| Otro
"suicidio"
En
la mañana del 10 de diciembre del
año pasado, el ex represor Héctor
Febrés fue encontrado muerto en dependencias
de la Prefectura Naval en donde se encontraba
detenido mientras se estaba llevando adelante
su juicio. Febrés, ex prefecto mayor,
conocido con el nombre de guerra de “Selva”,
fue uno de los represores más brutales.
Precisamente por eso se lo apodaba “Selva”,
ya que reflejaba en sí a todos los
animales de la selva a partir de su ferocidad
para torturar. Febrés había
hecho comentarios a sus allegados de que
podía llegar a hablar y dar nombres,
sobre todo, de aquellos que habían
estado implicados en el robo de bebés
nacidos de sus madres secuestradas y luego
desaparecidas en la Escuela de Mecánica
de la Armada.
Las primeras investigaciones realizadas
por la jueza federal de San Isidro, Sandra
Arroyo Salgado demostraron que Febrés
había sido asesinado con una impresionante
dosis de cianuro. El ex prefecto se llevó
su silencio a la tumba y también
los nombres y pruebas que posiblemente hubieran
permitido avanzar en el robo de niños.
Ahora, el 27 de febrero, se produjo otra
muerte dudosa. De la misma manera que se
dijo en un principio de Febrés, se
sostuvo ahora que el ex coronel Paul Alberto
Navone se había suicidado disparándose
un tiro en la sien.
Lo cierto es que la muerte de Navone se
produjo pocas horas después de haber
recibido en su casa una citación
de la jueza federal de Paraná, Myriam
Galizzi en la causa en la que se lo imputaba
por la desaparición de los mellizos
de Raquel Gallizi. Los niños nacieron
durante el secuestro de su madre en 1976,
en el hospital militar de Paraná.
Su cuerpo apareció en el parque del
hotel que la Fuerza Aérea tiene en
la localidad cordobesa de Ascochinga.
Los organismos de derechos humanos hicieron
sentir sus reclamos y manifestaron sus dudas
sobre el hecho. Aparentemente Navone estaba
muy deprimido y era probable que, al igual
que Febrés, diera nombres y responsables
en la cadena de secuestros y sobre el destino
final de los niños robados a sus
madres.
Las muertes de Febrés y Navone son
otra cara de la impunidad y una muestra
más de que este gobierno de Cristina
Fernández de Kirchner, al igual que
el de su marido, utilizan las banderas de
los derechos humanos como un elemento de
propaganda política, para tratar
de dar un perfil progresista, mientras imponen
en el plano político, económico
y social un programa al servicio de los
grandes grupos económicos que se
traduce en muchos casos, como en el casino,
el hospital francés y los trabajadores
petroleros de Las Heras, en represión
a los trabajadores.
En efecto, una verdadera política
de derechos humanos, incluso limitada a
los hechos de pasado como ocurre con los
Kirchner, impondría juicios rápidos,
detención de los represores en cárceles
comunes y juzgamiento por tribunales populares
conforme lo establecido en la Constitución.
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