| Ruidos
en el año electoral
El
primer día de los dos de paro de
los setenta y siete hospitales de la provincia
de Buenos Aires fue contundente, los profesionales
de la Salud organizados en la Cicop y
los auxiliares reclaman un inicial igual
a la canasta familiar que ya llegó
a los $2.400. Mientras tanto siguen los
conflictos de los maestros en varias provincias
y también de los trabajadores estatales.
En los gremios privados se están
desarrollando la discución de paritarias
y hay asambleas y reclamos en decenas
de gremios. Moyano y Yasky, es decir CGT
y CTA miran para otro lado y tratan de
no hacer olas. Mientras tanto Kirchner
sigue pretendiendo tapar el sol con las
manos y manda números dibujados
de aumento de precios, con el INDEC prácticamente
intervenido, ya nadie cree en la información
de ese organismo. Pero la carne aumentó
un 15% y ya no hay sueldo que alcance.
La guerra entre precios y salarios se
va a seguir desarrollando. Apoyar las
luchas de los trabajadores es la primer
tarea que tenemos planteada los luchadores.
Pero la pelea salarial no es el único
problema que preocupa al gobierno. La
crisis política en La Rioja, que
terminó con otro aliado del presidente
Kirchner, el ex menemista Ángel
Maza, puso a K en una encrucijada. Se
arriesga a que su candidato el ex cuñado
de Menem, Jorge Yoma, quede mal parado
para las elecciones si el presidente no
ordena la intervención de la provincia
y si la ordena se arriesga a pagar un
costo político muy alto que también
puede perjudicar a su candidato.
Por otro lado ya se anunciaron los cortes
de todos los puentes que unen al país
con Uruguay para la próxima Semana
Santa. La lucha contra la instalación
de las papeleras sigue en pie a pesar
de que momentáneamente ha desaparecido
de la tapa de los diarios.
Hasta el dengue se ha convertido en un
problema político para el gobierno
que no atina a encontrar soluciones para
la multitud de problemas que no se resuelven
con discurso y palabras huecas.
El desvelo central de Kirchner, el proceso
electoral que recorre todo este último
tramo del año, pinta complicado
en la primera gran prueba nacional que
son las elecciones de Capital. Su candidato
el ministro de Educación, Daniel
Filmus, no levanta el puntaje y las encuestas
los siguen ubicando tercero lejos. De
la mano de Alberto Fernández, el
Jefe de Gabinete de Kirchner, quieren
sumar a Aníbal Ibarra, el hombre
de Cromañón y al gerente
del Credicoop, Heller y al periodista
Bonasso.
Pero el presidente todavía mantiene
la ventaja de que la oposición
de derecha y de centroizquierda no tiene
candidatos que hagan propuestas que sean
vistas como una salida para la población
de la principal vidriera política
del país. Macri muestra la hilacha
haciendo una campaña grotesca,
utilizando el peor estilo de los viejos
conservadores, mientras que acaba de perder
a su compañero Bull Dog, López
Murphy, enojado con el presidente de Boca
por un lío de armado de la lista
de Legisladores. Con este panorama en
la Capital del país, la pelea de
fondo por las presidenciales se posterga
y sigue la incógnita de quien defenderá
los colores de la Casa Rosada en octubre
próximo, no se sabe si será
pingüino o pingüina. En la izquierda
pesa el nivel de dispersión. Pero
desde nuestro punto de vista hay espacio
para poner en pie una alternativa de izquierda
que construya sobre la base de una nueva
cultura política y pelee por superar
esa dispersión. Es un espacio importante
que hay que salir a pelear.
Así las cosas, el sábado
24 de Marzo se cumplen 31 años
del golpe de Estado genocida y hay una
nueva cita de lucha contra la impunidad.
Abiertos los juicios a los genocidas,
gracias a la nulidad de las Leyes de Obediencia
Debida y Punto Final, se consiguió
la primera condena, la de Etchecolatz.
Pero justamente lo que muestra la importancia
de esta lucha es que el testigo clave
para esa condena, Jorge Julio López
ha sido nuevamente desaparecido, y desde
el gobierno no se ha hecho nada por recuperarlo
con vida. Hay que seguir exigiendo que
Julio aparezca con vida. En el terreno
de los derechos humanos es quizás
donde más hay que pelear para que
no haya un nuevo pacto de impunidad. Para
eso trabajan no sólo los genocidas,
sino la propia Justicia en la que hay
enquistados viejos colaboradores de la
Dictadura y que hacen todos los esfuerzos
porque los juicios no avancen o por frenar
las investigaciones abiertas recientemente
sobre la Triple A. La pelea también
es contra el doble discurso del gobierno
que pretende capitalizar electoralmente
esta lucha. La pelea por el juicio y castigo
a todos los genocidas y sus cómplices
exige también de todo nuestro compromiso
militante, por eso la gran tarea de los
próximos días es la garantizar
una gran movilización en Buenos
Aires y en todas las principales ciudades
del país, para seguir avanzando
en esta lucha.
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