| Patricia
Walsh votó en contra
A continuación reproducimos extractos
de la exposición de Patricia Walsh,
legisladora porteña por el MST-Nueva
Izquierda, en la sesión del 10 de
Enero.
«…estamos
asistiendo a la revelación de pactos
sorprendentes, entre la Coalición
Cívica y el macrismo para llevar
a cabo una aberrante iniciativa legislativa…
lo primero que podríamos decir es
que hay 2.300 trabajadores que a partir
del 31 de diciembre no tienen renovación
de sus contratos. ¿No es importante
hablar de los despedidos?
…no fueron los trabajadores
los que libremente decidieron vincularse
de esta forma con la Ciudad de Buenos Aires.
La existencia de contratos es responsabilidad
de quiénes detentaron el poder político…
¿Acaso no sabemos que estos “contratos
basura” son una de las cuestiones
estructurales que hacen al neoliberalismo
de los ’90?
¿No cuentan los trabajadores? Un
día como hoy hace ochenta y nueve
años hubo ciento cuatro muertos;
eran ciento cuatro trabajadores, luchadores...
…la intervención de la
obra social es la consecuencia obligada
y repudiable de un conflicto que se inicia
con un modo de gobernar esta ciudad.
A los que quieren legislar de este modo
no les preocupa la salud de los trabajadores,
sino los negocios y dentro de los cuales
hay un número de trabajadores que
va a poder irse a otra obra social. Esos
son los negocios que hacen a espaldas del
pueblo por los que tendrán que rendir
cuentas; esos son los negocios en los que
vergonzosamente tienen hoy de cómplices
a la Coalición Cívica.
…conocemos bastante bien las
quejas y los padecimientos de los trabajadores
con relación a los servicios prestados
por la obra social. También hemos
acompañado muchos de esos reclamos
y quejas vinculados con todo tipo de cuestiones,
como demora en turnos –dificultades
incluso que han sido reflejadas por los
medios de comunicación– o el
tema del reconocimiento que hace el propio
director del Hospital Méndez en el
diario La Nación de ayer, diciendo
“no damos abasto; recibimos 2.500
personas por día y tenemos capacidad
para 1.500”. Repito: “no damos
abasto; recibimos 2.500 personas por día
y tenemos capacidad para 1.500”.
…estamos preocupados y comprometidos
por lo que le pasa a estos afiliados que
tienen esta obra social, y no la que merecen,
la que pretenden o la que querrían
tener.
El tema es debatir si la intervención
resuelve o no el drama de los trabajadores
con relación a la prestación
de salud de esta obra social, y la respuesta
es no. Por eso, no acompañamos este
proyecto.
…hemos tenido movilización
de trabajadores denunciando los despidos
e, incluso, los peligros que están
reconocidos en el proyecto legislativo que
se somete a discusión pero que de
ninguna manera están desafectados.
Esos riesgos son la base de una cantidad
de afiliados a la obra social, a otras obras
sociales; esos riesgos están influyendo
el destino y el futuro de los setenta mil
jubilados, que no están rodeando
esta Legislatura pero que seguramente estarán
pendientes, no de esta votación sino
de lo que ocurrirá con ellos en los
próximos días o en las próximas
semanas.
La verdad es que quienes han desfinanciado
las obras sociales y los sistemas de previsión
social son precisamente aquellos que pagan
en negro, aquellas conducciones políticas
–por ejemplo, que ha tenido la Ciudad
de Buenos Aires– que han optado por
sistemas de prestación laboral, como
son los contratos. Esto significa vaciar
de recursos las obras sociales y el sistema
de previsión.
Para mejorar la prestación del
servicio, a esta obra social le hace falta
algo que la propia entidad sindical puede
darle y no lo hace: la participación
democrática de los trabajadores cuyos
aportes recibe. Por ejemplo, diseñar
vías o caminos en los cuales los
trabajadores tengan protagonismo. No se
trata de cinco delegados o representantes
del Poder Ejecutivo, cinco legisladores
o cinco personas designadas por los gremios.
En primer lugar, querríamos saber
cuáles son los gremios, porque está
claro que en esta discusión hay convidados
y hay gremios que no están participando
pero sí denunciando a través
de los medios de comunicación que
no forman parte de los acuerdos que se hacen
a puertas cerradas; tal como ha hecho en
los últimos días ATE Capital,
que convoca a una cifra importante, porque
se refiere a 17 mil trabajadores.
Estamos totalmente en contra de la
intervención de la obra social. No
va a resolver el problema de los trabajadores.
Le abre la puerta a los peores negocios
que se puedan hacer en nombre de los trabajadores,
pero contra sus intereses, y los antecedentes
de quienes impulsan este tipo de decisiones
políticas en el máximo nivel
de la toma de decisiones, nos hacen pensar
que realmente creen que la Ciudad es excelente
para hacer negocios y sus trabajadores bien
pueden ser las víctimas.
Existe una historia de desregulación
de las obras sociales. Existen damnificados,
víctimas, perjudicados y beneficiarios.
Las obras sociales sindicales nacieron en
los años ‘40. En 1970 se universalizaron
a través de la Ley 18610. La última
dictadura militar las intervino en 1980
para debilitar a los gremios. A fines de
1988 el gobierno de Raúl Alfonsín
impuso la famosa desregulación que
le abrió las puertas al sector privado
a través de las leyes 23360 y 23661.
Luego, Cavallo, Menem y De la Rúa
profundizaron ese rumbo con los decretos
de libre opción, con el hospital
de autogestión y del PMO, que es
la canasta mínima de prestaciones.
¿Qué significó esto
para millones de trabajadores activos y
pasivos? La mayoría de las obras
sociales quebró. Quedaron unas pocas
grandes, que se fueron transformando en
intermediarias de las prepagas, que sólo
conciben la salud como un negocio. La atención
no mejoró. Esto es abrirle la puerta
a los negocios.
Por estas razones, el bloque Nueva
Izquierda vota en contra.»
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