| Condenaron
al genocida Von Wernich
Christian
Federico Von Wernich, ex capellán
de la Policía bonaerense, confesor
de Camps y asiduo visitante de los campos
de concentración del circuito Camps
fue sentenciado el martes 9 de octubre a
la pena de reclusión perpetua por
el Tribunal Oral Federal Nº 1 (el mismo
que condenó a Miguel Osvaldo Echecolatz).
La pena fue por considerarlo culpable de
7 homicidios, 42 casos de privación
ilegal de la libertad (secuestros), y 31
casos de tortura. El Tribunal consideró
además que éstos fueron “delitos
de lesa humanidad cometidos en el marco
del genocidio que tuvo lugar en Argentina
entre 1976 y 1983”.
La sonrisa sobradora, los gestos burlones,
las palabras amenazadoras del cura genocida
no pudieron hacer mella en los compañeros
presentes en la sala, ni en los cientos
que, bajo una lluvia torrencial, seguían
el juicio en la calle. Tampoco pudo evitar
que estalláramos en un grito de felicidad
cuando se escuchó la sentencia.
Von Wernich es uno de los pocos genocidas
condenados desde la caída de las
leyes de impunidad que impulsara Patricia
Walsh mientras fue diputada. Es el segundo
condenado por éste Tribunal, el anterior
fue Etchecolatz.
El juicio de Von Wernich fue muy importante
ya que se avanzó sobre instituciones
que fueron parte del genocidio y que hasta
ahora no habían sido investigadas
ni condenadas, como la Iglesia Católica.
Iglesia que aun hoy sigue insistiendo con
negar o ningunear lo que pasó, basta
leer las declaraciones de Bergoglio a nombre
de la Iglesia, donde dicen que Von Wernich
es “una oveja descarriada”
Con las decenas de testigos que declararon
también quedaron a la vista las complicidades
de los medios de comunicación, del
Poder Judicial, de los empresarios y los
sindicalistas traidores en la dictadura.
Fue además un juicio importante pues
era el primero tras la desaparición
de Julio López, testigo en el juicio
a Etchecolatz y aún desa-parecido,
y muchos dudaban de qué actitud tomarían
los familiares y sobrevivientes. Una vez
más el miedo fue derrotado, nadie
se negó a declarar, sino todo lo
contrario, y quedó en evidencia la
necesidad de empezar a unificar las causas,
a realizar juicios por campo o centro clandestino
de detención, ya que muchos testigos
fueron los que expresaron que ya habían
declarado en otras causas, que volverán
a declarar pues falta encarcelar a muchos
genocidas, pero que sin embargo es muy doloroso
y costoso sentarse cada vez a narrar las
torturas, las muertes, el dolor que sufrieron.
Esto se evitaría con la unificación
de causas, al tiempo que aceleraría
los juicios.
El juicio tuvo también algunos sabores
amargos, entre ellos estuvo el papel de
la Fiscalía, los representantes del
Estado y el Gobierno en el juicio. Éstos
pidieron la absolución de Von Wernich
en uno de los casos de homicidio, pues argumentaron
que una de las víctimas, Morettini,
supuestamente habría sido vista por
una persona en la cola de un banco... esto
se supo por el testimonio de una testigo
que lo había escuchado de boca de
alguien que le contó que el hijo
de una sobreviviente lo había dicho...
¡De eso se agarró la fiscalía
para hablar de “duda razonable”
e incorporar el discurso de la derecha y
la dictadura, que no se cansan de decir
que los desaparecidos están vivos
y en Europa o el Caribe, o como insistía
el Gobierno hasta hace poco, que Julio López
esta vivo y en la casa de una tía!
Una barbaridad desde el punto de vista jurídico
y una aberración desde lo político,
no pueden a más de 30 años
seguir sembrando la duda en la sociedad
y en los familiares de las víctimas
del terrorismo de Estado!
Pese a esto, a las amenazas a los testigos,
el cura genocida tuvo su sentencia, y la
festejamos. Pero sabemos que no podemos
parar acá, que está demostrado
que hubo un genocidio y que Von Wernich
era una pieza de un aparato terrorífico.
Hay que ir por el resto. Debemos seguir
luchando para que estén presos todos
los genocidas y sus cómplices y para
que haya justicia por todos los compañeros!
Tenemos que seguir movilizados, pues es
la única garantía de que la
Justicia avance y se termine la impunidad.
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