| El
INTI gana una batalla
El
INTI es un organismo estatal autónomo
dependiente del ministerio de Economía.
Tiene unos 1600 trabajadores, de los cuales
aproximadamente la mitad son de planta permanente,
mientras que la otra mitad tienen un contrato
estable con los mismos derechos pero dependiendo
de los ingresos generados por el mismo INTI.
Hace dos años se abrieron las paritarias
y después de meses de lucha se consiguió
llegar a un acuerdo beneficioso para el
conjunto de los trabajadores.
La lucha venía impulsada por la inflación
y la insuficiencia del aumento del 16% que
había firmado el gobierno con UPCN.
El principal freno era la política
de la dirección del instituto, de
estilo K, que se presentaba como el
defensor de los trabajadores concediendo
pequeñas mejoras que no solucionaban
los problemas de fondo. La conducción
de ATE compraba este doble discurso y dilataba
el inicio del plan de lucha a cambio de
promesas. Por otro lado, un sector
de la oposición, centraba todo su
accionar en la denuncia a la Junta Interna,
sin impulsar la participación, ni
fortalecer las acciones. Aún con
este panorama, y con medidas aisladas, se
habían conseguido sumas extraordinarias
con los sueldos de Abril y Mayo.
En Julio se combinó el endurecimiento
de la patronal, que no repitió las
sumas extraordinarias, con el desgaste del
gobierno que provocó la caída
de la ministra Miceli y puso en duda la
continuidad de la dirección del INTI.
Así la Interna decide impulsar un
plan de lucha con asambleas y paros de 24,
48 y 72 horas en el lugar de trabajo, con
corte de la entrada del INTI y de la General
Paz.
En Agosto, después de 6 días
de paro, el presidente del INTI fue a una
asamblea a proponer que se levantaran las
medidas a cambio de $200 para todos los
contratados y $300 y $500 para los de planta,
según fueran o no profesionales.
Una asamblea masiva rechazó su propuesta
pidiendo $500 para todos. La respuesta de
las autoridades fue lanzar un plebiscito
sobre las medidas de los paros y los cortes,
que la mayoría de los trabajadores
no contestó, siguiendo la indicación
de la Interna, y que incluso entre los que
sí contestaron, ganó la postura
favorable a mantener el paro.
Derrotada, la dirección del INTI
se dio entonces una nueva política,
consistente en entregar $300 y $500 para
todos (fueran contratados o de planta) y
organizar en horario de trabajo jornadas
de discusión del convenio. Esto consiguió
por un lado, desmovilizar a gran parte de
la base, que ya se quedó tranquila
de que el nuevo convenio iba a salir. Como
el conjunto de los trabajadores percibía
que este aumento se había conseguido
con la lucha encabezada por la Interna,
activistas relacionados con el PO se dedicaron
a trabar los espacios de debate entre el
sindicato y el activismo, y a crear expectativas
de un aumento mayor al que se podía
conseguir en esas circunstancias. Estos
elementos produjeron una división:
por un lado la mayoría, que mantenía
el paro pero no se movilizaba; por otro
la Interna, que proponía mantener
las medidas pero buscando una salida negociada,
y finalmente los que venían participando
de los cortes, que se mantenían en
el reclamo de $500 para todos (o $2500,
$3000 y $3500 para auxiliares, técnicos
y profesionales) pero contradictoriamente
proponían disminuir las medidas de
lucha porque percibían que la movilización
había bajado.
En octubre, la semana anterior a las elecciones,
la patronal promete de palabra un convenio
aceptable, con mejoras en la carrera. La
Junta Interna llama a una asamblea para
levantar las medidas y aceptarlo, pero ahí
gana la moción de no firmar nada
hasta que esté la propuesta escrita
y se vota un paro para el día de
la reunión negociadora. La reunión
con la patronal se adelanta y en ella el
Estado retrocede y presenta una grilla que
implica que muchos contratados cobrarían
menos de lo que venían cobrando.
El día del paro, se llega a una propuesta
intermedia que por lo menos implica que
nadie devuelve plata.
El viernes anterior a las elecciones, la
asamblea resulta una de las más grandes
desde el comienzo del conflicto. En ella
está por un lado un sector
de los que venían manteniendo la
lucha, muy enojado con la Interna porque
considera que dejó pasar la maniobra
de la patronal, que equivocado dice que
hay que rechazar el acuerdo y seguir el
plan de lucha por todas las reivindicaciones.
Por otro lado la Interna y muchos compañeros,
que ven la necesidad de aceptar este acuerdo
para que el desgaste del conflicto y que
creen que hay un fortalecimiento del gobierno
después del triunfo de Cristina no
obligaran a aceptar algo peor. También
hay un sector de trabajadores mandados por
la patronal para aceptar el acuerdo. Se
termina votando aceptar por 240 a170, y
con un gran debate.
Fue un triunfo. Se entró a la paritaria
pidiendo el blanqueo de los incentivos,
un salario mínimo igual a la canasta
familiar, 2% por año por antigüedad,
la jubilación con el 85% móvil
y el pase a planta de los contratados. Se
consiguió el blanqueo total, un mínimo
de $1800 para el que ingresa y $2100 para
el que ya está trabajando, una carrera
que valora la antigüedad, una negociación
en curso para la jubilación con el
82 % móvil y un acta que promete
solucionar el problema de los contratados
en un año. Se consiguió con
meses de lucha y gracias al desgaste K,
aunque el límite de ese desgaste
terminó poniéndole techo al
conflicto, ya que tanto la base como la
Junta terminaron enredados en las mejoras
parciales y el doble discurso. Nos parece
importante destacar que durante todo el
conflicto se funcionó democráticamente
en asambleas, lo que permitió que
a pesar de las distintas políticas
se mantuviera la unidad de los trabajadores.
Ganamos una batalla, pero habrá otras.
Sería bueno para enfrentarlas que
la Junta Interna, que está hoy integrada
por compañeros de la Verde y del
MIC, se viera reforzada por otros compañeros
que participaron de esta lucha aunque hayan
tenido posturas diferentes.
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