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Mujer y trabajo


Escribe: Raquel Coronel Abogada Laboralista Integrante del CADHU

La situación de la mujer, es uno de los temas importantes instalados en la sociedad. A través de sus luchas han logrado ocupar lugares antes privativos de los hombres, pero no por ello en mejor situación social y económica.
Hoy las mujeres trabajadoras se constituyen en la cabeza de casi un 30% de los hogares del país. Esto las pone en igualdad con los varones. Una igualdad que significa colocarlas en la misma situación que el hombre trabajador ante un sistema de relaciones laborales opresivo, una legislación flexibilizadora y precarizadora, falta de alternativas laborales y sociales, y la indiferencia de los que detentan el poder. También tienen sufrimientos comunes: bajos salarios (en muchos casos hasta un 30% inferior al de los varones) trabajo en negro, tercerizado, contratos basura, trabajo esclavo, acoso laboral.
Pero también tienen sus propias reivindicaciones y sufrimientos. En los lugares de trabajo no tienen guarderías y el Estado tampoco asegura jardines infantiles suficientes, las licencias por maternidad no permiten establecer un elemental vínculo sólido entre la madre y su hijo/a. Múltiples tareas le son endilgadas por la realidad social que deben vivir y padecer. Las maestras, por ejemplo, además de educar hacen de trabajadoras sociales, psicólogas, enfermeras y madres sustitutas. Son las mujeres quienes más sufren el acoso laboral de los superiores.
En el plano gremial la diferenciación es más notoria. Uno de los institutos más significativos y que hace a una legislación discriminatoria, es el llamado “cupo femenino” y por otro lado la realidad nos muestra a diario que, hasta en los gremios de mayoría femenina, los delegados y dirigentes son en general hombres, por eso es que está planteada una pelea constante para poder ocupar el lugar que por derecho les corresponde.
En las familias de trabajadores desocupados, desarrollan uno de los roles más importantes, desde atender a la familia, hasta salir a pelear por un plan, a pesar de las políticas en retroceso del gobierno en el otorgamiento de los mismos y que no tienen en cuenta la realidad de cada familia trabajadora en relación a la cantidad de hijos para poder recibir un subsidio proporcional, como debería ser. Todo esto refleja una justicia perversa.
Estas constituyen algunas de las tantas dificultades en el mercado laboral de la mujer y que también comparten, en la pelea diaria y en común, con los hombres.

 

 


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