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Varizat criminal

Kirchner y Cristina cómplices

El país asistió espantado al episodio en que Daniel Varizat, un funcionario kirchnerista de toda la vida, les pasó literalmente por encima, con su poderosa camioneta de dos toneladas de peso, a 20 trabajadores. Atropelló, además, a centenares de los miles que realizaban una manifestación de repudio a un acto de campaña de Kirchner y Cristina en la Ciudad de Río Gallegos. Cuatro de los heridos continúan aún hospitalizados, una docente en grave estado. Kirchner y Cristina no dijeron una palabra. El gobernador, manejado a control remoto desde la Casa Rosada, calificó de irresponsable al ex ministro. El repudio fue y es generalizado, y el hecho se convirtió en una nueva chispa que encendió la rebelión santacruceña. La provincia que lo vio gobernar por doce años seguidos, sigue desnudando frente al país el totalitarismo de Kirchner y la impunidad con que todavía creen que se manejan sus amigos, funcionarios y partidarios. Pero ya nada es igual en la lejana Santa Cruz. Y el hecho tuvo una onda expansiva que va a golpear al presidente y a su esposa candidata en todo el país. La respuesta popular del pueblo santacruceño volvió a mostrar que los elementos del Argentinazo están vivos y reaparecen. El fantasma del 19 y 20 de diciembre de 2001 se corporiza y obliga a la Justicia a mantener preso al ex ministro, obliga a echar al odiado Jefe de Policía Roque, y acorrala al gobernador Peralta y al matrimonio presidencial, obligándolos a dar aumentos salariales.

Para Kirchner este hecho es uno de los más graves desde que asumió el gobierno en el 2003. Pero no es el único y seguramente no será el último. En los tiempos políticos que ha entrado el desgaste del “pingüino”, como gusta llamarse, hasta octubre -cuando se haga la elección presidencial, por no decir hasta el 10 de diciembre donde dejaría de ser el presidente- falta un siglo.

La velocidad con que ha quedado al desnudo el doble discurso que supo construir con una enorme actividad mediática y proselitista, es decir con puras palabras e imágenes y sin medidas de fondo a favor del pueblo trabajador, se ha acelerado brutalmente.
El costo inmediato lo está pagando la candidatura de Cristina.

Pasadas las primeras ilusiones y la bruma de las palabras vacías, lo que aparece con fuerza es el país post Argentinazo. Este gobierno ha demostrado en los últimos meses una incapacidad manifiesta para “normalizar” el país como reclaman cada vez en voz más alta los grandes sectores patronales.

En el mismo sentido se debate la oposición patronal. Porque sucede que ninguno de los candidatos apadrinados por el sistema puede amenazar un triunfo electoral de Cristina, en esta situación de declive pronunciado de la imagen positiva. Y a lo sumo especulan con que la Senadora continúe perdiendo votos y no alcance el 40% para evitar la segunda vuelta. Es que los carteles y las consignas que hoy pueblan las calles de Santa Cruz, como por ejemplo el renacimiento del “Que se vayan todos”, los afecta también a ellos, aunque de manera indirecta ya que no son los que gobiernan. Lavagna no supera el 10% y Carrió busca aliarse con su viejo compañero radical López Murphy, para ver si alcanzan un porcentaje que los ubique segundos y si el gobierno sigue autodestruyendo su caudal actual, pueda producirse el milagro que no lograran concretar solos.
La única ventaja con que cuenta hoy el Frente para la Victoria es que tiene la oposición que tiene.

Así las cosas, el espacio político para una alternativa de los trabajadores, la izquierda y los sectores populares se amplía a diario. Las propuestas y los planteos realizados por los sectores que proponemos salidas de fondo para el pueblo pobre y el país, somos escuchados con simpatía. Sin embargo, no hemos logrado todavía poner en pié una herramienta política que pueda disputar el gobierno.

Aquellos que continúen por el camino del oportunismo e intenten reeditar experiencias frustradas como las del Frente del Sur, el Frente Grande o el propio Frepaso, a las que ahora habría que sumarle el ARI sin Carrió, serán arrastrados por una nueva frustración. Mientras que los que continúen por el camino del sectarismo, de la autoproclamación y el dogmatismo, seguirán su camino de división hasta el infinito, sin obtener el reconocimiento de la gente.

Ese espacio enorme para una salida de izquierda y popular tiene que encararse con una Nueva Izquierda. El MST, junto al espacio por una Nueva Izquierda, se postulan y dan pasos en el camino estratégico de poner en pie esa herramienta que hoy está ausente.

Por eso, para la enorme oportunidad de disputa que representan las próximas presidenciales, es necesario salir a dar la batalla con todas las fuerzas. La experiencia de la Ciudad de Buenos Aires muestra que es posible. Para ello, alejarse tanto del oportunismo como del sectarismo, son una condición previa. Lo mismo que confluir con los compañeros independientes y sectores de izquierda que hayan sacado conclusiones similares. Buscar acuerdos y alianzas con un programa antiimperialista y anticapitalista, incluso con sectores que provengan de experiencias que no sean de izquierda. También con los sectores de izquierda que estén dispuestos a aceptar el desafío y a correr los riesgos que todo cambio implica.

Si la búsqueda de amplitud en la que estamos embarcados no se consigue en esta oportunidad, lo importante es salir a jugar con todas nuestras fuerzas y la mayor amplitud lograda, escuchando, aprendiendo del movimiento de masas, cambiando lo que tengamos que cambiar y afirmando lo que tengamos que afirmar. Por eso seguiremos bregando hasta el último día en lograr ese objetivo de amplitud y ya hemos dado algunos pasos en ello. El espacio de Nueva Izquierda ya ha acordado con REDES del diputado Tinnirello. Y seguiremos los esfuerzos por ampliar. La precandidatura de Vilma Ripoll y de los otros compañeros del espacio de Nueva izquierda está al servicio de eso.

Mientras hacemos esto, la vida de todos los días exige acompañar con todas nuestras fuerzas las luchas del pueblo trabajador. Hoy especialmente lo tenemos que hacer con los docentes, los trabajadores y el pueblo de Santa Cruz, aunque no sean los únicos con los que tenemos que compartir la lucha. Pero la nueva rebelión santacruceña, que ya logró arrancar algunos primeros triunfos parciales como que Varizat esté preso, que se haya tenido que ir el Jefe de Policía y que el gobierno haya tenido que empezar a aflojar algunos pequeños aumentos, merece todo nuestro apoyo. Pero sobre todo, tenemos que acompañar la lucha por el castigo, manteniendo en la cárcel al asesino Varizat y al mismo tiempo redoblar fuerzas para castigar políticamente a Kirchner y Cristina, que son sus cómplices.

 


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