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La CTA después de los retos de Cristina

Con las manos vacías

Una reunión “muy dura”, según Yasky, “áspera”, según voceros del gobierno, “tensa” para la prensa… la realidad es que Cristina vapuleó a los dirigentes de la CTA, que vieron caer como un castillo de naipes las expectativas que los animaron a reunirse con la presidenta.
De nada valieron años de buena letra con el gobierno buscando ser interlocutores reconocidos y la personería gremial.
Tanto los kirchneristas, como los sectores más críticos salieron con desazón. Al justo reclamo de la personería, la presidenta, al decir del propio Yasky, “tiró la pelota a la tribuna, bien lejos”, al derivarle sin más trámite el tema al Ministro Tomada que estaba a su lado y no emitió palabra alguna.
Por el contrario, un eje central del cónclave fue la admonición de Cristina para que en marzo se inicien las clases y su gestión no soporte un conflicto docente, saliendo furibunda contra los paros por “injustos” y que se usan “para presionar”.
Desde ya que los dirigentes hablaron del INDEC, la redistribución de la riqueza, los techos salariales, la libertad sindical, la paritaria social y que el Consejo del Salario “funciona mal”. Pero Cristina, fue clara y contundente: “el país ha cambiado; es un necio quien no lo reconozca». Cerrando toda puerta a los tibios reclamos de los dirigentes. Un obsecuente Alberto Fernández, quedó de interlocutor a futuro.

Una central sin poder de fuego

Tal fue el cachetazo, que Yasky reconoció que lo único positivo fue “dejar abierto el diálogo para seguir discutiendo”. “no somos una central solamente testimonial”, agregó. Un tardío reconocimiento al disminuido poder de fuego de la CTA para encarar la pelea producto de años de política conciliadora, defraudando a miles de trabajadores que sembraron expectativas en lograr un sindicalismo distinto, una central alternativa. Una consecuencia de su rol divisionista a la hora de las luchas, cuando no directamente frenador como en el caso de los docentes. Y de los métodos burocráticos que se fueron imponiendo en la central cada vez más lejos de la democracia sindical declamada.
Por eso no llaman la atención las reuniones previas que se llevaron a cabo entre Yasky y el Ministro Tedesco, donde éste le pidió que discipline a las seccionales y sindicatos docentes rebeldes, que practican la democracia sindical y que el año pasado le torcieron el brazo al gobierno colocándose a la cabeza de la rebelión nacional que hizo volar por los aires el cepo salarial pactado por la CTERA y otros dirigentes docentes burocráticos.
A pesar de todo ello, Cristina, obsesionada con avanzar hacia el Pacto Social, se pronunció por una “central única y fuerte” apostando a Moyano y la CGT. A pesar de la buena letra, la CTA no les está sirviendo para estos propósitos. Y menos a los trabajadores que pagan las consecuencias a la hora de la lucha.

Hace falta enfrentar el recorte presupuestario y pelear por salario

La política de contención de gasto público y techo salarial, amerita la lucha coordinada de los trabajadores. La CTA ha convocado a una marcha y sus gremios estatales y docentes enfrentan las discusiones paritarias.
No se puede seguir con una actitud timorata frente al grito de guerra de Cristina. Hay que exigir en todos los gremios de la CTA la convocatoria a asambleas para que resuelvan democráticamente los reclamos y su aceptación o rechazo. Y que se realice un plan de lucha coordinado. Los sindicatos y seccionales combativas de la CTA ya lo han comenzado a hacer. La próxima marcha de la CTA tiene que ser el primer paso de una acción coordinada de conjunto.
Al mismo tiempo, es necesario que la conducción de la CTA abandone su postura declamada de no ser “ni oficialista ni opositora”, para que los lamentos posteriores a la reunión con la presidenta se transformen en reflexión. Los sectores combativos y críticos de la CTA y el conjunto de los trabajadores tenemos planteado avanzar hacia una verdadera central autónoma, democrática y para la lucha. Y que también abone a confluir hacia una alternativa política de los trabajadores y el pueblo que le demuestre a Cristina que en este país no hay “capitalismo para rato”, bravucona frase con la cual la presidenta puso punto final a la reunión.

 

Guillermo Pacagnini
 


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