| El
país después de las elecciones
Ganó
Cristina sin ballotage pese al desgaste
del gobierno. Carrió quedó
segunda pero lejos y se postula como “líder”
de la oposición disputándole
a Macri cuyo partido retrocedió cualitativamente.
Fracasó Lavagna y se hundieron López
Murphy y la derecha de “mano dura”.
Pese a su caudal de votos de conjunto, la
izquierda no emerge como un polo de referencia
electoral. Es importante analizar las razones
de estos resultados y los desafíos
que los luchadores tenemos por delante de
cara al próximo gobierno.
Una
victoria
con muchos bemoles
Aunque extrañando los festejos masivos
que acompañaban otrora a los triunfos
electorales, el gobierno salió a
cantar victoria. Cristina superó
el 40%, duplicó los votos que sacó
Kirchner en 2003, incrementó la mayoría
absoluta en el Congreso y se impuso en la
mayoría de los distritos. Esa es
una cara de la realidad que no hay que desconocer,
una bocanada de aire fresco para el desgaste
que venía acentuándose en
la gestión kirchnerista. Pero hay
datos duros que tampoco se pueden desconocer:
más de la mitad votaron contra el
gobierno y, si consideramos los que no votaron
o lo hicieron en blanco, Cristina gana con
el 30% real del padrón. En realidad,
los Kirchner siguen siendo los presidentes
menos votados desde 1983. El otro dato es
que el gobierno perdió en las grandes
ciudades, las de mayor importancia política
y donde se concentran amplias franjas de
trabajadores y sectores medios que le dieron
la espalda. Perdió en la Capital,
Rosario, Córdoba, Mar del Plata,
La Plata, Bahía Blanca y los grandes
centros urbanos bonaerenses. Esto puso nervioso
al ministro Fernández, que salió
a espetar que quienes no votaron eran “los
mayores soberbios”, olvidándose
de cuatro años de autoritarismo,
la inflación, Skanska, la bolsa de
Miceli y otras corruptelas, los precios
por las nubes y las mentiras del INDEK,
los presupuestos sociales insuficientes…
Que Kirchner bajó en lo que va del
año un 22% su consenso y tuvo por
primera vez 18 puntos de imagen negativa.
Se olvidó de la bronca que crece,
de las duras peleas contra los “techos”
para conseguir aumentar los salarios, de
la criminalización de la protesta,
de López que no aparece… Muchos
se preguntan por qué, a pesar del
desgaste evidente, la señora de Kirchner
ganó sin ballotage.
Las razones del triunfo y el ballotage que
no fue
Varios analistas señalan que en la
base del triunfo está “el lustro
de crecimiento macroeconómico más
prolongado de la historia”, asentado
en una favorable situación internacional.
Seguramente la comparación con las
todavía no lejanas épocas
de la peor crisis de nuestra historia, de
recesión, miseria y desempleo masivos,
ha tenido peso en el voto. Aunque con dudas,
muchos sopesaron los aumentos en las jubilaciones,
míseros, pero aumentos al fin; de
cierta recuperación salarial, a fuerza
de lucha; de más trabajo, en negro,
pero trabajo al fin… Sin embargo,
para retener y lograr el voto de los sectores
socialmente más postergados, del
interior y los barrios del segundo y tercer
cordones del estratégico conurbano,
el gobierno no la sacó “de
taquito”. Tuvo que desplegar un esfuerzo
descomunal en inversión clientelar
y publicitaria de cifras millonarias y,
temeroso de ello, montó un gigantesco
sistema de fraude, con centenares de listas
colectoras en la Pcia. de Bs. As. apoyadas
en los feudos desmembrados del viejo imperio
pejotista y sus intendentes punteriles y
corruptos y montar un brutal robo de boletas.
Pese a todo ello, fue castigado en las principales
ciudades, lo cual le da una base estructuralmente
débil al triunfo. Son sectores donde
se concentran amplias franjas de trabajadores
y sectores medios que, a pesar del “crecimiento”,
fueron descreyendo del doble discurso y
rompieron políticamente con el kircherismo.
Que no se tragaron el cuento que “el
cambio empieza ahora” sino que avizoran
continuidad y peor de lo mismo.
Pero hay otra profunda razón, determinante,
por la cual, pese a todos los elementos
de crisis acumulados por el gobierno para
recibir un golpe electoral, Cristina logra
ganar.
Y es la falta de una alternativa de oposición,
creíble, vista para gobernar y encabezar
un cambio.
Carrió y una oposición con
pies de barro
Carrió basó su campaña
en que la voten para entrar en la segunda
vuelta. Sin dudas fue quien capitalizó
en mayor medida el voto castigo al gobierno.
Triunfando en las grandes ciudades, salvo
Córdoba donde el que capitalizó
el castigo fue Lavagna apoyado en punteros
del viejo aparato radical. Nosotros polemizamos
durante la campaña con Carrió,
explicando que no veíamos como probable
un ballotage, no sólo porque la oposición
burguesa no había logrado una alternativa
unitaria, sino porque Carrió no terminaba
de aparecer como una opción creíble,
que planteara algo verdaderamente distinto,
más allá de un maquillaje
del modelo imperante. Algunos medios señalan
un dato: en muchas de las ciudades bonaerenses
donde Carrió ganó a presidente,
no la votaron para “gestionar”
intendencias y menos para la gobernación,
justamente porque su armado electoral de
circunstancia, ecléctico, con personajes
de centroizquierda, dirigentes de la derecha
y sin una estructura sólida, no terminaba
de convencer para gobernar. Por eso, el
contenido central del voto a Carrió
es fundamentalmente de castigo al gobierno,
no de apoyo a un proyecto que tiene un formato
muy parecido al de la Alianza.
No vemos un gran futuro para la Coalición
Cívica. El mismo día de la
elección se vio una pelea entre dos
de sus principales dirigentes. El ARI atraviesa
una crisis por el giro a la derecha de Carrió
y ella misma dice que no se presentará
de nuevo.
Lavagna, que le prestó su nombre
a restos del aparato radical y Rodríguez
Sáa que se jugó a atraer el
voto peronista tradicional, hicieron elecciones
lejos de sus expectativas. Detrás
de la vidriera de nuevas opciones, se veía
que no era otra cosa que sociedades de la
vieja política.
La “novedad” fue el hundimiento
de López Murphy, abandonado hasta
por su socio Macri y la debacle electoral
del próximo jefe de Gobierno de la
Ciudad. En Capital, se esfumó el
caudal que absorbió Macri en la elección
de mitad de año y que lo llevó
al triunfo y a entusiasmar a escribas como
Grondona que lo erigió en el líder
opositor y mentor de una “nueva derecha”
democrática y creíble. Eso
confundió y abrió un debate
en sectores que veían en ello un
giro “a la derecha”. Nosotros
opinamos en su momento que era un voto castigo
contra el gobierno y, con el corrimiento
hacia Carrió en Capital, el hundimiento
de Macri y de todas las opciones de “mano
dura” como Blumberg, Patti y otros,
confirma que, para castigar al gobierno,
la población hace uso de la opción
que aparece como mal menor, más potable
o con más chances de ganar.
Un reflejo que el régimen político
sigue en crisis
La apatía gereralizada, la volatilidad
del voto, la ausencia de actos masivos,
la abstención, la primera elección
presidencial sin boleta del PJ y sin candidato
radical, los fiscales comprados por ausencia
de militancia… todo tan lejos de aquellas
elecciones en que el peronista o el radical
venían con su boleta y votaban tranquilos
y sin dudar! Poco antes del comicio, el
analista Rosendo Fraga escribió que
fueron las elecciones con menor calor popular
desde el ´83 y lo atribuyó
a tres factores. “1) “Las sucesivas
crisis y el fracaso de la democracia en
lograr una mejora del promedio de calidad
de vida de la gente…”; 2) “los
partidos políticos están en
crisis de representación y la falta
de interés que demuestra la gente
se vincula a la su falta de representatividad”,
3) “no existió una verdadera
puja…” atribuyéndola
a la debilidad de alternativa de oposición.
Justamente las elecciones marcaron que,
más allá de los paños
fríos que colocó el gobierno
de Kirchner, la crisis del viejo régimen
asentado en un bipartidismo y la “normalización”
del país están lejanas y eso
presocupa a los sectores dominantes. El
desgaste de Kirchner y la debilidad estructural
que hereda Cristina, se basa en que no han
logrado constituir un sólido partido
para garantizar gobernabilidad a largo plazo.
El Frente para la Victoria es un rompecabezas,
asentado en porciones del viejo aparato
del PJ y sectores radicales. Y las alternativas
opositoras, que estimularon para tratar
de lograr recomponer un bipartidismo que
garantice una alternancia de un país
normal, está lejos de ser realidad,
basta con ver su comportamiento en estos
comicios.
Desde sectores como el diario La Nación
y algunos sectores de la propia izquierda,
se alienta la tesis que se dio una división
social en el voto, apuntando a que el Frente
para la Victoria capitalizó el voto
obrero y popular y Carrió el voto
de la clase media antiperonista. Puede ser
la expresión de deseos del resurgimiento
de bases para recomponer una alternancia
bipartidista. Nos parece equivocado. Creemos
que Carrió y otras variantes capitalizaron
el voto de ruptura, de sectores de trabajadores
y medios que se concentran en las grandes
ciudades y Cristina captó en mayor
medida el voto más atrasado políticamente
y más dependiente de la ayuda social
que se utiliza clientelarmente. La debilidad
estructural del Frente para la Victoria
y la dispersión de la “oposición”,
evidencian que, por más que se aliente
y ensaye desde el poder la necesidad de
una alternancia, la misma sigue tan lejos,
como presente el fantasma del 2001.
La izquierda
conservó su espacio pero no emergió
como una referencia electoral
Comparando con la anterior elección
de carácter presidencial, la izquierda
conservó la mayor parte de su caudal
electoral, con aproximadamente 500.000 votos.
Si le sumamos los votos que obtuvo Solanas,
que aunque no se considere de izquierda
la mayoría de sus votantes lo valoraron
así, incluso se aumentó a
800.000 votos. Sin embargo, la fragmentación
impidió nuevamente que la izquierda
emerja como una alternativa electoral. No
lo logró Pino Solanas a pesar de
ser el más votado ni nosotros que
encabezamos la votación de los sectores
que se reclaman de izquierda.
Sin lugar a dudas, la ausencia de un giro
a izquierda como el que se dio en los albores
del Argentinazo, fue un factor objetivo
que empujó a este resultado. Todavía
la ruptura con las alternativas de la vieja
política, está teñida
de confusiones políticas. Pero lo
determinante por lo cual la izquierda no
aparece como un polo, pese al espacio que
deja la crisis del régimen no resuelta
y al rol importante que la izquierda juega
en los proceso sociales, tiene que ver con
la incapacidad para constituir una alternativa
unitaria alrededor de un nuevo proyecto
superador. Alejado tanto de la vieja izquierda
oportunista que termina como furgón
de cola de proyectos falsamente progresistas,
como de la sectaria que, como el PO, insiste
en el sectarismo y la autoproclamación.
El rechazo de Pino Solanas a nuestra propuesta
de unirse con la izquierda para vertebrar
un frente electoral de unidad en la diversidad
alrededor de una propuesta de cambio, abortó
también esta posibilidad.
Las perspectivas y los desafíos para
los luchadores
y la izquierda
Cristina no podrá gozar del efecto
“nuevo gobierno”. No habrá
luna de miel. Se terminó la era del
doble discurso. Las demandas de los de afuera
y los de arriba para “normalizar”
el país a la medida de los poderosos
van a estar a la orden del día. Para
resolver los problemas estructurales pendientes
que se fueron acumulando, haciendo los deberes
que su marido postergó para calmar,
en parte, los demonios desatados con el
argentinazo. Viene con el “pacto social”
bajo el brazo, a intentar un acuerdo con
la patronal y la burocracia para controlar
la inflación conteniendo los salarios,
“actualizando” las tarifas,
recortando presupuestos. Tratando de poner
un cepo a los reclamos para garantizar seguridad,
no del pueblo trabajador, sino de los inversores
extranjeros para que vengan a seguir el
saqueo. El agotamiento del verso que colocó
su marido y las nubes negras en el marco
internacional y nacional del crecimiento,
la obligarán a aplicar medidas antipopulares.
Los ritmos están por verse. Pero,
seguramente, los trabajadores y sectores
populares, defenderán su nivel de
vida y seguirán peleando por defender
conquistas y lograr nuevas, enfrentando
estos planes. Para ello será vital
apoyar las luchas y seguir desarrollando
el proceso hacia una nueva dirección
combativa y democrática en el movimiento
obrero. Y forjar la alternativa política
pendiente. Nuestra propuesta de poner en
pie un nuevo proyecto de izquierda, está
al servicio de estas tareas.
Guillermo
Pacagnini
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