| El
Patotero es Kirchner
Desde
el atril de la Casa Rosada Kirchner dejó
escapar toda su furia. “Son unos cobardes,
patoteros…” dijo, hablando de
los docentes de su provincia. ¿Qué
pasó en Santa Cruz para que Kirchner
reaccionara así? Los docentes, los
trabajadores, amplios sectores del pueblo
le perdieron el miedo. Y no puede tolerarlo.
Si no cómo se explica que el presidente
acusara de patoteros a quienes fueron los
que recibieron los golpes de la Gendarmería
enviada por él mismo. Cómo
se explica que Aníbal Fernández
dijera que los heridos por la represión
se "autohirieron para dar lástima".
Cómo explica Kirchner que, recién
después de casi tres meses de conflicto,
se hubiera dignado a permitir que se abriera
una negociación para intentar amordazarla
inmediatamente con una “conciliación
obligatoria” que no tiene nada de
conciliación y sí mucho de
obligatoria. El presidente perdió
los estribos porque hay una rebelión
que lo cuestiona y lo expone, como verdaderamente
es ante todo el país, desnudando
su doble discurso.
Pero, aunque a Kirchner no le guste, algo
cambió irremediablemente en Santa
Cruz y en el país. Lo que se imaginaba
como un tranquilo año electoral se
está convirtiendo en el peor momento
de su gobierno. En meses están siendo
demolidos todos los pilares de un engaño
que durante un tiempo funcionó. La
desaparición de Julio López
y la falta de medidas por parte de Kirchner,
la derrota electoral en Misiones, el asesinato
del maestro Fuentealba y ahora la dignidad
de los valientes trabajadores y sectores
populares de Santa Cruz está terminando
para siempre con esa “tranquilidad”
que creía más duradera. No
le alcanza con anunciar obras de campaña
electoral ni buenas noticias sobre la marcha
de la economía. Y se cumple el viejo
dicho popular de que las malas noticias
nunca vienen solas. Así a la crisis
terminal del régimen totalitario
y de patrón de estancia que impuso
en Santa Cruz, le sigue el estallido del
primer caso de corrupción que moja
a su gobierno. Skanska se empieza a mencionar
como el IBM- Banco Nación de Kirchner.
Si hasta en el terreno que creía
más propicio, el electoral, está
a punto de sufrir un duro revés.
Su candidato en la Capital Federal, el ministro
de Educación que no tiene nada que
ver con los conflictos docentes, el que
dijo que no era su problema el asesinato
de Fuentealba, ese que hizo como que dio
un aumento salarial al servicio de su campaña
electoral, Daniel Filmus, figura tercero
cómodo y algunas encuestas lo dan
con un porcentaje que no llegaría
al 20% de la votación.
Y si bien su reelección o la elección
de su esposa, Cristina, todavía no
se ve empañada por ningún
competidor serio, todavía faltan
cinco meses para el 28 de octubre, fecha
en la que se realizarán las elecciones
nacionales. Y como está saltando
cada vez más a la vista cinco meses
en el país del Argentinazo, es demasiado
tiempo para confiarse.
Pero si eran demasiados frentes abiertos
se ha instalado un debate de terror sobre
la seguridad aeronáutica en el país.
Según la organización internacional
de los pilotos no es seguro volar sobre
Argentina. Y mientras la ministra de Defensa
a cargo de la seguridad de la aviación
insiste en que no hay problemas, el cineasta
y ex piloto de Lapa, Piñeiro, viene
advirtiendo sobre la inminencia de un accidente
de características catastróficas.
Por otro lado sigue sin resolución,
entre muchos otros, el conflicto de las
papeleras en la frontera de Entre Ríos
con el Uruguay y cada día aparece
un nuevo frente de tormenta.
Incluso con la agudización de conflictos
gremiales que amenazan salirse del control
de los caciques de la CGT o los de la CTA,
otra vez el ejemplo Santa Cruz.
Todos estos hechos machacan sobre la cabeza
de la población, creando un humor
social hostil hacia el gobierno. Un humor
en el que va ganando paso la desilusión
y la intuición de que se marcha a
una nueva frustración, esta vez de
la mano de Kirchner. Ese humor incentiva
las luchas por un lado y por otro abre el
espacio político para la construcción
de una alternativa verdadera. De esta situación
se desprenden las tareas que tenemos por
delante. En primer lugar seguir apoyando
con todo el conflicto de los docentes y
el pueblo de Santa Cruz hasta que se reconozcan
y satisfagan sus reclamos. El apoyo a estos
dirigentes que son distintos de los viejos
burócratas sindicales que se apoyan
en la decisión de las asambleas de
sus compañeros representados, honestos
y combativos.
Pero también para dar la batalla
electoral. En este sentido el primer round
de esta pelea que cruzará también
lo que falta del año en todo el país,
son las elecciones en la Ciudad de Buenos
Aires para las que faltan apenas 25 días.
Aquí se ha dado pasos para presentar
una alternativa por una nueva izquierda,
que representa la participación en
las listas del MST de compañeros
luchadores, independientes de izquierda,
personalidades y otras organizaciones de
izquierda encabezados por la fórmula
que integran Patricia Walsh y Héctor
Bidonde y de la que participan compañeros
como Marcelo Parrilli, Agustín Vanella
y Tomás Devoto entre muchos otros.
El país está cambiando y ya
son muchos los que están dejando
de creer en el discurso del gobierno. Hoy,
por ejemplo, frente a las denuncias del
presidente contra los docentes de su provincia,
creen que en realidad, el patotero es Kirchner.
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