| Primeras
conclusiones de una heroica lucha
La pelea que encaramos con fuerza y entusiasmo
hace casi tres meses y medio está
llegando a su fin. La patronal envalentonada,
quebró nuestra resistencia, produjo
los últimos despidos e impidió
tomar tareas a los compañeros que
resolvieron volver luego de la discusión
de la última asamblea. La lucha continúa
en un plano distinto, el judicial, y tenemos
por delante la difícil tarea de encarar
una reorganización. Es importante
para los trabajadores que pusimos el cuerpo
y también para todos los luchadores
que apoyaron y siguieron con atención
este conflicto, que esbocemos unas primeras
conclusiones para aprender de los aciertos
y de los errores.
Sin
lugar a dudas era un conflicto sumamente
difícil. Porque enfrentamos una suerte
de laboratorio de ensayo del Pacto Social
que quiere implementar el gobierno. Se materializó
en un cerrado frente único entre
la patronal, la burocracia y el propio gobierno
que, un dato no menor, tenía no sólo
intereses políticos en apagar este
foco de rebeldía, sino económicos
a través del empresario kirchnerista
Cristóbal López. Y se expresó
en una perversa división de tareas.
Que se jugó al desgaste y aislamiento
de nuestra lucha.
La burocracia de ALEARA –en acuerdo
con la dirigencia del conjunto de los sindicatos
marítimos- no sólo no avaló
el conflicto, sino que apoyó activamente
los despidos y llegó al inédito
hito en la historia de las traiciones sindicales,
de hacerlo públicamente de manera
conjunta con la patronal. Aislados de inicio,
desplegaron todo tipo de maniobras para
recuperar terreno, combinadas con el envío
de patotas (SOMU y barrabravas del hipódromo)
y el aval a las sucesivas represiones en
las calles.
El gobierno cumplió su parte, desde
el Ministerio de Trabajo dejando correr
las injusticias y con la responsabilidad
política de siete represiones violentas
a cargo de la Prefectura y la policía,
incluyendo torturas comprobadas a los detenidos.
Asimismo, la justicia federal jugó
abiertamente de sostén legal para
estas tropelías.
La patronal, con semejante cobertura de
espaldas, hizo su trabajo de zapa. Intimidando
a los activistas y presionando con todo
tipo de artimañas a la mayoría
clara de trabajadores que estaban parando
desde sus casas, para tratar de quebrar
el conflicto.
Los trabajadores defendimos con uñas
y dientes nuestras conquistas
Muchos nos decían que nuestra lucha
ante tamaño “comando conjunto”
fue poco más que heroica. Hicimos
de todo por nosotros y nuestras familias.
Y también porque sentimos una gran
responsabilidad ya que veíamos un
intento de escarmiento para tratar de acallar
a los luchadores que en diversos gremios
libran peleas parecidas a la nuestra. Los
piquetes y acampes frente a las puertas,
las movilizaciones callejeras, el “ruletazo”,
los “chalecazos”, el acampe
en la plaza de Mayo… Salimos, nos
desalojaron y peleamos por recuperar posiciones.
Nos pegaron, nos reagrupamos y volvimos
a salir. Peleamos por mantener la moral
de cada uno de los compañeros y la
conciencia de pelear para ganar, con nuestras
familias, con las madres, buscando la solidaridad
de las organizaciones políticas y
sociales, tratando de ampliar el apoyo y
evitar el aislamiento en la opinión
pública al que nos sometieron. Todo
a pulmón.
Finalmente, en un verano con otras peleas
pero cuando aún no había comenzado
la pulseada salarial del conjunto del movimiento
obrero que nos habría dado renovadas
fuerzas, aunque le paramos el Casino, aunque
logramos preocupar seriamente al gobierno…
no alcanzó para sostener un frente
unido desde abajo. De los que peleamos en
la línea de fuego con los que resistían
y lo hacían desde sus casas.
¿Por
qué no se pudo ganar?
Es una pregunta que tenemos que ir madurando
y reflexionando entre todos los que nos
jugamos a fondo por esta causa.
En primer lugar la falta de un escenario
de lucha general colaboró. Le dio
aire a que pudieran articular esa unidad
vergonzante de patrones, dirigentes vendidos
y gobernantes. El escenario era muy difícil.
Tenemos que reflexionar si fue oportuna
la salida a esta pelea, donde, una patronal
reestructurada, nos montó una provocación
con el único fin de liquidar las
importantes conquistas materiales (salariales
y convencionales) y organizativas (delegados
combativos y una fuerte línea de
activistas) que habíamos logrado
con años de lucha empezando a superar
una época de tremenda superexplotación
que ponía en serio riesgo nuestra
salud.
En la acción del enemigo que desplegó
todas sus armas, está la explicación
fundamental del desenlace. Pero no podemos
quedarnos en eso. Para aprender para otras
batallas tenemos que reflexionar en nuestros
errores y debilidades. En el por qué,
con todo lo que hicimos, no alcanzó
para ganar. En qué nos equivocamos.
Qué deficiencias, muchas de las cuales
fueron señaladas por los compañeros
pero no corregidas, de conducción,
organización y acción tuvimos.
En primera instancia no nos preparamos para
un conflicto largo. Cuando había
elementos de sobra que nos lo indicaban.
Ello llevó confusión y contribuyó
a no lograr mantener una férrea unidad
entre el activismo y el conjunto de los
trabajadores. Y a planificar las acciones
y la necesidad de fortificar la dirección
del conflicto y la organización.
Asimismo estuvimos durante el primer período
encerrados en la zona del Casino. Sin sacar
el conflicto hacia la sociedad y generar
acciones.
En segunda instancia, tal vez lo más
importante, no logramos conformar una dirección
sólida para un conflicto largo y
difícil, que integre en igualdad
de condiciones a los delegados en lucha
(que era una minoría del cuerpo de
delegados) con los referentes y activistas
que se fueron destacando e integrando matices
y distintas posiciones. Para fortalecer
la unidad, la organización y las
medidas de lucha.
En tercera instancia, tuvimos debilidades
a la hora de garantizar la mayor participación
en las asambleas, canalizando dudas lógicas
en un conflicto que se prolongaba y no se
avizoraba una salida. Para pensar y actuar
mejor colectivamente.
En cuarta instancia, si bien mantuvimos
un buen trabajo por distintas vías
y con un boletín con los compañeros
que estaban en sus casas bombardeados por
la patronal con telegramas e intimidaciones,
al tener debilidades políticas y
organizativas no fue suficiente.
Estas deficiencias se expresaron en dificultades
para mantener la unidad de los trabajadores,
para lograr acciones variadas que hagan
participar a la mayor cantidad posible,
para lograr un trabajo articulado con las
organizaciones solidarias (se abandonaron
las reuniones con las mismas) y para explorar
las difíciles vías de negociación
que le den una salida favorable al conjunto
apoyadas en la lucha, reincorporando a los
despedidos y preservando nuestras conquistas.
No logramos poner el centro en golpear políticamente
al gobierno de Cristina para abrir una brecha,
ya que no solamente el bloqueo a la patronal
conduciría a una salida exitosa.
Y cuando se lograron algunas instancias
de negociación, las fallas en la
conducción que mencionamos, hicieron
que no se lograra un criterio común,
lo cual, en un momento difícil de
la lucha, atentó contra la unidad
del conjunto y profundizó las grietas
para que la patronal, que volcó dinero,
desgranara porciones importantes de trabajadores.
Algunas enseñanzas
Sin lugar a dudas nuestra cabeza está
colocada hoy en día en la nueva fase
de esta pelea y en la reorganización.
Porque apostamos a una nueva reacción
de los trabajadores que hoy están
siendo castigados en el barco por la patronal.
Pero humildemente queremos transmitir estas
conclusiones primeras y parciales, ya que
seguramente pueden ser útiles para
otras batallas gremiales. Que no alcanza
con las medidas de lucha y con la voluntad
de pelear. Que hay que prepararse siempre
para el peor escenario, más vale
prevenir que curar. Que más que nunca
en una dura lucha es necesaria la más
amplia democracia sindical. Que las decisiones
son colectivas y no de unos pocos. Que hay
que considerar todas las opiniones porque
abonan a lograr la mejor acción y
a equivocarse menos. Que la unidad del activismo
y el conjunto de los trabajadores, aún
de los que hacen menos, es fundamental,
porque no se gana sólo con activismo.
Que cuando se abre una posibilidad de salida
no hay que confiar a priori ni tampoco desdeñarla,
hay que apuntalarla con la lucha y mostrar
un frente unido.
Seguramente junto a otros compañeros,
seguiremos reflexionando para profundizar
estas conclusiones, sumar nuevas, aprender.
Porque la batalla continúa.
Hernán
Lopatka, Victor Kovensky
Trabajadores del Casino
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nota
Casino:
El rol de las organizaciones que apoyaron
nuestra lucha
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