| Kosovo
debe ser realmente libre
En
1999, al finalizar la guerra en tre Kosovo
y Serbia, el Consejo de Seguridad de la
ONU le otorgó a Kosovo una «autonomía
sustancial» bajo soberanía
serbia y administración de la ONU-OTAN.
Ese mismo año la OTAN, alianza militar
dominada por los yanquis, bombardeó
ferozmente a Serbia y desde entonces mantiene
16.000 soldados en Kosovo. Hace pocos días
Kosovo se independizó de Serbia…
pero pasó a ser un protectorado dependiente
del imperialismo.
Nuevos estados
surgidos del estallido del Este
En 1946 nació la República
Federal de Yugoslavia, compuesta por Serbia,
Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina,
Montenegro y Macedonia. Vojvodina y la población
albanesa de Kosovo se integraron a Serbia
como autónomas. El pueblo logró
grandes conquistas sociales, pero el país
se moldeó con privilegios e imposiciones
de Serbia en detrimento de las otras nacionalidades.
En 1981 las protestas de los estudiantes
de Kosovo se expandieron hacia las poblaciones
albanesas de Montenegro, Macedonia, Belgrado
y Zagreb.
En 1989 se dio un proceso revolucionario
en la URSS, que fue muy contradictorio.
En su desarrollo, los pueblos se liberaron
de la opresión de la nacionalidad
rusa y la burocracia stalinista, pero fueron
desviados hacia la explotación capitalista.
Entre las nacionalidades surgieron 15 estados,
entre ellos Armenia, Azerbaiján,
Bielorrusia, Estonia, Georgia, Kazajstán,
Kirgizstán, Letonia, Lituania y Ucrania.
En 1991 Yugoslavia se disolvió en
seis estados: Bosnia y Herzegovina, Croacia,
Macedonia, Serbia, Montenegro y Eslovenia.
Ahora los siguió Kosovo.
Serbia opresora,
Kosovo oprimido
Entre 1992 y 1995, el presidente serbio
Milosevic aplicó el método
nazi de la “limpieza étnica”
contra la población musulmana de
Bosnia. En 1999 esto se repitió contra
otro pueblo oprimido: los albano-kosovares.
Los serbios, formados en un nacionalismo
opresor, rechazan la independencia de Kosovo
y consideran a esa zona la “cuna”
de su identidad cultural y religiosa con
el objetivo de someter a otros pueblos.
Kosovo tiene 2.2 millones de habitantes:
92% son albaneses (musulmanes), 5.3% serbios
(cristianos ortodoxos) y 2.7% de otros grupos
étnicos. Pero los dirigentes mayoritarios
son proimperialistas. Colocaron al país
bajo la tutela de miles de soldados de la
OTAN y la custodia de la Unión Europea,
cuyo Plan Eulex consiste en enviar 2.000
juristas y policías para “ayudar
a construir” el nuevo Estado.
Cada cual
atiende su juego…
Bush reconoció a Kosovo a fin de
profundizar su ingerencia en la región.
Apunta a saquear las riquezas naturales,
someterlo al FMI, BID y Banco Mundial e
incorporarlo al mercado capitalista globalizado.
Gran Bretaña, Alemania, Francia,
Italia, Turquía, Albania, Japón
y otros países apoyan la independencia.
Rusia no quiere perder terreno en su antigua
zona de influencia. Y el presidente Putin
teme además que el ejemplo de Kosovo
aliente a los independentistas de Chechenia,
Georgia y otras regiones de la ex URSS.
España recela de un auge de los reclamos
del País Vasco y Cataluña.
También se oponen China y otros países
del Este europeo.
El gobierno argentino no reconoció
a Kosovo, porque dice que es darle argumentos
a los británicos y kelpers sobre
las Malvinas. Es equivocado: mientras la
población kosovar es originaria,
nuestras islas fueron ocupadas por los piratas
ingleses y los colonizadores kelpers.
La nueva situación en Kosovo agudizó
los roces entre Rusia y EE.UU. a un grado
que no se veía desde el fin de la
Guerra Fría en 1990. Ante el riesgo
de descontrol, el titular de la ONU Martti
Ahtisaari propone una “independencia
supervisada” para Kosovo. Y aclaró:
«Es una solución sui generis
a un conjunto único de circunstancias.
No sienta otro precedente.»
¿Cuál
es la salida para Kosovo y la región?
El imperialismo busca seguir fragmentando
los Balcanes en minicolonias pobres para
dominarlos más fácil. Por
eso, apoyarse en la ONU y la OTAN para enfrentar
la opresión de Serbia es caer en
las garras de los yanquis, los peores invasores
y asesinos de pueblos del mundo, como hoy
en Irak. Para EE.UU. y para Rusia, Kosovo
es una pieza en el tablero mundial de la
disputa. Hay que echar a ambos de los Balcanes.
Kosovo tiene pleno derecho a ser independiente
de Serbia. Pero su dirigencia hoy lo ha
puesto bajo control imperialista: lo opuesto
a la independencia. El pueblo albano-kosovar
tendría que unirse a los otros pueblos
de la región para expulsar al imperialismo.
Y a su interior, darle garantías
democráticas a la minoría
serbo-kosovar. Al revés de lo que
siempre hizo Serbia, que al oprimir a los
pueblos los empuja a los brazos imperialistas.
Los serbios de Kosovo protestaron ante la
embajada norteamericana y rechazan el plan
de la Unión Europea. Es una acción
correcta, aunque también deberían
enfrentar a la dirigencia serbia y sus políticas
de opresión.
Un párrafo aparte merece Bosnia.
La minoría serbia de Bosnia podría
reclamar la unión con Serbia. Los
croatas de Herzegovina occidental, Bosnia
central y Bosanska Posavina podrían
intentar sumar esos territorios a Croacia.
Si esto se diera, quedaría un micro
estado bosnio musulmán y triunfaría
en toda la línea la división
de Bosnia Herzegovina ideada en 1991 por
Tudjman y Milosevic, impulsores de la Gran
Croacia y la Gran Serbia. No a la partición
de Bosnia, por un estado multiétnico
y multicultural.
La única forma de lograr una paz
duradera, sin que las naciones más
fuertes opriman y exploten a las más
débiles, es que los pueblos de Kosovo
y de toda la región se unan para
expulsar al imperialismo y construir una
Federación Socialista de los Balcanes,
democrática, multiétnica y
multicultural, en base al respeto mutuo,
a la que sólo se puede llegar con
el avance de la revolución. Es una
tarea más que compleja, pero no imposible.
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