| Nuestros
primeros caídos
Con este número inauguramos la sección
Relatos del Partido. Con ella pretendemos
llegar a las camadas de nuevos compañeros
recientemente ingresados que están
empezando a conocer nuestra historia y tradición
y a todos los amigos, simpatizantes y lectores
de Alternativa Socialista. Al mismo tiempo
es un homenaje a los compañeros que
a lo largo del tiempo construyeron el partido
desde nuestra corriente, el morenismo, en
particular a los caídos militando.
Para comenzar, y de cara al 24 de Marzo,
elegimos referirnos a la Masacre de Pacheco,
en la que tuvimos los primeros asesinados
de una lista que superaría el centenar
desde el tercer gobierno de Perón
y el de Isabel hasta el final del “Proceso”.
El
7 de Mayo de 1974, una banda fascista asesinó
al compañero Inocencio Fernández,
el Indio, obrero metalúrgico y militante
del Partido Socialista de los Trabajadores,
antecesor del Movimiento Socialista de los
Trabajadores. El 29 atacaron el local de
General Pacheco, secuestraron a seis compañeros
y asesinaron a Antonio Moses, Oscar Meza
y Mario Zidda.
Para comprender esa época, nos remontamos
a su comienzo: el Cordobazo. Esa formidable
movilización obrera y estudiantil
de mayo de 1969 seguida por el Rosariazo,
el Tucumanazo y millares de luchas en las
fábricas y universidades que derribaron
la dictadura militar de entonces, obligaron
a la burguesía a llamar a elecciones
en 1973 y convocar a Perón después
de 18 años de exilio.
Esas luchas eran encabezadas por una gran
camada de jóvenes obreros. No sólo
enfrentaban a los patrones y el gobierno,
sino que empezaban a desplazar a la burocracia
sindical, que trataba de frenar las luchas.
Primero en las comisiones internas, luego
en sindicatos como los de Fiat en Córdoba,
los burócratas veían temblar
sus sillones ante la embestida de éstos
nuevos dirigentes, que pertenecían
a todas las tendencias políticas
–peronistas, socialistas, radicales,
independientes-, pero que estaban unidos
en la lucha y también en el odio
a la burocracia.
La vuelta de Perón, que había
generado grandes expectativas, terminó
conformando un gobierno que tubo como uno
de sus objetivos cortar ese proceso. La
patronal y la burocracia esperaban que el
recuerdo del 45 y el inmenso prestigio del
líder, depositario de las ilusiones
de millones de trabajadores, trajera la
calma.
Una vanguardia
combativa
Esto no sucedió. La situación
económica no permitía al gobierno
satisfacer los reclamos salariales, y en
poco tiempo los trabajadores volvieron a
la lucha. Renault en Córdoba; Acindar,
Maratón y Metcon en Villa Constitución;
Santa Rosa, Cormasa, Matarazzo y Astarasa
en el Gran Buenos Aires; el Banco Nación
en Capital, fueron algunos de los hitos
de la gran oleada de huelgas que sobrevino
en el 74.
De estas luchas surgió una nueva
vanguardia con dirigentes como René
Salamanca en Córdoba, Alberto Piccinini
en Villa Constitución, entre miles
de activistas obreros, estudiantiles y populares
decepcionados por Perón. Activistas
de todo el país asistían a
los plenarios de Villa Constitución,
donde las tres fábricas metalúrgicas
realizaban una larga huelga. En la Panamericana
se conformó la Coordinadora de Zona
Norte, a partir de comisiones internas y
activistas antiburocráticos de empresas
en conflicto.
Un sector importante de esa nueva vanguardia
se sintió atraído por los
Montoneros y el ERP, que ante la brutal
derechización del gobierno peronista
se planteó enfrentarlo con el método
de la guerrilla. Abrió así
un proceso de decenas de acciones por la
fuerza del movimiento de masas: secuestro
de empresarios o atentados contra burócratas
como José Rucci o personeros odiados
del régimen como el comisario de
policía Alberto Villar. Nuestro partido,
que desde el comienzo había denunciado
el verdadero motivo del retorno de Perón
y combatía intransigentemente su
gobierno, se oponía a la política
de la guerrilla, aislada de las masas. Sosteníamos
que la lucha contra el gobierno y las bandas
fascistas requería el desarrollo
de la movilización desde las fábricas
y la organización de la vanguardia,
a partir de experiencias como los plenarios
de Villa y la Coordinadora, en comités
de defensa obrera. Porque, como dijo Nahuel
Moreno, “al fascismo no se lo
discute. Al fascismo se lo destruye en la
calle, con los mismos métodos que
ellos usan”.
Aparece la
triple A
Ante la multiplicación de las luchas
y el desarrollo de la vanguardia, apareció
en el “riñón”
del gobierno de Perón la llamada
Triple A (Alianza Antico-munista Argentina),
la banda de asesinos fascistas armada, financiada
y dirigida por el ministro de Bienestar
Social, el “brujo” José
López Rega, integrada por “servicios”
y por matones de la burocracia sindical.
Su blanco eran precisamente los jóvenes
obreros que conformaban esa gran vanguardia
combativa. Así, el 25 de Abril fue
asesinada la activista Liliana Ivanoff,
de la Juventud Peronista, y el 2 de Junio
Rubén Coggioni, de la Juventud Comunista.
Frente a los ataques de los “fachos”,
nuestro partido sostenía que había
una sola defensa posible: organizarse desde
las fábricas y desarrollar la movilización.
También en esto nos enfrentábamos
a la guerrilla, según la cual el
dirigente amenazado debía pasar a
la clandestinidad y tomar las armas. Para
nosotros, debía estar más
unido que nunca a sus compañeros
de fábrica, los mismos que lo seguían,
en la lucha cotidiana. Desde allí
se podrían tomar las medidas necesarias
de autodefensa obrera.
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Esas
luchas eran encabezadas por una gran camada
de jóvenes obreros. No sólo
enfrentaban a los patrones y el gobierno,
sino que empezaban a desplazar a la burocracia
sindical, que trataba de frenar las luchas.
Primero en las comisiones internas, luego
en sindicatos
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Muertos en
la lucha
Un
sector minoritario de la vanguardia obrera
y estudiantil había ingresado al
PST, convencido que la lucha contra la patronal,
el gobierno y la burocracia no podía
limitarse al ámbito sindical sino
que requería una organización
política con un programa revolucionario
por el socialismo.
Por eso también fuimos blanco de
la Triple A, que ponía bombas en
nuestros locales y amenazaba con matar a
nuestros compañeros.
Las amenazas se hicieron realidad con el
asesinato del Indio Fernández el
7 de Mayo de 1974 y los de Oscar Meza, Mario
Zidda y Antonio Moses tres semanas después.
El “Indio” tenía 26 años.
Trabajaba en la fundición Cormasa,
sobre la Panamericana. Cuando entró
al PST, a principios del 74, era miembro
de la Comisión Interna. Formaba parte
de la Lista Gris, que enfrentaba a la burocracia
de Lorenzo Miguel en las elecciones metalúrgicas.
El día de las elecciones, matones
de la burocracia armados con escopetas Itaka
irrumpieron en la fábrica y robaron
las urnas poco antes del escrutinio. Por
supuesto, ganó la lista “oficialista”.
El 7 de mayo a las 4 de la mañana,
cuando el Indio iba a tomar el colectivo
desde su casa en Maschwitz para ir al trabajo,
un disparo de Itaka le destrozó el
pecho. Su cadáver quemado apareció
varios días después en un
baldío.-
Tres semanas después, la noche del
29 de mayo, seis compañeros estaban
reunidos en el local de Pacheco, discutiendo
como defenderlo de un eventual ataque. De
repente se escuchó una ráfaga
de ametralladora, cayó la puerta
y quince matones con armas largas irrumpieron
en el local. Después de destruir
todo lo que encontraron a mano, sacaron
a los seis –tres eran mujeres- del
local y los obligaron a subir a varios autos.
A pocas cuadras, después de recibir
golpes y amenazas, las tres compañeras
fueron liberadas. Los coches siguieron viaje
con rumbo desconocido. A la mañana
siguiente, los cadáveres de los tres
compañeros aparecieron en un baldío
de Pilar, acribillados a balazos.
Uno de ellos era Oscar Meza, de 27 años.
Delegado de calderería de Astilleros
Astarsa, había dirigido una toma
de la planta para reclamar mejores condiciones
de seguridad luego de que un accidente de
trabajo le costara la vida a un compañero.
Como resultado de esa lucha, se creó
una comisión de control de seguridad
con participación de la interna y
hasta se logró la reincorporación
de varios activistas despedidos dos años
antes. “Hijitus” Meza también
era candidato de la Gris, en la seccional
Vicente López de la UOM.
El “Tano” Zidda, de 22 años,
era estudiante. Había ingresado al
partido en el 73, como parte de un grupo
de activistas de la Escuela Técnica
Nº 1 de Tigre. En el PST se destacó
como propagandista durante las elecciones
del 73, las primeras en las que participamos
como partido nacional.
Tony Moses ya tenía varios años
en el partido cuando a principios del 74
entró a trabajar en la metalúrgica
Wobrón, en la zona de Panamericana.
Hasta entonces, se había ocupado
de tareas relacionadas con la seguridad
del partido.
Unidad para
derrotar al fascismo
La masacre de Pacheco provocó una
conmoción nacional. Al día
siguiente, una impresionante multitud se
congregó frente al local de la calle
24 de Noviembre en la capital, la sede del
PST. Ante millares de activistas independientes
y de todas las corrientes reafirmamos nuestra
política de unidad para combatir
al fascismo.
Desde el balcón del local, nuestro
dirigente Nahuel Moreno dijo:
“Queremos reivindicar a los muertos
de Pacheco como luchadores de la izquierda
en su conjunto frente a un peligro que nos
amenaza a todos: el fascismo y el golpe
reaccionario. Frente a este peligro y esta
escalada que viene de largo tiempo atrás,
hoy estamos acá gritando por la unidad
de acción. A nuestro partido le preocupa
profundamente si esta unidad de acción
es para acompañar los cortejos al
cementerio o va a ser la unidad de acción
en las calles para derrotar y aplastar a
las fuerzas fascistas (…) Nosotros
queremos impedir que el fascismo llegue
y queremos impedirlo ahora. No queremos
celebrar su caída después
de veinte años de terror y retroceso…”
“Si queremos honrar a los muertos
del PC, de la JP y a nuestros muertos, tenemos
que sacar nuestra reflexión. Por
eso la dirección de nuestro partido
invita a todas las tendencias presentes
y a las que no lo están para que
empecemos a construir las brigadas o piquetes
antifascistas, obreros y populares, que
serán la herramienta con la cual
abatamos definitivamente a las bandas fascistas
en nuestro país.”
Desgraciadamente, esa unidad que preconizábamos
no se produjo y tres años después,
como continuidad de la Triple A, la dictadura
del Proceso vino a imponer sus siete largos
“años de terror y retroceso”.
Esta pelea política y esta moral
son parte de la tradición del partido.
El 24 de Marzo, nos vamos a movilizar recordando
a los 30000 desaparecidos, entre ellos,
a nuestros queridos compañeros del
PST, por el castigo a los asesinos de ayer
y de hoy.
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