| El
fraude un recurso cada vez más común
En
todas las elecciones hay pro
blemas, boletas que no llegan,
boletas que se roban. Pero todos coinciden
que en la última este recurso fue
muy superior al realizado en cualquier elección
anterior. Ya le habían hecho fraude
a Juez en Córdoba. Ahora el Frente
para la Victoria de Cristina Kirchner, lanzó
un masivo y coordinado operativo para robar
descaradamente las boletas de los partidos
de oposición.
El operativo empezó en el correo
que en muchos municipios no envió
a las mesas las boletas entregadas por los
partidos, y en otros casos solo envió
pequeños fajos de boletas muy inferiores
a los entregados. Luego, a partir del mediodía,
el gobierno asustado por algunas encuestas
a boca de urna que abrían la posibilidad
del ballotage, lanzó un operativo
cuyo centro fue el conurbano bonaerense
pero que se sintió también
en distintos puntos del país, que
no solo hizo desaparecer las boletas de
la Coalición Cívica sino también
las de otros partidos, entre ellos el nuestro.
Tan brutal fue el operativo que se robaban
las boletas de los partidos más de
tres veces y dejaban a los fiscales sin
boletas de reposición. Hasta en la
Capital Federal donde esta práctica
era poco habitual se robaron montones de
boletas. Y no faltaron las picardías
de colocar boletas de otro municipio, para
que se anule el voto a intendente y concejales
a la hora del escrutinio.
Junto a los representantes legales de la
Coalición Cívica, Concertación
UNA, Proyecto Sur, Frejuli, PSA y el Movimiento
Provincias Unidas, nuestro partido el MST
realizó las denuncias correspondientes
ante la Justicia Electoral. Luego se sumaron
a este recurso los representantes del PO
y del PTS. Nuestra compañera candidata
a presidente Vilma Ripoll denunció
también ante los medios el robo de
nuestras boletas en todo el país,
así como la falta de envió
del Correo Argentino en la provincia de
Chubut donde con un gran sacrificio pudimos
reponerlas varias veces porque las robaron
sistemáticamente. No tuvimos las
mismas posibilidades en Formosa, Misiones,
Corrientes, Chaco, La Pampa, y La Rioja,
donde prácticamente no tuvimos boletas
durante toda la elección. Lo mismo
sucedió en una importante cantidad
de localidades de Buenos Aires.
La respuesta por parte del gobierno no podía
ser más cínica. Por la boca
del Ministro del Interior Aníbal
Fernández, se minimizó el
problema y se le echó la culpa a
los fiscales de los partidos que según
Fernández tienen que hacerse cargo
de cuidar las boletas. O sea que primero
te roban y luego es culpa de las víctimas
del robo.
Algunos periodistas se han preguntado porque
el gobierno que tenía una elección
asegurada por amplio margen, promovió
un robo innecesario. La realidad es que
tras el discurso de la nueva política,
esta un gobierno conciente en que esta parado
sobre una profunda crisis y no esta dispuesto
a resignar ninguna maniobra fraudulenta
con tal de asegurarse el poder. Por eso
a pesar de que amagan, no quieren mecanismos
electorales más transparentes como
el voto electrónico y mejorar los
controles de los fiscales. Las maniobras
fraudulentas se complementaron con la generalización
del sistema de acoples, sumatorias y leyes
de lemas legales o encubiertas que permitieron
que el oficialismo y los partidos del régimen
tuvieran decenas y hasta centenares de boletas
distintas colgadas del mismo candidato a
presidente o a gobernador, confundiendo
a los electores en un mar de boletas que
tributan a los candidatos de siempre.
En la mayoría de las mesas los únicos
fiscales eran los del oficialismo, que es
el único que a través del
control del aparato estatal puede poner
mucha plata, presionar a los empleados municipales
y a todos los que dependen de sus prebendas
clientelares, para compensar el desinterés
creciente por participar activamente como
fiscales voluntarios de los partidos tradicionales.
Desinterés que también se
manifestó en la renuncia masiva de
autoridades de mesa. Por todo esto muy posiblemente
el fraude haya continuado en el recuento
de votos, que en la mayoría de los
casos recayó exclusivamente en el
aparato del oficialismo.
Muchos analistas señalan estos hechos
y llaman desesperadamente a reconstruir
los partidos. Difícilmente lo logren.
La crisis actual tiene sus raíces
en la rebelión del 2001, que terminó
por desarticular el sistema tradicional
de partidos en la Argentina, en particular
sus dos fuerzas más poderosas: el
PJ y la UCR.
Por eso solo una profunda reforma política
que cambie de raíz con este sistema
corrupto cada vez más cuestionado
por el pueblo puede terminar con el fraude
electoral, un mecanismo cada vez más
frecuente y escandaloso.
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