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Dana:

Enseñanzas del conflicto

En el mes de Enero los trabajado res de Dana salieron a la lucha por la reincorporación de 60 despedidos, entre los que se encontraban una parte de la comisión interna y la mayoría de los activistas. Con una asamblea permanente en la puerta de la fábrica, lograron durante más de diez días que ninguno de los 600 trabajadores entraran a trabajar y de esa manera impedir la producción dentro de la planta. Como ya informamos en números anteriores de Alternativa Socialista, soportaron la agresión de una patota, intimidaciones por parte de la policía, la militarización de la planta y la complicidad del sindicato y el gobierno con la empresa.
El objetivo de la patronal y de la burocracia fue sacarse de encima a los delegados y activistas que, basándose en la democracia sindical, desde hace siete años vienen consiguiendo importantes conquistas e impidiendo que la empresa avance con el aumento de la flexibilización en las condiciones laborales. La dirección del SMATA venía intentando hace dos años liquidar a esta comisión interna, que empezaba a ser una referencia hacia otros activistas y delegados del gremio automotriz. Logró algunos avances al expulsar a uno de los dirigentes de la fábrica del sindicato y dividiendo a la comisión interna, y durante el último conflicto se jugó a derrotarlos definitivamente trabajando activamente junto a la patronal para quebrar la lucha y que los trabajadores volvieran trabajar y producir dejando afuera a los despedidos. Pese a la resistencia de varios días, finalmente, la mayoría de los trabajadores ingresó a trabajar y la fábrica comenzó a producir.
Ahora, los despedidos resolvieron seguir el reclamo por la reincorporación por la vía judicial, pelear por lograr el retiro total de la policía de la planta y mantener el contacto con los compañeros de adentro, intentando organizar la resistencia a los aprietes de la patronal, la burocracia y la policía.
Este resultado significa, sin duda, un golpe al proceso de nuevas direcciones que se viene desarrollando en el movimiento obrero y nos plantea la necesidad de sacar conclusiones que sirvan a todos los que venimos luchando en los distintos gremios para estar mejor preparados ante los nuevos conflictos que seguramente resurgirán tanto en Dana como en otros lugares de trabajo.
Desde el MST participamos desde el inicio del conflicto apoyando incondicionalmente a los trabajadores y las distintas medidas y resoluciones que ellos fueron adoptando, y seguiremos haciéndolo en esta nueva situación de la pelea. En esta nota queremos expresar algunas opiniones que aporten al debate sobre las conclusiones de la lucha, ya que nos parece que el conflicto de Dana plantea dos debates importantes.

La relación entre la base y el activismo

Como viene sucediendo en las luchas de los últimos tiempos, en Dana hubo un gran activismo, profundamente antipatronal y antiburocrático, conducido por una comisión interna democrática y combativa, que garantizó el acampe en la puerta y las distintas actividades que se desprendieron del conflicto, decidiendo en asamblea los pasos a seguir. Sin embargo, nos parece que durante el conflicto, ésta vanguardia quedó muy despegada de la base. Si bien se planificaron algunas actividades para sumarlos(por ejemplo, el festival en la puerta de la Fábrica) no se tomó como una tarea central recorrer las casas de los compañeros, dialogar con ellos, responder a sus dudas, etc. El activismo, en general, siempre está unos pasos por delante de la gran mayoría de los trabajadores y ha sacado conclusiones a las que todavía la base no ha llegado, por eso su compromiso con la lucha es mucho mayor. Pero para poder ganar es necesario conseguir una relación de fuerzas favorable que sólo la puede dar el apoyo de la mayoría de los compañeros. Por eso tiene que ser una tarea central del activismo pensar como llevar estas conclusiones de manera sencilla a las bases para sumarlos, que participen de las discusiones, para ver cómo pueden aportar a la lucha o que, como mínimo, si no se suman activamente por lo menos no terminen siguiendo la política de la burocracia. Y esto debe concretarse en tareas, políticas, consignas, formas organizativas, etc. De otra manera, el activismo se distancia de las bases y es más fácil que entren los discursos de la burocracia, que recorre las casas y llama a los compañeros confundiendo e intentando debilitar la lucha de los despedidos. En el caso de Dana esto era fundamental, porque de los casi 600 trabajadores, la inmensa mayoría no participó activamente de la lucha.

La politíca frente a la burocracia

Otro debate importante, pero que está ligado a lo anterior, es en relación a cómo actuar frente a la burocracia. Con sobrada razón, la burocracia es odiada por el activismo, producto de las traiciones, agachadas, su compromiso con las patronales y el enfrentamiento a cualquier esbozo de democracia sindical. Más aun cuando se ha dado el objetivo de liquidar a las direcciones democráticas y combativas del movimiento obrero recurriendo, incluso, al viejo método de la patota.
Pero esto no niega la necesidad de que los activistas y luchadores tengan una política hacia estas direcciones traidoras, no para confiar en ellas, sino para disputarle la influencia sobre la base. Y esta política depende en gran medida del grado de control e influencia que la burocracia tenga en la base y de la relación de fuerzas. Por eso no puede ser la misma en todos los conflictos; a veces es necesario centrar en la denuncia, a veces en la exigencia, a veces es necesario hacer algún tipo de unidad, pero nunca ignorarla, ya que ésta siempre se da una política para ganarse a la base y aislar al activismo.
. En el caso de Dana, si bien es cierto que fue la burocracia la que planificó los despidos junto a la empresa para sacarse a la parte democrática y combativa de la interna y a los activistas de encima, creemos que fue un error no discutir una política para embretarla, porque de esa forma se debilitó la pelea por la base. Nos parece bien la decisión de apuntar todos los cañones contra la empresa, pero al no exigir a la burocracia que se ponga al frente de la lucha, que llame a asambleas, etc., se le hizo mucho más fácil a ésta lavarse las manos y hacer correr argumentos que lograron confundir a la base y alejarlos del conflicto: que los delegados eran unos loquitos que estaban contra el sindicato, que los que ocupaban la puerta eran los zurditos, que eran violentos, que estaba Quebracho, etc. Y se debilitó, además, la posibilidad de extender el conflicto a las otras fábricas de SMATA (principalmente las terminales automotrices)
A la vez, el sindicato se dio una política para dividir la lucha, llamando a que los que querían ser reincorporados fuesen a la delegación del SMATA.. Si los 60 despedidos hubieran ido ( con una política unificada discutida previamente) opinamos que le hubiese resultado más difícil lavarse las manos. Y si lo hacía quedaba claro ante la base la entregada. Luego la burocracia llamó una asamblea en el sindicato para discutir el tema de los despidos. Al no haber ido se le regaló el espacio para que haga votar sin oposición el aval a la reestructuración productiva y la reincorporación de un sector minoritario de los despedidos. Con este aval firmó el acta-acuerdo con la empresa en el ministerio de trabajo y preparó, junto a la patronal, el operativo para que los trabajadores vuelvan a trabajar y “normalizar” la producción en la planta. Este es un debate importante, porque no se trata de depositar confianza en los dirigentes traidores, si no en cómo disputarle la base. Y esto es una necesidad imperiosa si queremos avanzar en liquidar a la burocracia sindical.
Hemos comenzado este debate con algunos delegados y activistas de Dana, coincidiendo en algunos de estos planteos y lo presentamos como un aporte a los luchadores y nuevos dirigentes en el camino de avanzar en el objetivo de derrotar a la burocracia sindical y fortalecer el desarrollo de las nuevas direcciones.

Emilio Costas
 


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