| Cristina
de capa caída
Terminado
el primer round de la lucha de los pequeños
productores agrarios, el gobierno no logra
disimular la dura derrota sufrida a dos
bandas. Porque la rebelión de los
chacareros olvidados obligó a Cristina
K. a reconocer que ese nuevo actor había
entrado en escena desde abajo, diferente
a los ricachones de la Sociedad Rural. Separada
la paja del trigo, se fue desmoronando el
verso del golpismo y los “piquetes
de la abundancia”. Tuvo que avenirse
a negociar, aún sin esperar al Ministro
de economía, abriendo una serie de
concesiones que no estaban en sus planes.
Sin embargo entre los pequeños productores
autoconvocados, los que cotaron rutas y
movilizaron a los pueblos del interior contra
tamaña metida de mano en el bolsillo,
cunde la desconfianza. Al tiempo que pugnan
por la concreción de lo ofertado,
siguen reclamando las retenciones diferenciadas
y suben la apuesta planteando una Ley de
Arrendamiento, rechazada por los oligarcas
de la Sociedad Rural. Y no se quedan de
brazos cruzados. Se toman en serio el plazo
de 30 días. De Angelis, principal
referente que la lucha destacó, está
realizando reuniones, actos y asambleas
multitudinarias en diversas provincias preparándose
para volver a la lucha ante un eventual
fracaso de las negociaciones que, al cierre
de esta edición, no habían
evidenciado progresos. “No es
una tregua, es un alto en la huella”,
dijo De Angelis. «Estamos al horno,
porque tenemos el aliento de mucha gente
en la nuca», reconoció Buzzi
(Federación Agraria) mientras decía
que el gobierno no daba respuesta. «Hoy,
los dirigentes de las entidades van a tener
que consultar a las bases porque sino se
va a volver a generar un rechazo hacia ellos.
Fueron sobrepasados por las bases, no van
a poder tomar decisiones solos», tradujo
La Nación palabras de uno de los
protagonistas.
Pero lo más notable es la derrota
política, la mayor de toda la era
K. y el profundo cambio producido en el
escenario nacional. Todos los encuestadores
y politólogos, incluidos los que
están a sueldo del gobierno han tenido
que reconocer que Cristina perdió
entre 10 y 20 puntos de apoyo a partir del
conflicto, una de las mayores y rápidas
pérdidas de capital político
de los últimos 25 años. El
55% de la población opina que el
gobierno tendría que implementar
retenciones diferenciadas para grandes y
chicos y otro 27% directamente opinó
que tendría que retirar la última
medida. (P12). Al desgrane de base social
que le fue útil para llegar al gobierno
en octubre pasado, se le suma una fractura
con sectores claves del establishmen que
han sido los más férreos sostenes
de la era K. Lo critican los grandes beneficiarios
del boom sojero, está en guerra abierta
con el Grupo Clarín que, por supuesto,
pretende réditos de esta pelea para
aumentar su monopolio multimedio. Se le
complica el armado del “nuevo”
PJ porque los viejos aliados gobernadores,
intendentes y hasta radicales K. han salido
a criticar la extorsión política
del régimen de la billetera, que
cambia favores políticos por recursos.
Se le viene encima la negociación
para pagarle al Club de París con
el Fondo nuevamente en escena. Y, para colmo,
se reactivó el juicio por los crímenes
de la Triple A que Kirchner metió
presuroso bajo la alfombra durante su mandato
y amenaza con destapar una olla que produce
pánico a viejos y nuevos pejotistas.
Se puso en evidencia que la crisis del régimen
que dejó el argentinazo del 2001,
lejos de cerrarse está más
presente que nunca. Con críticas
crecientes desde los propios aliados de
que las decisiones se toman entre 3 o 4
personas, pasando por encima del parlamento
y todos los estados provinciales, a partir
de centralizar los fondos y colocar un régimen
de chantaje. Por supuesto, esa plata no
vuelve a los trabajadores y el pueblo, a
las provincias y municipios, que son las
que producen las riquezas del país,
porque se destina íntegramente a
las jugadas políticas del gobierno,
al pago de subsidios a las privatizadas
y grandes empresas de la ciudad y el campo
y para pagar la deuda, motivo central del
último viaje de Cristina a París.
Pero ha recrudecido el peor de los problemas
que lo complica política y socialmente:
el rebrote inflacionario, como en un sainete
incomprensible, Cristina y su marido siguen
reivindicando el INDEK mentiroso, siendo
el hazmerreír de propios y ajenos
con el dibujo de un dígito, cuando
todo indica que ya hay una inflación
acumulada de 30% anual. Que se siente en
los precios de los alimentos por las nubes.
Va volviendo la carne a las góndolas
de los súper, pero nadie puede comprarla.
Y produce bronca y profundiza el malhumor
social que creció desde la “crisis
del campo”. Lejos del pretendido pacto
social y, más allá de los
amoríos con Moyano, tanto el tope
salarial como los acuerdos firmados contra
reloj, han quedado superados por los acontecimientos,
poniendo a la orden del día la necesidad
de reabrir paritarias y subir la apuesta
en las que aún están en curso.
Gremios claves como la UOM y el SMATA, amenazan
con conflicto y piden un 30% de “piso”.
La necesidad de un aumento general de salarios
acorde a la canasta familiar marca la agenda
de los trabajadores y coloca un escenario
de conflicto.
A pesar de la paliza cobrada, el gobierno
sigue tratando de sembrar confusión
para tratar de recuperar terreno y barnizar
el golpe recibido. A muchos les cayó
la ficha, pero en varios sectores hay confusión
por el discurso mentiroso del gobierno sobre
una supuesta lucha entre “la oligarquía
y el gobierno popular” No tenemos
que engañarnos porque hoy se pelee
con Clarín o tenga disputas con la
Sociedad Rural. Los años K. fueron
los de mayor concentración (y no
distribución) de la riqueza y estos
sectores hicieron fabulosas ganancias. Por
el contrario, los sectores populares, los
trabajadores y, ahora, los pequeños
productores, sufrieron una brutal metida
de mano en el bolsillo que ahora queda al
descubierto.
Ante esta situación que se recalienta,
los trabajadores, las amas de casa, los
vecinos de los barrios, los de abajo, tenemos
que salir a reclamar. Exigiendo medidas
de emergencia para controlar los precios
y un aumento general de salarios. Al tiempo
que tenemos que prepararnos para volver
a apoyar si los pequeños productores
vuelven a las rutas.
Por otro lado, ante un gobierno al que se
le cae la careta, un Pj reciclado que nada
tiene de nuevo y una oposición que
es más de lo mismo, tenemos la tarea
de poner en pie una nueva alternativa política,
una nueva izquierda para levantar una salida
de fondo.
Al servicio de estos objetivos el 1ro de
Mayo el MST llama a concurrir a Plaza Congreso.
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