| Un
represor a cargo de la seguridad
El
gobierno de Celso Jaque (PJ), que le ganó
la gobernación al candidato de la
Concertación de Cobos, debutó
con una seria crisis institucional a raíz
de la asignación de Carlos Rico como
viceministro de Seguridad.
Rico fue instructor contrasubversivo de
la Policía Federal en Mendoza durante
la dictadura militar. La ex detenida Alicia
Morales ya lo reconoció como uno
de los policías que frecuentaba los
calabozos del centro clandestino de detención
D2, donde estuvo encarcelada.
El eje central de la campaña de Jaque
fue la inseguridad. En largas publicidades
televisivas se jactó de haberse asesorado
con los gobiernos de EEUU, Inglaterra y
el País Vasco (donde actúan
algunas de las fuerzas represivas más
brutales del mundo). Aseguró tener
un “mapa del delito” y prometió
efectuar un plan que en seis meses reduciría
el crimen en un 30%.
Al asumir, le dio la cartera de Seguridad
a Carlos Aguinaga, del Partido Demócrata
(partido que gobernó junto a los
militares en la última dictadura).
Este, ya en el cargo, confirmó que
aplicaría la política derechista
y reaccionaria del PD, reconociendo no saber
nada del “mapa del delito”.
Lo que quedó de las promesas de Jaque
es la aplicación de una política
afín a la de los países que
visitó: la del PD. Después
de esta burla y desprecio a los votos de
la gente, lo que hizo estallar la indignación
popular fue la asignación de varios
ex comisarios, sospechados de haber actuado
durante el «proceso», como funcionarios
dentro del Ministerio de Seguridad. Y en
especial, la asignación de Rico como
viceministro. Estos tuvieron su primera
aparición mediática a mediados
de enero, cuando un comunicado interno entre
la policía, los servicios de inteligencia
y de Seguridad, que informaba sobre un seguimiento
(escuchas telefónicas incluidas)
de las actividades del Polo Obrero, llegó
a manos de un periodista que lo publicó.
Mientras delegó Seguridad al PD,
Jaque dejó la coordinación
de DD.HH. a cargo de Pablo Salinas, dirigente
del Polo Social y abogado de larga trayectoria
en el mismo terreno.
El sábado 9 de febrero se anunció
que el gobierno de Jaque sería querellante
en todos los juicios contra los responsables
de la dictadura en Mendoza. El mismo gobierno
del cual Rico forma parte. El mismo día
organismos de DDHH presentaron la denuncia
contra Rico en los tribunales federales.
Esta contradicción derivó
en crisis unos días después
cuando un diputado demócrata y luego
Aguinaga acusaron a la testigo Morales de
ser un “estafadora” y a Salinas
de estar detrás del accionar de los
organismos de DDHH.
En medio de la anunciada crisis institucional,
Jaque ratificó su apoyo tanto a Salinas
como a las decisiones de Aguinaga y la permanencia
de Rico, “para darle lugar a la justicia”.
Es una situación insostenible en
la que o Rico o Salinas tendrá que
renunciar, lo cual sería un golpe
importante para el gobierno, que lleva apenas
dos meses.
Una multisectorial, formada al calor de
estos hechos, que reúne a la izquierda,
los organismos de DD.HH. y algunos sindicatos
de la provincia, presentó un documento
común en un acto frente a la Legislatura,
exigiendo la destitución de Rico
y la renuncia de Aguinaga. Es el primer
paso de un plan de lucha que apunta a una
gran movilización el 24 de marzo.
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