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Italia: después de la caída de Prodi

Calzone Napolitano

Formar gobierno en Italia no es sencillo, ni su durabilidad. El régimen institucional es Parlamentario, donde las cámaras de diputados y de Senadores – sobre todo esta última cumple el rol más importante.
El presidente no gobierna, ni es una válvula de escape a situaciones de crisis como en países Latinoamericanos, donde puede ser echado por la movilización. En Italia tiene un rol meramente institucional y es el encargado de superar crisis institucionales como la actual, donde un gobierno (Prodi) tuvo que irse porque el Parlamento le quitó su “voto de confianza”. El actual presidente es un antiguo miembro del ya desaparecido PCI (Partido Comunista Italiano): Giorgio Napolitano. Ahora tiene que encontrar un gobierno sucesor al de Prodi (centroizquierda).
Hace por lo menos 15 años que se suceden varios gobiernos de centro izquierda y de centro derecha (Berlusconi) en los mismos períodos donde debía durar uno.

Las causas de las crisis

La causa primera y última de las crisis sucesivas se encuentra en la lucha de clases. Los trabajadores y los sectores más postergados, como los inmigrantes, con sus luchas han sido el telón de fondo de las operetas políticas de las últimas décadas. Las luchas del ‘70 y del ‘80 fueron las que destruyeron a los tres grandes partidos del poder: el PCI, la DC (Democracia Cristiana) y el PS (Partido Socialista). Fundamentalmente entre estos últimos con la colaboración del primero, se alternaban en el gobierno. En la década del ‘90, post caída del muro de Berlín, estos partidos fueron disueltos, entremezclados y reciclados con otros nombres, pero nunca se logró reconstituir partidos con la solidez de antaño. Ninguno se podía dar el lujo de gobernar sino en alianza con otros pequeños partidos o grupos. Tanto es así que la renuncia de un diminuto grupo aliado a Prodi provocó que su gobierno tuviera que renunciar.

Dos años intensos

En dos años de gobierno, la centroizquierda llevó adelante un brutal ataque al conjunto de la clase trabajadora. Los docentes, los trabajadores de la salud, los municipales contra la privatización de los servicios públicos, los trabajadores de la industria metalmecánica, los aeroportuarios, etc. han llevado inmensas luchas. También los inmigrantes, que hace pocos días hicieron una importante manifestación en Roma, o el movimiento “no global” contra la guerra y la ampliación de la base de los EEUU en Vicenza, han sido protagonistas.
Hay otra cuestión que cruza la realidad actual y afecta en las alturas: “algo más de 2.5 millones de hogares italianos (uno de cada 10) vive en la indigencia…hay otro 8.1%...que vive con el agua al cuello y está al borde de la pobreza.” Ámbito Financiero, 25/01/2008.

Sin partidos no hay régimen estable

La burguesía italiana no se puede permitir estas crisis recurrentes. Para eso están pensando modificar la ley electoral y permitir que los futuros gobiernos tengan una base parlamentaria que les permita cumplir las tareas que pretenden imponer a los trabajadores.
También para que una crisis no afecte sus misiones militares a las órdenes de EEUU.R
econstruir los partidos no será tarea sencilla. Se hacen muchos intentos. El último, encabezado por Veltroni (jefe de gobierno de Roma), fue la creación del PD (Partido Democratico).
El derechista Berlusconi se postula para capitalizar los desastres del “progresismo”. Al escribir estas líneas, el presidente Giorgio Napolitano, decidió disolver el parlamento para que en el plazo de 70 días se realicen elecciones donde un nuevo parlamento forme gobierno.

La Izquierda debe dar una alternativa

El partido de izquierda más importante de Italia, RC (Refundación Comunista), hace 15 años que es furgón de cola de los proyectos socialdemócratas. Ahora formará una coalición con el partido verde, el partido de los comunistas italianos y los socialistas democráticos para intentar ser un grupo socialdemócrata que pueda formar gobierno con el PD de Veltroni. Su plataforma socialdemócrata, su fidelidad al régimen (Bertinotti, su lider es el presidente de la cámara de diputados) confirman que no son una alternativa para los trabajadores. Sin embargo, hay otros actores sociales, sindicales y partidos, que sin dejar su independencia organizativa, pueden constituir una alternativa de los trabajadores y el pueblo. La minoría de RC con el senador Turigliatto, la confederación Cobas o el Partido de Alternativa Comunista son algunos de los que debieran tratar de llevar adelante una alternativa de “sinistra” con posibilidades de disputar ampliamente.
Ya es tiempo, después de tantas crisis de institucionalidad, que eso ocurra.

Fabio Marucci
 


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