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Ante la convocatoria a la Asamblea Universitaria del 6 de agosto

Reclamamos que decida toda la comunidad universitaria

La Asamblea Universitaria que sesionó el 18 de diciembre de 2006 en el Congreso de la Nación -tras un vallado y con un inusual operativo policial que incluyó docentes y estudiantes detenidos- pasó a cuarto intermedio hasta el día 1 de julio, día que como sabemos no se reanudó la sesión. Ahora el Consejo Superior ha llamado a una nueva Asamblea para el día 6 de agosto, en la que las camarillas universitarias -que controlan la asamblea- pretenden “cambiar algo (del Estatuto Universitario) para que nada cambie”, y ya lo han anticipado en las comisiones de la asamblea donde se negaron a avanzar en lo sustancial: que es cambiar la composición de los órganos de gobierno para luego de ello reformar íntegramente el Estatuto. Incluso el viejo shuberoffismo quiere “meter por la ventana” medidas reaccionarias como institucionalizar el CBC para consolidarlo como filtro para ingresar a las carreras.
Es evidente que nada bueno se puede esperar de quienes controlan esa Asamblea Universitaria, porque representan intereses completamente distintos a los de las mayorías de la universidad y su respuesta frente a los reclamos y planteos son la patoteada o la represión como la que se vio el jueves pasado en el Rectorado a los trabajadores del hospital de Clínicas.
Por ello es necesario movilizarse a la asamblea y exigir que sea la comunidad universitaria en su conjunto la que discuta y resuelva qué reforma hace falta. En ese sentido consideramos una burla realizar la asamblea en época de receso. Por ello vamos a plantear que la asamblea vuelva a realizarse en período lectivo y que previamente se realice un plebiscito de carácter vinculante para que toda la UBA vote qué reforma quiere y necesita.
Vamos a la asamblea también a plantear que deben tomarse medidas urgentes y eficaces para resolver la gravísima situación presupuestaria que atraviesa la UBA, que pongan en estado de alerta a toda la comunidad universitaria y que incluso puedan llegar a resolver el no inicio de las clases hasta que el Ministerio de Educación envíe las partidas que se reclaman desde hace años.
Lógicamente por el carácter de esta asamblea nada se puede esperar de ella y por ello se vuelve imprescindible que la comunidad tome en sus manos el problema y para contribuir a ello es muy importante seguir trabajando en el sentido de desarrollar espacios como el que comenzamos a poner en pie el día sábado 7 de julio en la Facultad de Cs. Sociales junto a otras agrupaciones estudiantiles y trabajadores docentes y no docentes. Debemos lograr que ese espacio permita nuclear a quienes queremos transformar la universidad, trabajando en la búsqueda de acuerdos y debatiendo fraternal y pacientemente las diferencias que surjan, para desarrollar y consolidar una corriente de opinión que logre establecerse como tal dialogando con el conjunto de la comunidad universitaria. Esa corriente que existe objetivamente pero que se encuentra desarticulada deberá organizarse para luchar en los órganos de gobierno contra los representantes de las camarillas universitarias pero también para reconstruir y dinamizar al movimiento estudiantil, docente y no docente y allí también será necesario disputar políticamente con los posicionamientos sectarios que han colaborado – a veces utilizando métodos burocráticos- con el vaciamiento de las organizaciones gremiales y estudiantiles.

 


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