USTED ES EL VISITANTE N°



 

Pakistán

Un general con un pie en la cornisa

El General Pervez Musharraf, Presidente y Dictador de Pakistán, debe tener el otro pie en una cáscara de banana. Tal es la imagen de la situación por la que atraviesa este incondicional aliado del imperialismo que, desde 2001, se convirtió en uno de los principales alfiles en la “lucha contra el terrorismo” que los yanquis desarrollan para quedarse con las riquezas hidrocarburíferas de la región.

Pakistán es noticia desde hace una semana porque el Gral. Musharraf dio un autogolpe de Estado proclamando el estado de emergencia. Por tal motivo fueron intervenidos los medios de comunicación, cortadas las comunicaciones celulares, decretado el estado de sitio y encarcelados miles de dirigentes políticos y sociales opositores llegando a la cifra de 5.000 personas hasta el momento.
La causa del golpe fue que la corte suprema del país iba a declarar ilegal la reelección de Musharaf realizada en Octubre por el parlamento saliente, antes de que éste se renovara con las elecciones de enero próximo. Era la primera vez en la historia de Pakistán que el poder judicial se oponía al poder militar.
Pero la crisis entre el gobierno y los jueces se remonta a casi un año. Muchos sectores de clase media urbana y organizaciones civiles vienen resistiendo a la dictadura. Los abogados son parte de este movimiento. El enfrentamiento data del mes de marzo. Entonces Musharraf destituye al jefe de la corte suprema, el juez Iftikhar Mohammad Chaudhry provocando una protesta de masas encabezada por los abogados y haciendo que los partidos de oposición retomasen su actividad política. Luego de unos meses, en julio, el tribunal supremo de los jueces invalida la decisión de Musharraf y restituye a su puesto al juez Chaudhry catapul-tándolo como símbolo de la oposición. Algunas sentencias de este juez desafiaron al gobierno, como la causa de prisioneros desaparecidos o las privatizaciones. Se temía entonces que ahora declare fuera de la ley al presidente.
Otra crisis que debilitó la situación de Musharraf fue la irrupción del ejército en una mezquita en el corazón de Islamabad (que en idioma urdú significa “habitado por el islam”) masacrando un centenar de estudiantes islamistas que habían ocupado la mezquita. Pero la génesis de este problema se remonta a los eventos posteriores al 11 de septiembre del 2001, cuando Musharraf fue obligado a romper los lazos con los Taliban afganos, a quienes los servicios secretos pakistanos adiestraron años antes, y con las organizaciones “jihadistas” en el mismo Pakistán. La alianza entre los “mullah” y los militares pakistaníes es antigua y fue difícil aceptar la ruptura y mucho más cuando ésta se debió a una alianza con el imperialismo yanqui. Esto se expresa en el reportaje al hijo de un experimentado general pakistaní, ahora en prisión, del Clarín del sabado 10 de noviembre:
“-¿Cuál es la situación en el interior del Ejército paquistaní? Algunos analistas aseguran que hay divisiones por el acercamiento por el islam a los talibán.
-No es por el islam. Es por lo que todos los paquistaníes sienten frente a la presencia de los norteamericanos y las fuerzas de la OTAN en Afganistán. Musharraf trabaja a favor de ellos. Esa es la dicotomía entre lo que él hace y lo que nosotros queremos.”
El aliado de los yanquis está sentado sobre un volcán.

Bush y Musharraf


Aunque está en un momento poco presentable, EEUU no le suelta la mano, por el momento, a Musharraf. Una caída en estos momentos sólo puede deberse a una tremenda movilización que haga insostenible su permanencia en el poder. Por otro lado la ofensiva talibana en la frontera con Afghanistan se adentra en territorio Pakistaní y una caida abrupta del General podría estimular aún más esa ofensiva. Los taliban “han conquistado otra ciudad en el valle de Swat, en el noroeste: puesto en fuga a la policía, tomado las guarniciones y nombrado nuevo intendente”, (Il Manifesto, 9/11/2007).
Sólo alguna condena de circunstancia de parte de Washington y Londres y nada más. “Los EEUU no pusieron el grito en el cielo, o al menos así dicen fuentes cercanas al general golpista. Según funcionarios del gobierno de Islamabab, los EEUU prefirieron dar prioridad a la ‘estabilidad’ del país antes que a su ‘democracia’.
Tariq Azim Khan, ministro de la información en Pakistan dijo que se debía decidir. La elección entre un país ‘estable pero con alguna norma restrictiva’ y ‘una democracia inclinada hacia la mano de los terroristas’. El ministro, naturalmente, sabía cual sería al final la elección ‘de nuestros amigos’.
Si la preocupación de los amigos yanquis ‘es evitar ataques a los EEUU y eliminar a Al Qaeda, solamente el ejercito pakistaní puede hacerlo’ declaró al New York Times un hombre muy cercano a Musharraf. Pero para esto ‘olvídense de las elecciones en Pakistán por dos o tres años’”. (Il Manifesto, 6/11/2007).


La oposición burguesa

A pesar del estado de emergencia las manifestaciones no han cesado durante la semana. Fundamentalmente guiadas por la ex primera ministra Benazir Bhutto, quien se vio obligada a tomar las riendas para que la movilización no se escape de las manos y no provoque una abrupta caída del régimen militar de imprevisibles consecuencias. “Bhutto dirigió la manifestación para no desilusionar a sus sostenedores y recuperar un poco la imagen perdida cuando pactó con el general” (Il Manifesto, 9/11/2007). Fue cuando Bhutto, fue detenida en su casa y no se le permitió salir por algunas horas. Una parafernalia policial la rodeó y hasta circundó la casa con alambres de púa. Detrás de los alambres y con un megáfono llamó a su partido a no tener contacto con el gobierno y exigió la restitución de los jueces de la corte suprema, una demanda del movimiento de masas, sobre todo de las clases medias urbanas, que había tomado como símbolos de la oposición al régimen militar a los jueces de la suprema corte. “Después lanzó la mayor amenaza: una ‘larga marcha’, que iniciará el 13 de noviembre que convertirá en un gran movimiento, incluyendo a toda la sociedad. ‘A este tren nadie lo va a frenar’ desafió.” (Clarín, 10/11/2007).
La probable caída de la dictadura del aliado incondicional de Washington no hará otra cosa que fortalecer a las fuerzas democráticas y antiimperialistas y, a pesar de tener direcciones burguesas conciliadoras, se convertirá en un nuevo régimen donde los trabajadores y pueblo pakistaní estarán en una mejor relación de fuerzas para desarrollar una movilización independiente que permitirá el surgimiento de nuevas direcciones anticapitalistas de la clase trabajadora en el caminos de fortalecer su propia salida política independiente.

Pakistán era originalmente parte de la India. La historia de la Pakistán moderna comienza durante los tiempos de la India colonial británica, cuando los británicos separaron a Afganistán e India en Pakistán, de mayoría musulmana, e India, de mayoría hindú.
A partir del 14 de agosto de 1947 hasta 1971 la nación consistió en Pakistán del Oeste y Pakistán del Este, separados el uno del otro por India. En 1971 Pakistán del Este se rebeló y junto con la ayuda de las tropas indias se convirtió en el estado independiente de Bangladesh. Pakistán ha permanecido en constante disputa con India por el territorio de Cachemira (Provincia limítrofe con la India). Casi inmediatamente luego de su independencia, India y Pakistán fueron a la guerra por Cachemira y otras guerras fueron libradas en 1965 y 1971 por el territorio. La disputa de Cachemira ha complicado las relaciones con su vecino del este. India y Pakistán son potencias nucleares ya que dispones de decenas de bombas atómicas desde fines de la década del 90.
Durante la década de 1980, Pakistán recibió ayuda de EEUU y diferentes países occidentales y de Oriente Medio frente a la amenaza que suponía la invasión soviética de Afganistán. El ingreso de refugiados afganos (la mayor población de refugiados del mundo) produjo un fuerte impacto en Pakistán. Tras la muerte del general Muhammad Zia ul-Haq en 1988, cayó la dictadura y Pakistán tuvo elecciones donde triunfó Benazir Bhutto.
Desde 1988 hasta 1998, Pakistán fue gobernada por un gobierno civil burgués, alternadamente liderado por Benazir Bhutto y Nawaz Sharif, cada uno de los cuales fueron electos en dos ocasiones y retirados luego de sus cargos acusados de corrupción. Nawaz Sharif fue electo como primer ministro en 1997. El creciente autoritarismo y corrupción del gobierno de Sharif llevaron a un fuerte rechazo público y terminó con una intervención militar liderada por el general Pervez Musharraf en 1999 quien es desde entonces el presidente dictatorial del país con el apoyo incondicional del imperialismo yanqui.

Fabio Marucci
 


-REAGRUPAMIENTO
INTERNACIONAL