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Corrupción, problemas políticos y luchas salariales

Pingüinos en apuros

El presidente Kirchner hizo el anuncio con bombos y platillos. Cancelaba el contrato con la consecionaria del ferrocarril Roca, el grupo Taselli, un empresario especialista en quedarse con los subsidios del Estado para beneficio propio y aplicar duros ajustes en las empresas que controla. El anuncio fue hecho después de que desde el propio gobierno, el ministro Fernández acusó de activistas a los furiosos pasajeros que se rebelaron contra la ineficiencia y el abuso en la Estación Constitución. Esta es una utilización electoral del problema del transporte. Porque en realidad al traspasarle la conseción al grupo Unión de Gestión Operativa Ferroviaria (Ugofe) se lo deja en manos de empresarios iguales o peores que Taselli. Ese grupo está integrado por las empresas, TBA que maneja los ex ferrocarriles Sarmiento y Mitre, Metrovías y Ferrovías. Este grupo (Ugofe) es el que maneja el San Martín que funciona igual que cuando lo manejaba Taselli. Un nuevo verso de Kirchner para tratar de tapar el sol con las manos.

Es que Kirchner quiere recuperar la iniciativa política después del derrape de lo ocurrido en Santa Cruz, de la serie de bloopers que cometió en relación a la rebelión en esa provincia y con los docentes. Y mientras, el caso Skanska se ha convertido en un gran símbolo de corrupción. Pero no lo logra, está atrás de los acontecimientos y no puede recuperar la iniciativa. Sigue recurriendo a la inauguración de obras, a los mensajes por televisión. Se larga con todo a la pelea electoral en la Ciudad de Buenos Aires para ver si puede levantar al caído candidato Filmus. Y a tratar de no seguir perdiendo popularidad en las encuestas. Perdió 20 puntos en los últimos meses.

Pero la vida transcurre por otros carriles que el presidente parece no terminar de leer. Parece haber perdido la brújula. Los conflictos sindicales crecen, el humor social se vuelve amargo hacia el gobierno, y parecen haberse acabado los tiempos tranquilos.

Su hombre más cercano, Julio de Vido, está herido por la sospecha de que desde su Ministerio es desde donde se maneja la corrupción. Y este es un verdadero problema para el presidente. Las sospechas están salpicando muy cerca del despacho del pingüino mayor. Y lo peor es que su doble discurso ya no funciona como antes.

El mal humor social está alimentado por problemas muy terrenales. La manía de Kirchner por informar números falsos en los índices de precios ya molesta, y mucho. No hay forma de encontrar en ningún supermecado los productos a los niveles que desde la Casa Rosada dicen que tendrían que estar, y los trabajadores sienten que se los quiere tomar de tontos. La inflación se come muy rápido los aumentos de salarios a los que los dirigentes sindicales les ponen un techo completamente insuficiente.

Y esto estimula las luchas y los desbordes. Los trabajadores que se han sacado de encima el chaleco de viejas conducciones, discuten palabra por palabra y letra por letra los acuerdos salariales. No aceptan conciliaciones truchas y continúan con sus medidas de fuerza. El caso de los docentes de Santa Cruz es un ejemplo de esto. Pero no son los únicos, pelean los bancarios del Nación y los trabajadores del Subte, y los ferroviarios del Belgrano, entre muchos otros en todo el país. Esta convulsión social amenaza con trasladarse al terreno político electoral.

Así las cosas el próximo 3 de junio son las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires. Un distrito clave, vidriera del humor político de la sociedad y de gran impacto nacional. A los luchadores socialistas se nos presenta una enorme oportunidad y hay que aprovecharla. Los próximos días son fundamentales para disputar el voto para la única nueva forma de hacer política que puede haber en este país. Una política de izquierda, una nueva izquierda. El MST lleva a Patricia Walsh y Héctor Bidonde encabezando sus listas en las que también participan entre otros Marcelo Parrilli y Agustín Vanella. El tramo que queda por delante en esta pelea es fundamental para lograr que la Ciudad tenga diputados de izquierda. Que son los que acompañan a los trabajadores en sus luchas, los que combatirán la corrupción del sistema, los que ayudaran a poner en pie una nueva alternativa política. Los que pondrán a los pingüinos en apuros.

 

 


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