| El
PO no tiene remedio
Que
el PO haya hecho de la calumnia, los ataques
a otras corrientes de izquierda y obreras
y la tergiversación de la realidad
un modo de vida y un lugar común
en su prensa partidaria no debería
ya sorprender a nadie. Sin embargo en el
Nro. 979 de Prensa Obrera, a través
de la pluma de Julio Magri (a la sazón,
hermano de Altamira) realizan un ataque
brutal a la historia militante de Nahuel
Moreno, en ocasión de “comentar”
la biografía del fundador de nuestra
corriente publicada como parte de la colección
“Fundadores de la Izquierda Argentina”
Dicho libro, que a pedido de sus editores
prologa Vilma Ripoll, destaca trazos de
la trayectoria de Moreno que parece haber
hecho montar en cólera a la dirección
del PO. Sería lícito que pretendieran
desarrollar un debate político, sin
embargo no es así. El PO tergiversa
completamente la historia para descalificar
un reconocimiento no sólo de Moreno,
sino del morenismo, la corriente más
importante de la izquierda revolucionaria
en la Argentina y una de las principales
a nivel latinoamericano e internacional.
PO: Una historia
con penas y sin gloria
El PO pretende restarle rigor al trabajo
citado, argumentando que no se contempla
el trabajo de “desmistificación”
de Moreno realizado “especialmente
por parte del PO”. Sin embargo tamaña
pedantería, no es sólo eso.
Se despachan con calumnias diversas acusando
a Moreno y a nuestra corriente histórica,
de no defender presos políticos y
hasta de… reivindicar a la dictadura
de Videla!
Llevaría mucho espacio tener que
responder cada una de las falsedades y mentiras
con las que se despachan en el artículo,
cuestión que francamente no amerita
el esfuerzo.
Seguramente lo han hecho molestos por el
reconocimiento del morenismo, un movimiento
en el que hoy no sólo se referencian
diversos grupos políticos, sino dirigentes
de reconocido rol en la clase obrera, en
decenas de fábricas, establecimientos
y gremios, en el movimiento estudiantil,
popular y de derechos humanos. No sólo
en Argentina, sino en diversos países
del mundo, como Venezuela al frente de la
UNT, en Brasil en el PSOL y decenas de sindicatos
sólo por mencionar algunos procesos.
Contrastando con el escasa incidencia internacional
de Altamira, conocido en el seno del trotskismo
como un dirigente muy limitado. Traduciendo
la oscura historia del PO, una organización
que desde su debut en 1964, ha repetido
mecánicamente su recetario político
con pobres resultados, sin variar su vocación
eterna sectaria y autoproclamatoria y sin
lograr incidir significativamente en la
realidad. Que salió del anonimato
cuando el Gramma de Cuba denunció
las componendas de uno de sus dirigentes
con la Fundación Ford. Que se abstuvo
en los setenta de intervenir en el proceso
electoral rechazando la necesitad de un
frente con candidatos obreros y mucho menos
en la construcción del clasismo del
cual fue marginal. Que pasó completamente
inadvertida en la pelea contra la dictadura,
por lo que ha despreciado históricamente
la pelea por los derechos humanos.
Que ha cometido todo tipo de barbaridades
políticas sectarias y oportunistas
que sería largo enumerar (llamado
a votar sin críticas a la Unión
Popular en el 65 “acatando”
la orden de Perón; apoyo al frente
con el Gral. Torres en Bolivia en el 71;
llamado a asumir el gobierno en pleno argentinazo
a “todos” los bloques de la
Legislatura porteña, incluidos macristas,
radicales y PJ; sólo por mencionar
algunas que nos vienen a la memoria). Y,
coherente con su estrategia nacionalista,
nunca fue capaz de construir una corriente
internacional. Por lo que se conformó
con criticar errores y aciertos del morenismo,
un movimiento al que el PO siempre observó
desde muy atrás.
Durante años, nuestro partido le
ha planteado a PO la necesidad de acordar
una política mínima común
frente al movimiento obrero y a las direcciones
burocráticas y para actuar en el
terreno político. La respuesta de
PO, con variados argumentos, siempre fue
la negativa, exigiendo autocríticas,
aduciendo principios inexistentes o impugnando
cualquier sector que no comulgue con la
visión sectaria de su organización.
Haciendo de su práctica política
el combate a toda construcción obrera
o popular a la que no puedan “controlar”.
Es necesario
aprender de los errores
El PO reacciona molesto cuando el libro
citado afirma que Moreno “reconocía
y se hacía cargo de sus errores”.
Algo que ellos ni se plantean, ya que persisten
en no sacar ninguna conclusión de
los cambios que se dieron en la realidad
especialmente luego del argentinazo. Que
a nosotros nos llevó a reflexionar
sobre la necesidad de generar un nuevo proyecto
abierto al protagonismo de los miles de
luchadores que están buscando una
nueva alternativa y rechazan las prácticas
equivocadas de la vieja izquierda.
El PO persiste en la autoproclamación
y el aparatismo hacia las nuevas direcciones
y organismos sindicales estudiantiles y
populares, rechazando construcciones diversas
como el MIC o negándose a la generación
de la unidad de la izquierda y los luchadores
para presentar una alternativa también
en el terreno electoral. Ya que les es ajena
la necesidad de ayudar al desarrollo de
los procesos de masas y subordinan todo
a lo único que les interesa: su propia
construcción.
E insiste en desarrollar un método
de ataques calumniosos habitual en su prensa
y materiales que sólo acentúan
el rechazo que generan en los luchadores
que están buscando una izquierda
que les de cabida como sujetos y no como
obligados “alumnos” de viejas
y equivocadas recetas.
Por eso -como en el Nro. 980 de su prensa-
amalgaman las posiciones del MST con declaraciones
de Mario Cafiero que no compartimos, cuestión
que no hace falta aclarar ya que nuestra
corriente tiene muertos y sufrió
los ataques de la Triple A, siendo hoy querellantes
en la causa abierta por Oyarbide. Y hacen
lo mismo con la política actual del
PS, cuyo giro llevó justamente a
la ruptura de Izquierda Unida con el PC
y que largamente criticamos en el marco
de polemizar con el Encuentro de Rosario.
El PO es el mismo que en los setenta inventó
el “frente único por la base
con el programa del PO”, más
recientemente el frente “100 x 100”
de izquierda y que siempre termina sólo,
haciendo frente consigo mismo o rodeado
por algún otro grupo sectario que
acepte su burocrática y pretendida
hegemonía.
Por eso se niegan siquiera a sentarse a
discutir la posibilidad de algún
tipo de unidad, como lo manifestaron recientemente
en una lamentable carta que respondimos
en AS nro 440.
En el marco de la necesidad de poner en
pie una nueva izquierda, seguiremos llamando
a sus militantes a reflexionar. Algo que
francamente parece muy difícil en
su dirección que viene orientando
una corriente que, según pasan los
años, es evidente que le cuesta colocar
los pies sobre la tierra y persiste en autocondenarse
a un proyecto que sólo conoce fracasos.
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