| La
trampa de la globalización económica
Hace poco más de un año la
mayoría de los economistas capitalistas
hablaban de la “buena salud”
de la economía mundial. Se referían
sin cesar a los más de 4 años
de crecimiento sostenido de la misma. La
crisis de la bolsa de Shangai, seguida de
crisis bursátiles y la casi segura
recesión en EE.UU. hizo que cambiaran
rápidamente de opinión. Ahora
nadie pone en duda que hay una profunda
crisis económica. Sólo intentan
minimizarla diciendo que sólo afectará
a los EE.UU. ¿Es esto posible?¿Existe
la posibilidad de aislar la crisis bursátil/financiera
de una profunda crisis en la economía
real?¿Es verdad que los demás
países puedan escapar a la crisis?
El
martes 28 de febrero de 2007 se
desplomó la bolsa de Shangai, que
con una caída del 9% representó
su mayor crisis en 10 años. Y la
siguieron, “gracias” a la globalización
imperialista, Wall Street y las bolsas de
muchos países incluida la Argentina.
A partir de allí, todos los analistas
burgueses reflotaron sus dudas sobre la
salud de la economía capitalista,
que venía de una fase de crecimiento
sostenido desde 2003. Como en un dominó,
las crisis bursátiles empezaron a
sucederse, vino la crisis de las hipotecas,
luego pérdidas inmensas y cierres
de los grandes bancos como el Citibank,
el Bearn Stearns, etc. Y lo peor, como dicen
metafóricamente algunos, es que “el
volcán está en el centro”,
refiriéndose a que afecta principalmente
a EEUU, la principal economía del
mundo.
Una nueva crisis aguda de la economía
capitalista imperialista
Desde estas páginas ya hemos polemizado
con todos aquellos que, haciéndole
de coro al capitalismo imperialista, insistieron
en tratar de minimizar la crisis, o decían
que se trataba de una crisis de las bolsas
y que no tendría mayores repercusiones
en la economía real (es decir en
el aparato productivo mundial). Hoy esos
mismos personeros intentan vendernos que
la crisis será de corta duración
y que no se extenderá o propagará
más allá de EE.UU.
Hemos insistido una y otra vez que las crisis
bursátiles del capitalismo no son
sino una refracción particular, dis-torsionada,
amplificada a veces, de la crisis más
profunda del propio sistema. Sistema que
está sometido por factores propios
y externos a crisis cíclicas más
agudas como la que estamos transitando hoy,
pero que vive una fase de crisis crónica
desde hace décadas, cuando acabó
el boom de posguerra, allá por los
años 70 del siglo pasado. Desde entonces,
las crisis se hacen más frecuentes
y profundas, afectando a más países
y son cada vez menos los que logran salir
de la misma. Otra característica
que se repite desde entonces es que los
capitalistas logran “superar”
transitoriamente estas crisis agudas a costa
de una mayor superexplotación de
los trabajadores del mundo entero. Es por
esto que luego de cada crisis, aunque se
la haya superado, nunca se alcanzan los
niveles de actividad económica previos
y mucho menos los trabajadores vuelven al
nivel de vida anterior. Paradójicamente,
para los capitalistas, es aquí donde
se incuba el germen de una nueva crisis,
ya que disminuye el consumo de mercancías
(indispensable para que los capitalistas
realicen su ganancia) y por otra parte aumenta
la resistencia de los trabajadores a la
explotación, lo que les disminuye
la tasa de ganancia.
El origen
de esta nueva crisis
La crisis actual, sin querer simplificar
en exceso, podemos decir que tiene su origen
a principio del nuevo milenio cuando EE.UU.
pasó de tener un superávit
fiscal histórico a un déficit
que superaba los 500.000 millones de dólares
anuales y el gobierno de Bush se embarcó
en la guerra contra Irak y decidió
“huir hacia adelante” inyectando
dinero para incentivar el consumo de los
norteamericanos. Desde entonces, (y resumiendo)
podemos decir que se agudizaron todas las
contradicciones, ya que la economía
mundial se hizo cada vez más dependiente
de la capacidad de consumo del pueblo norteamericano.
China, orientada a producir para el imperio
siguió creciendo a ritmos increíbles,
acumuló enormes ganancias con las
que compraron Bonos del Tesoro norteamericano
que se endeudaba cada vez más.
Los créditos fáciles hicieron
que las hipotecas de las casas (todo un
símbolo en los EE.UU.) se fueran
a las nubes producto de la especulación,
haciéndose día a día
más imposibles de pagar y esto traería
aparejada una alta incobrabilidad de los
créditos que repercutió en
los bancos, que asentaban sus supuestas
ganancias en el cobro de estas hipotecas
que nunca cobrarían...Una bola de
nieve que creció y creció.
Sin embargo, esto es sólo un aspecto
de la crisis más general que vive
el sistema, los más llamativos.
Podríamos dar otros ejemplos que
muestran los descalabros del sistema y sus
profundos problemas, como el costo elevadísimo
de la energía (principalmente petróleo)
por la falta de inversiones y la inestabilidad
política y militar en Medio Oriente
empeorada con la invasión a Irak.
También la falta de inversión
y aplicabilidad en fuentes alternativas
de energía. O los problemas derivados
del encarecimiento y escasez de comestibles,
cuando la capacidad de producirlos excede
de lejos las necesidades de consumo humano.
La crisis que saltó con el tema de
las hipotecas que se trasladó a todo
el ámbito de las finanzas con la
crisis bancaria y que hoy amenaza con sumir
en la recesión a la principal economía
mundial está lejos de ser una simple
crisis financiera. Así lo reconoce
el magnate de las finanzas Soros, quien
dijo que “es la peor crisis desde
la depresión del ´29”.
Lo mismo opina el propio FMI que asevera
que EEUU entró en recesión
y que toda la economía mundial lo
acompañará en alguna medida.
Hasta el propio presidente de la Reserva
Federal yanqui Ben Bernake dijo que “EEUU
no crecerá en este 2008”, es
decir, que está en recesión.
¿No
era que estábamos todos globalizados?
Cuando ya nadie puede negarla, entonces
se dedican a tratar de convencernos que
será mínima o rápida
y pasajera o que no afectará a los
países como el nuestro. Esto es lo
que pretenden los funcionarios de Cristina
y sus periodistas a sueldo, que insisten
en que tenemos 50.000 millones de dólares
de reserva y como no le vendemos demasiado
a EE.UU. entonces la crisis no nos afectará.
Curiosamente, estos personajes son los que
insistían desde hace años
en que el mundo estaba globalizado, que
todo estaba interconectado (las finanzas,
la economía, etc.). Que teníamos
que ser competitivos a nivel mundial, que
no podíamos luchar por mejores salarios
porque entonces los capitalistas producían
en China, y aquí o en EE.UU. nos
quedábamos sin trabajo (cosa que
efectivamente hicieron) y ahora resulta
que entra en crisis o recesión la
principal economía mundial y probablemente
también Europa y ¡a nosotros
no nos afectará!
Desgraciadamente para estos alcahuetes,
la realidad desmiente rápidamente
sus predicciones. Por ejemplo, la crisis
ya afecta los bancos de Inglaterra, se mete
profundamente en el sector inmobiliario
y de la construcción en España,
cae el precio de la soja de 500 a 390 dólares
porque el gran coloso del norte decide plantar
soja en su territorio. Y el ejemplo que
más los ha preocupado por su magnitud,
lo tuvieron la semana pasada cuando la General
Electric (la tercera empresa en capitalización
bursátil) que según sus cálculos
estaba a salvo de los problemas de la bolsa
por su gran diversificación de producción
y su propio nivel de productividad, anunció
que bajaría sus ganancias, mostrando
que la crisis es combinada, que no tienen
forma de separar una crisis financiera de
semejante magnitud de los problemas de la
economía real.
Las perspectivas
No podemos vaticinar la duración
y profundidad de la crisis, no es nuestro
objetivo. Sostenemos, sin embargo, que se
trata de una crisis profunda, que al tener
como epicentro a EEUU afectará en
mayor o menor grado al resto de la economía
mundial y a las economías regionales
y países. Una baja en el consumo
del pueblo norteamericano (y hoy todos sostienen
que eso está ocurriendo y proseguirá
por un tiempo) necesariamente afectará
la economía China y con ella la de
todos los países que como el nuestro
tienen estrecha interdependencia con ambos.
Como siempre, el imperialismo apelará
a su vieja receta de intentar descargar
la crisis sobre las espaldas de los trabajadores;
la novedad es que ahora los principales
involucrados serán los trabajadores
yanquis, también lo serán
los trabajadores chinos y luego todo el
resto. Intentarán una vez más
recuperar la alicaída tasa de ganancia
a través de bajar salarios, despedir
trabajadores, cerrar empresas que no sean
competitivas, encareciendo mercancías,
etc. Por eso decimos que no hay salida a
la crisis dentro de los márgenes
del sistema capitalista. Sólo los
trabajadores son capaces de revertir esto,
imponiendo un nuevo sistema donde la producción
esté al servicio de satisfacer las
necesidades y el bienestar de la inmensa
mayoría y no en beneficio de unos
pocos. En síntesis se trata de imponer
un sistema socialista para superar las taras
de la economía capitalista imperialista.
Gerardo
Uceda
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Inflación,
un problema gravísimo Hasta
el FMI lo dice
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