una retirada
de Irak, los Demócratas no ofrecen
una oposición real. Un grupo de senadores
(de ambos partidos) hizo una resolución
contra el envío de más tropas
por Bush, pero no tiene repercusiones legales
ni exige una retirada de tropas con un plazo
fijo. La resolución insta a un cambio
de estrategia con “más participación
de otros países en la región
en la estabilización y reconstrucción
en Irak” (Associated Press, 17/01/07).
La “estrategia de salida” de
los Demócratas no sacrificaría
la influencia imperialista en la región
para nada. Pero lo presentan como un plan
de retirada porque eso es lo que exige la
mayoría que se opone a la guerra.
La resolución dice que el proyecto
en Iraq “sólo se puede sostener
con el apoyo popular” que no tiene
la estrategia actual.
En el “Iraq Study Group” los
Demócratas colaboraron con los Republicanos
para presentar una estrategia alternativa
que exige una retirada en etapas que requiere
más tropas, más policías
y más presencia militar en Afganistán
y otros países de la región.
Además echa la culpa a Irán
y Siria por la violencia en Irak y exige
“negociaciones” con estos países
(International Socialist Review Nº
51). Considerando el discurso duro contra
Irán por los Demócratas en
sus campañas electorales, lo más
probable es que estas negociaciones servirían
para exacerbar los enfrentamientos políticos
y profundizar el conflicto.
Hillary Clinton, senadora demócrata
de Nueva York, dijo en una entrevista con
Jim Lehrer el 18 de enero, que ahora hay
que tener cuidado porque EEUU “está
en una situación peligrosa”
porque “hemos fortalecido Irán”
y que “hay peligros en Irak que no
existían antes y ahora tenemos que
buscar una manera de contenerlos”
(se refiere al crecimiento de la resistencia
iraquí). ¿Su solución?
Un “consenso entre los dos partidos.”
Ya existe un consenso entre los dos partidos:
no dejar que la resistencia del pueblo iraquí
logre vencer a los EEUU y poder consolidar
un nuevo gobierno antiimperialista.
Para terminar con la violencia en Irak
hay sólo una solución: la
retirada completa e inmediata de las tropas
norteamericanas de Irak. El movimiento antiguerra
internacional, y especialmente el de los
Estados Unidos, tiene que ser firme en exigirla.
El 27 de Enero activistas de los Estados
Unidos realizarán una marcha nacional
contra la guerra en Irak donde expresarán
el sentimiento antiguerra que no se encuentra
en los “cambios de estrategia”
de los políticos de los partidos
tradicionales.
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