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Lázaro Duarte

Un ejemplo de tradición partidaria

Muchos compañeros de nuestra organización tuvieron la suerte de conocer a Lázaro debido a que su abnegación y entrega militante lo llevaron recorrer distintos lugares del país. La mayoría lo comenzó a conocer a partir del atentado que finalmente se llevó su vida. Apenas nos enteramos de lo sucedido, los que lo conocíamos comenzamos a recordar algo que siempre nos impacto a todos, su militancia alegre y dinámica que se mantenía intacta pese a su avanzada edad. Es que Lázaro, como militante, encarnaba lo mejor de nuestra tradición partidaria. En relación a este tema y como un aporte a las nuevas generaciones de militantes y luchadores, hemos querido homenajearlo transcribiendo un extracto de una carta del fundador de nuestra corriente, el compañero Nahuel Moreno, escrita en 1975 ante el fallecimiento de su compañera Rita, donde se explaya en que significa para nosotros la tradición partidaria.

“La mayoría de los compañeros jóvenes creen que el Partido es una línea política, o un programa, o la teoría trotskista ortodoxa, o un nombre conocido por todo el mundo, o una suma de dirigentes organizando cierta cantidad de locales, o el control de algunas comisiones internas, etc., o la suma de todas estas cosas. Pero el partido no es eso. Antes de que el grupo fundador comenzara a militar, el partido no existía. Y cuando ellos comenzaron, y en muchas otras etapas, el partido cambió sus líneas políticas, fue precisando su programa, pasó por épocas de desarrollo y estancamiento teórico, se quedó casi sin cuadros, abrió locales y los perdió durante largas épocas de clandestinidad, formó y vio entrar en crisis a dirigentes y equipos de dirección, ganó influencia en el movimiento obrero y se quedó sin una comisión interna, tuvo grandes periódicos y boletines miserables a mimeógrafo, cambió de nombre varias veces y la mayoría de esos nombres no eran conocidos más que por un sector de la ultra vanguardia. El Partido también se dividió y vio destruirse parcialmente lo que con tanto esfuerzo se había construido.
¿Cómo resistió el Partido estas vicisitudes? ¿Cómo se aguantaron los años de retroceso, los de persecuciones, los de clandestinidad? ¿Cómo resistieron los viejos cuadros la tremenda presión del peronismo o del stalinismo, en épocas en que el movimiento obrero apoyaba a estas dos degeneraciones en forma masiva y entusiasta? ¿Cómo pudieron seguir militando cuando veían a sus camaradas y amigos personales cediendo a la desesperación y tomando la vía de la guerrilla, encandilados con el tremendo impacto de la única revolución socialista del continente, dirigida por el castrismo? La respuesta es siempre la misma: no por el programa, no por la línea política del momento, no por la teoría: por la moral y el método de nuestro Partido. Por eso decimos que esa moral y ese método son el eje de su historia; son lo que el Partido tiene de igual en todas sus etapas y es lo que queremos que siga siendo igual: su tradición.
Esa tradición abarca innumerables aspectos. Es el respeto y la confianza ciega en nuestra clase, sentirnos una parte de ella, querer dirigirla y, al mismo tiempo, estar dispuestos modestamente a aprender de ella. Es el esforzarnos por ser concretos como es la clase obrera, juzgar a los hombres y a los movimientos en forma objetiva, en base a los hechos, odiar las discusiones de café. Es la disciplina más estricta, el dar lo máximo que uno puede dar por el Partido, tratar de hacer cualquier cosa si sirve para construirlo. Es la más absoluta lealtad y el más completo respeto por todos los compañeros, es tratar de ayudar por todos los medios a cualquier compañero que lo necesita, no sólo en el terreno de la militancia, sino en todos los terrenos. Es la moral que define lo bueno y lo malo en base a si está a favor o en contra de nuestra clase y nuestro partido. Es el odio al enemigo de clase y el cariño más entrañable a los camaradas y a nuestra clase. Es saber que, aunque pasemos algunos años buenos, somos los parias de esta sociedad, los destinados al despido periódico, a ser sistemáticamente difamados, perseguidos, encarcelados. A veces, muertos. Es saber que vamos a tener que nadar contra la corriente hasta que no cambie esta sociedad. Es estar a favor de las relaciones claras y la franqueza y despreciar la diplomacia y la hipocresía. Es también la confianza en nuestro futuro como Partido, el orgullo de estar en él, y la alegría de vivir y de militar. Nuestra tradición es la expresión más alta de la moral y el método proletarios: es la tradición de un partido bolchevique.”

Ha sido nuestra tradición la que nos dio fuerzas para enfrentar los duros años de la triple A y la dictadura genocida, que se llevaron la vida de más de 100 compañeros de nuestra organización. Ha sido nuestra tradición la que nos permitió mantener firme nuestra estrategia revolucionaria, sin ceder a las presiones legalistas y parlamentaristas, durante los últimos 24 años de democracia burguesa.
Nuestro querido compañero Lázaro, era un ejemplo de lo que significa nuestra tradición. Con sus 80 años a cuestas era un militante ejemplar, dispuesto a cualquier clase de sacrificios por la clase obrera y la construcción de su partido, el MST. Solidario como pocos, luchador de toda la vida.
Fue asesinado por los sicarios a sueldo de este sistema podrido para intentar debilitarnos. Pero han logrado lo contrario. Nos han dado más fuerzas y reafirmado nuestras convicciones. Con más energía que antes trabajaremos para hacer grande el partido revolucionario por el que Lázaro dio su vida. Se ha incrementado en todos nosotros el odio hacia nuestros enemigos de clase. Quienes más temprano que tarde pagaran caro este nuevo crimen.

 

Tus compañeros del MST
 


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