| El
país que proponemos
La
campaña presidencial, como las campañas
locales están vacías de propuestas.
Se repiten palabras como exclusión
social, salud, educación, y se habla
de cambios políticos e institucionales.
Desde la oposición tradicional se
denuncia la corrupción y el clientelismo
de los políticos. Pero ni “la
profundización del cambio”
que propone Cristina Kirchner, ni el Contrato
Moral de Carrió y su Coalición
Cívica, ni las propuestas de Lavagna
o López Murphy, son salida para los
sectores populares, los trabajadores y los
más humildes. Aquí presentamos
algunas de nuestras propuestas.
Desde
estas páginas queremos debatir con
nuestros lectores, algunas de las principales
ideas que hacen a un modelo de país
distinto (con otras, como por ejemplo que
hacer con los servicios públicos
privatizados, lo seguiremos haciendo en
los próximos números). Un
país con verdadera democracia, justo,
igualitario, independiente, integrado a
los pueblos de América Latina, que
apoyado en la lucha de las grandes mayorías
laboriosas, se encamine al socialismo.
Nivel de vida,
salarios, trabajo y necesidades básicas
A cada cual de acuerdo
a su necesidad y de cada cual de acuerdo
a su capacidad. Una sociedad solidaria debe
seguir este precepto. Vivimos en un país
con 40 millones de habitantes y que es capaz
de alimentar a 300 millones de personas
por año. Sin embargo la desigualdad
social sigue creciendo desmesuradamente.
Los ricos son cada vez menos en número
pero más ricos y los que están
en la base de la pirámide social
son cada vez más numerosos y más
marginados y pobres. No se puede seguir
tolerando esta situación sobre todo,
después de 5 años continuos
de crecimiento económico y con 40.000
millones de dólares de reservas en
el Banco Central. Hay que utilizar estos
recursos al servicio de un plan democráticamente,
debatido, organizado y controlado por el
pueblo trabajador. Nadie puede estar sin
trabajo, ni ganar un salario menor que la
canasta familiar real, ninguna familiar
puede estar sin vivienda, sin salud , sin
educación ni acceso a la cultura.
Esta debe ser la prioridad número
uno. Los recursos para poder hacerlo existen
si dejamos de pagar la deuda externa, por
ejemplo. No hace falta esperar ningún
“derrame” económico,
que nunca llega. Con esos recursos se puede
poner en marcha inmediatamente un plan de
esas características.
Recursos naturales
y medio ambiente
El petróleo,
el gas, los minerales, los bosques, la tierra,
el agua, todos los recursos naturales están
expoliados, fueron entregados y están
siendo usufructuados por multinacionales
que los agotan, no hacen inversiones y luego,
cuando dejan tierra arrasada, levantan sus
instalaciones y donde hubo producción,
pueblos, ciudades, caminos, etcétera,
queda puro desierto. Ya paso en otras épocas.
Lo mismo sucede con la tierra, enormes extensiones
apropiadas por fondos buitres que proceden
a una salvaje explotación que agota
los suelos. A esto hay que agregarle la
tala de bosques que eliminan especies que
nunca volverán a crecer. Degradan
los suelos, desatando cambios climáticos
que provocan desertificación o inundaciones.
La contaminación sin control de los
ríos y los cursos de agua naturales
provocando una contaminación que
enferma y mata a los pobladores y destruye
la propia vida en el agua. Y la contaminación
de las napas de agua potable que producen
efectos similares. Los recursos naturales
no pueden estar en manos privadas. Estos
recursos son, de hecho, nacionales y deben
ser nacionalizados, estatizando las empresas
que los explotan, al tiempo que se elabora
un plan de utilización nacional sustentable
de esos recursos construido y controlado
por los trabajadores y los sectores populares
de manera democrática.
Esta democracia
es una farsa
La elección
del domingo 2 de septiembre en Córdoba
volvió a mostrar el cinismo de un
sistema político profundamente antidemocrático.
Donde los viejos aparatos hacen cualquier
maniobra para conservar el poder al servicio
de los grandes grupos económicos.
Es necesaria una verdadera reforma política,
un nuevo sistema político donde el
que mande sea el pueblo y no los aparatos
corruptos que destruyeron el país.
Donde los funcionarios cobren el salario
promedio de los trabajadores y la población.
Que pueda ser revocado su mandato de manera
simple y directa. Con sistemas de participación
y democracia directa y con poder efectivo
para que los sectores populares puedan controlar
a los funcionarios, debatir y aprobar o
rechazar los presupuestos etcétera.
Donde se anulen los decretos de necesidad
y urgencia y los superpoderes Donde la justicia
deje ser una justicia de los poderosos,
que apaña la impunidad. El pueblo
debe poder elegir y sacar a los jueces y
fiscales y debe poder participar directamente
a través de jurados populares, para
garantizar que los corruptos no sean premiados
con nuevos puestos o embajadas sino que
vayan a la cárcel. Donde no valga
más la propiedad y las ganancias
de las multinacionales, los bancos y los
grandes grupos económicos que la
vida y las necesidades del pueblo trabajador.
Un sistema en el que sea el pueblo trabajador,
con sus organizaciones, el que determine
si hay que pagar la estafa de la deuda externa.
Por eso creemos necesario convocar a una
Asamblea Constituyente Libre y Soberana
que, entre otras medidas, cambie de raíz
el actual sistema político.
La vieja política
no va más, por una Nueva Izquierda
La crisis y la rebelión
del 2001 terminaron con una etapa en el
país. La de la alternancia en el
gobierno de los viejos partidos del sistema.
Pero la vieja política sigue dominando.
Durante un tiempo Kirchner pudo engañar
a una parte importante de la población
diciendo que enfrentaba a la vieja política.
Sin embargo sus acciones, los socios que
eligió y todo su gobierno hicieron
que una gran parte de aquellos que creyeron
en el ya no le crean. Otros también
intentan reciclarse, como López Murphy
o Lavagna. Y Carrió en la que también
muchos depositaron expectativas también
está mostrando que no tiene nada
nuevo para ofrecer. Pero hay un sector de
la izquierda, la que no sacó las
conclusiones de lo ocurrido en el país
después del Argentin-azo, que también
forma parte de lo viejo.
Los sectarios que pretenden tener la verdad
revelada, que quieren enseñarles
a los luchadores a pelear o a los trabajadores
a pensar, sin aceptar los matices o las
diferencias. O los oportunistas que vuelven
a intentar acuerdos con la centroizquierda,
acuerdos de un progresismo trucho que ya
fracasó.
Para enfrentar la vieja política
hace falta una Nueva Izquierda, amplia,
no dogmática ni sectaria, capaz de
construir en base a acuerdos con la gran
cantidad de sectores de la izquierda social,
los luchadores y personalidades que proviene
de distintas tradiciones e historias que
hay en el país.
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