| ¿Se
avanza en Derechos Humanos?
Desde que llegaron al poder los Kirchner
usan permanentemente la bandera de los derechos
humanos. Ante el odio a los genocidas somos
millones los que queremos que se los castigue
realmente. En ese camino hay honestos luchadores
que valoran más algunas acciones
parciales del gobierno que décadas
de luchas del pueblo en las calles y creen
sinceramente que con Néstor y Cristina
se va a terminar la impunidad. ¿Realmente
es así?
Escribe
Marcelo Parrilli, presidente del CADHU
La
imagen que pretenden dar confunde a honestos
activistas que durante años han venido
luchando por el juicio y castigo a los genocidas.
A esa confusión contribuye el hecho
que el gobierno, lamentablemente, cuenta
con el apoyo de dos organizaciones históricas
como Madres línea Hebe de Bonafini
y Abuelas, encabezadas por Estela Carlotto.
Dicen que avanzan los juicios a los genocidas
avanzan. Eso es cierto, aunque muy lentamente
según lo demuestra un reciente estudio
del CELS que señala que en la actualidad,
entre imputados y procesados en las distintas
causas, hay solamente 380 integrantes de
las FFAA y de seguridad y que de ellos,
306 están detenidos mientras que
el resto tiene arresto domiciliario.
Pero lo fundamental es que esos juicios,
demorados durante años por las leyes
de impunidad de Alfonsín y los decretos
de indulto de Menem, avanzan empujados por
la movilización y no por concesiones
del gobierno K. No fue su política
anular las leyes de punto final y obediencia
debida, jamás hubo una iniciativa
en ese sentido y su decisión era
dejar las cosas como estaban, es decir,
la plena impunidad de los genocidas hasta
que, por pura especulación política,
decidieron empujar los proyectos de nulidad
de las leyes de nuestra compañera
Patricia Walsh.
¿Por qué lo hicieron? Para
encubrir y disimular con un barniz de progresismo
su política antipopular, caracterizada
por la represión a los trabajadores
en conflicto, envío de tropas a Haití,
alineamiento con Bush frente a Irán
y, centralmente, mantenimiento de un plan
económico caracterizado por garantizar
enormes ganancias a los monopolios y al
gran capital.
Y ese barniz se lo dio la política
de juzgamiento a los genocidas de la dictadura.
Que esa no era la política real del
kirchnerismo surge de que jamás Néstor
o Cristina K militaron por los derechos
humanos, no marcharon ni se pronunciaron
sobre el tema y de que, hasta hoy, se han
negado sistemáticamente a anular
los decretos de indulto dictados por Menem.
Pero el punto central, a mi juicio, está
en la negativa a desmantelar el aparato
represivo que, con sus reacomodamientos,
sigue teniendo como centro la represión
de las luchas obreras y populares y de toda
expresión democrática que
cuestione el dominio de los grandes grupos
económicos y de poder. Por eso, precisamente,
en medio de esta política se produjo
la desaparición de Jorge Julio López,
hasta hoy absolutamente impune. Por eso
también siguen en puestos claves
de las FFAA, policiales, de seguridad y
en el Poder Judicial o Ministerios Fiscales
figuras nefastas de la dictadura.
En resumen, el kirchnerismo utiliza la política
de derechos humanos, limitándola
solamente al pasado, como forma de encubrir
su política antipopular en lo económico
y social y también la represión
que ejerce para aplicarla.
En este último aspecto son múltiples
los casos de represión a luchas obreras
y persecución a trabajadores. Uno
de los casos más brutales fue la
represión a los trabajadores petroleros
en Las Heras, al norte de Santa Cruz. Allí
la jueza interviniente dispuso operativos
de detención de militantes sindicales
directamente por la gendarmería en
procedimientos que resultaban muy parecidos
a los realizados durante la dictadura. A
ese caso se sumó luego la represión
a los trabajadores del Hospital Francés
en donde además de utilizarse las
patotas se terminó empleando también
a la gendarmería en una verdadera
militarización del hospital.
Ejemplos más recientes del garrote
kirchnerista fueron las brutales represiones
a los trabajadores del casino y a los compañeros
de la metalúrgica DANA.
Por eso debemos mantener la movilización
y la denuncia contra este gobierno. Para
garantizar que se avance en el juzgamiento
de los genocidas y para evitar que día
a día la represión siga avanzando
sobre todos los que se oponen a los planes
de concentración de la riqueza en
manos de los amigos de kirchner y los grandes
grupos económicos.
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