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Francia:

Todo se acelera

En Francia, todo se acelera. ¡No fueron siquiera necesarios cinco meses para que, después de la elección de Nicolas Sarkozy que sueña ser el Thatcher francés, la lucha de clase reanude sus derechos, y cómo.

Una situación explosiva

Las huelgas se multiplican, en todos los sectores. Huelga de los estudiantes en medicina contra las cuotas de ingreso que el Gobierno quería imponerles (victoriosa al cabo de diez días). Quinto día de huelga, al momento de escribir este artículo, de las azafatas de Air France por aumentos de salarios, paralizando todo el transporte aéreo. Huelgas en decenas de empresas y de fábricas principalmente contra los despidos, las deslocalizaciones (llevar fábricas a otro país) y por los salarios. Una rebelión general de los abogados y jueces contra la reforma de la tarjeta judicial que prevé el cierre de centenares de tribunales, y a favor de modernizar la justicia. finalmente huelga general de los ferroviarios, de los asalariados del metro (subte) y los empleados de EdF-GdF (electricidad y gas) el 18 de octubre pasado, una huelga que se pasó a llamar «la gran huelga» por su masividad. Y dista mucho de terminarse. Esta huelga tenía por objeto impedir una reforma, pedida por Sarkozy, de los regímenes especiales de jubilación. Para incluir la importancia capital de esta huelga y sus consecuencias, que determina toda la situación política del momento en Francia, es necesario explicar de qué se trata.

Una conquista de 1945

Desde 1945, existe en Francia un sistema de jubilación que es la consecuencia del sistema de seguridad social a la «francesa». Se basa en el siguiente funcionamiento: los activos contribuyen para las jubilaciones y los bienes de los enfermos. El dinero de esta solidaridad obrera viene esencialmente de lo que se llama un salario diferido, es decir, una parte del salario que, en vez de pagarse a los trabajadores, va a abastecer una caja común nacional. Es una conquista de 1945 arrancada en huelgas insurreccionales a la patronal francesa completamente implicada en la colaboración con los nazis y que ante los trabajadores, inmediatamente después del 2° Guerra Mundial, tenía miedo de perderlo todo. Hasta 1993, todos los trabajadores franceses del sector público como del privado debían trabajar 37 años y medio para pretender una jubilación plena. Esta jubilación plena se calculaba a partir de los diez mejores años de salario para el trabajador privado y a partir de los seis últimos meses para los trabajadores del Estado. En 1993, el Gobierno de entonces (Mitterrand “socialista” y Balladur, Primer Ministro de Derecha) impuso al sector privado el paso a 40 años de aportes, obligando al trabajador del sector privado a trabajar dos años y medio más. Pero no fue todo.
El cálculo para tener el máximo de la jubilación plena fue impuesto sobre los 25 mejores años de la carrera. Resultado: las jubilaciones del trabajador del sector privado cayeron cerca del 30%. Además, la edad inicial legal del derecho a la jubilación en Francia es de 60 años, excepto algunas excepciones.
En 1995, el Gobierno de Chirac (Juppé, Primer Ministro) intentó imponer a los ferroviarios, a los empleados del metro y a los funcionarios, el paso a 40 años de aporte para alinearlos con el sector privado. Esto en nombre de la “equidad social”, un razonamiento cínico e hipócrita que todos los patrones y gobiernos emplean bajo todas las latitudes: «no pueden guardar lo que tienen ya que hay gente peor que ustedes». Todavía se recuerda la inmensa movilización de los ferroviarios y del sector público que obligó a Juppé a retroceder después de un mes de huelga y manifestaciones que fue el resultado de un desborde formidable de los asalariados contra sus direcciones sindicales que no querían hacer la huelga general. En 2003, una nueva ofensiva, esta vez la reforma se llamó Fillon, nombre del Primer Ministro de Derecha de entonces.
Fillon consigue finalmente alinear a los trabajadores del Estado (5 millones aproximadamente) a 40 años de aporte como en el sector privado. Es necesario decir que Fillon tuvo la colaboración de las direcciones sindicales que estaban muy de acuerdo con la reforma. Las burocracias sindicales desgastaron a los trabajadores «jornadas de acción» es decir, huelgas de un día por semana a lo largo dos meses. Esta división sindical permitió al Gobierno conseguir sus fines, tanto más que la 2° central sindical francesa, el CFDT, había firmado esta reforma. Hoy solo quedan algunos pocos sectores que aún tienen 37 años y medio de aportes: los ferroviarios, los empleados del metro, los empleados de EdF-GdF, los marineros pesqueros... son los que tienen los llamados regímenes especiales. Además de contribuir 37 años y medio, tienen el derecho a jubilarse, habida cuenta del carácter insalubre de su trabajo, por ejemplo a los 50 años para los conductores de tren o los 55 años para los otros ferroviarios... constituyen así en Francia «los últimos de los mohicanos».

La respuesta de la clase obrera

Sarkozy, en nombre de la “equidad social” quiere ponerlos de rodillas. Todo el mundo en Francia comprendió que si Sarkozy conseguía alinear estos regímenes especiales a los 40 años de aportes, podría pasar a otras dos etapas:
1) Hacer trabajar a la clase obrera aún mucho tiempo más: 41 años en 2012, 42 años en 2016, y luego 43 años, etc.
2) hacer pasar el cálculo de las jubilaciones a partir de los 25 mejores años en vez de los 6 últimos meses (sobre un 75% del salario bruto) para los trabajadores del Estado lo que provocaría una caída brutal de cerca de un 40% del nivel de las jubilaciones según los propios sindicatos. En resumen, Sarkozy sueña hacer lo que Tatcher hizo en Inglaterra: someter a la clase obrera, romperle los riñones. El 18 de octubre pasado la huelga contra esta reforma fue de un nivel histórico nunca alcanzado incluso en 1995 con un 75% de huelguistas ferroviarios según las cifras oficiales del Ministerio de Transportes, mientras que la huelga de 1995 había alcanzado la cifra del 70%... El 18 de octubre, ni un tren, ni un subte circuló en Francia, el país se paralizaba de norte a sur, y de este a oeste. Los ferroviarios, los trabajadores del gas, los electricistas... respaldados en las manifestaciones por los obreros del sector privado, han indicado que no se proponían dejar los 37 años y medio.
Frente a eso, las direcciones sindicales multiplican las maniobras. Al día siguiente del 18 de octubre las direcciones sindicales, comenzando por la CGT (de dirección del PC Francés o cercana) mayoritaria en este sector, no han llamado a la continuación de la huelga mientras que muchos centros de ferroviarios y el subte siguieron con todo a pesar de la ausencia de consignas sindicales. La CGT pidió «un espacio de negociación» según los términos de sus dirigentes. En cuanto a los partidos políticos de izquierda como el PS estaban también por la reforma de los regímenes especiales. Ségolène Royal, ex candidata a la elección presidencial, que fue a sostener a Cristina Kirchner (ya que es, según ella, una mujer de izquierda!) se pronunció así como su partido, ya durante la campaña electoral, por la reforma anti obrera.

Hacia la confrontación

Pero en Francia, todo se acelera. Sarkozy creyó que después de su elección (debida al hecho de que una parte de la base electoral pequeña burguesa tradicional del PS votara por él puesto que los dos programas de Ségolène Real y de Nicolas Sarkozy eran hermanos gemelos) podría enfrentarse a la clase obrera sin demasiados problemas. Mal cálculo. Para él los problemas comienzan. El cielo se obscurece sobre él. Su mujer Cécilia hasta acaba de dejarlo y eso da lugar en Francia a una verdadera «novela» a la brasileña y los manifestantes del 18 de octubre por otra parte habían escrito carteles: «Sarko tu misma mujer no te quiere». También pensaba mejorar su imagen con una victoria del equipo de rugby de Francia y en consecuencia de su Director Técnico Bernard Laporte. Ni siquiera eso le salió. El equipo de rugby de la Argentina le hizo dos veces lo que los asalariados franceses le hicieron sufrir el 18 de octubre y Bernard Laporte, amigo de Sarkozy, entró al Gobierno como Secretario de Deportes sobre la base de una derrota.
Los militantes de La Commune que hicimos la huelga y nos hemos manifestado el 18 de octubre, seguimos el combate con los trabajadores hasta la retirada de las medidas Sarkozy y por la huelga general.
Sarkozy busca la confrontación. No es seguro en absoluto que la ganará. Todo lo contrario.

Pedro Carrasquedo, Elie Cofinhal,
Francia 28 de octubre - La Commune

 

 

 


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