| Los
precios se disparan
El
INDEC intervenido por Kirchner, ese al que
nadie le cree nada, anunció el índice
inflacionario del mes de mayo. Según
el organismo, Felisa Miceli, Alberto Fernández
y compañía, los precios han
aumentado durante ese mes el 0,4%. Y para
mayor felicidad de los argentinos la carne
habría bajado de precio, la leche
y otros alimentos básicos apenas
se movieron un 0,1% y así con todo.
Pero en qué país viven los
ministros de Kirchner. Cuando usted va a
la carnicería o al chino de la vuelta
de su casa a cuánto consigue la carne.
Y ni siquiera hay leche en las góndolas.
Mientras esto sucede el presidente está
concentrado en la segunda vuelta de las
elecciones de la Ciudad de Buenos Aires.
No pasa día, o mejor dicho hora del
día, en que no le dedique una gran
cantidad de tiempo a pelear los votos para
que su ministro de Educación llegue
a la Jefatura de Gobierno porteña.
Pero no solo el problema de
los precios agobia a la población.
Durante la semana más fría
en décadas, estalló la crisis
energética. Las escuelas se quedaron
sin gas, en muchas de ellas ni siquiera
habían terminado las obras de calefacción.
Lo mismo sucedió con la luz. Hubo
apagones preventivos. Pero el presidente
y sus ministros siguen diciendo que no hay
problemas de energía. Los taxis no
pudieron cargar gas y los camiones se quedaron
sin gas oil.
Mientras a diario continúan los cortes
y apagones, las empresas privatizadas en
la década de los ’90 con la
complicidad de Kirchner, siguen embolsando
cifras millonarias y desde el gobierno nacional
o los provinciales les renuevan los contratos
sin que hayan cumplido con el compromiso
de desarrollar inversiones. Y cuando ya
las perspectivas que tienen son negras,
se deciden como Repsol a vender la empresa
en 10.000 millones de dólares. Sí,
un cuarto del total de las reservas que
tiene el país.
Y como la segunda mitad del
año va a estar cruzada por las elecciones,
que ya empezaron con las de la Ciudad de
Buenos Aires, Kirchner no para de hacer
campaña.
Para ello recibe la ayuda de los dirigentes
de la CGT que están pactando una
paz social hasta después de diciembre
próximo a cambio de un miserable
aumento en el salario mínimo y de
un importante subsidio de salvataje de las
obras sociales sindicales. Es decir, de
la caja negra de los dirigentes.
La CTA por su parte especula con conseguir
su personería gremial, y negocia
para que se la otorguen los casi congelados
salarios de los estatales y los docentes,
el otro gremio importante de la CTA que
es dirigida por un ex maestro que hace años
no pisa una escuela. Mientras tanto los
docentes que están al frente de las
aulas tienen que salir a pelear desbordando
a esta dirigencia, y con direcciones combativas
al frente para recuperar salarios y derechos
conculcados, como lo hicieron neuquinos,
santacruceños y salteños,
entre otros.
Es que el presidente está muy ocupado
con las elecciones y no puede resolver el
conflicto de los trabajadores del Casino
flotante, ni el de los del Francés,
ni tantos otros conflictos obreros y populares
que cruzan el país.
El apoyo a esas luchas, la solidaridad y
la colaboración con los dirigentes
que se ponen al frente de las peleas, buscando
coordinar para estar más fuertes
y también, por qué no, la
lucha electoral, son las tareas que tenemos
por delante.
Junto con esas luchas reivindicativas,
las de organización independiente
de los luchadores y las batallas políticas,
también tenemos que reclamar por
medidas políticas para que no sean
los trabajadores y el pueblo los que paguen
la inflación, el desabastecimiento
y la crisis energética. Hay instrumentos
para ello, como por ejemplo la Ley de Abastecimiento,
y tenemos que exigir que se apliquen. Pero
tenemos que seguir desnudando el doble discurso
de Kirchner al tiempo que damos pasos para
avanzar en una organización de una
alternativa política nuestra, de
los luchadores, los sectores populares y
la izquierda. Para que no sean dirigentes
de la derecha como Macri, los que capitalicen
el fracaso en el gobierno de un falso progresismo
de centroizquierda como está ocurriendo
en la Ciudad de Buenos Aires.
Para todas esas tareas es que está
la banca conquistada por la Lista 38 del
MST, que logró meter como diputada
a la compañera Patricia Walsh. Al
servicio de echar a andar una Nueva Izquierda.
|