| Los
Kirchner siguen pagando
La
presidenta Cristina Kirchner hizo un viaje
a París con “agenda abierta”.
Aunque era sabido que entre los objetivos
del viaje se encontraban la intención
del gobierno francés de involucrar
a la Argentina en la liberación de
Ingrid Betancourt, actualmente en manos
de las FARC, y la renegociación de
la deuda de 7 mil millones de dólares
que mantiene la Argentina con el Club de
París. También fueron varios
empresarios ligados al negocio del tren
bala que se hará con capitales franceses.
Cristina,
Betancourt, y los derechos humanos
Antes de aterrizar Cristina se enteró
de las “marchas blancas” que
se harían ese mismo día en
más de quince ciudades francesas,
para exigir la libertad de Betancourt. A
último momento decidió participar
de esas movilizaciones, instalada en la
cabecera durante toda la marcha por París,
y hablando en dos ocasiones: al principio
y al final de la concentración.
Desde ya que apoyamos los intentos de lograr
canjes humanitarios para los rehenes en
manos de las FARC, así como saludamos
las negociaciones llevadas adelante por
el presidente Chávez, incluso a pesar
del sabotaje de Uribe y el gobierno colombiano.
Pero eso no quita que también hay
que resolver los problemas de derechos humanos
en nuestro país, que no son pocos.
Ya hace un año y medio que Julio
López está desaparecido, y
en ningún momento se observó
una voluntad política firme por parte
de los Kirchner en lograr dar con su paradero,
lo cual implicaría acabar con la
impunidad con la que se mueven ciertos sectores
involucrados con el terrorismo de Estado,
y los tristemente célebres “sin
gorra”. Tampoco se vio voluntad en
resolver el asesinato de nuestro compañero
Lázaro Duarte, apuñalado en
el ataque a nuestro local central de Neuquén.
Allí, al igual que con el caso del
docente Fuentealba, es necesario acabar
con la impunidad que se mueven ciertas bandas,
amparadas por el Movimiento Popular Neuquino
(MPN) de Sobisch y Sapag.
La negociación
con el Club de París
La negociación con el Club de París
tiene varios elementos que la hacen complicada.
Néstor Kirchner había apostado
a lograr cerrar un acuerdo antes de que
finalizara su mandato, pero no lo logró
producto de varias exigencias que el gobierno
no estaría dispuesto a aceptar.
Por un lado el Club de París exige
un fuerte pago en efectivo. Pero lo más
importante es que exigen un acuerdo previo
con el FMI, lo cual implicaría acordar
con los bonistas que quedaron fuera del
canje en el 2005: son 28 mil millones de
dólares que hoy la Argentina no reconoce.
Los pilares
del modelo actual
Pero el gobierno, lejos de tener una política
de soberanía nacional no reconociendo
ninguna deuda fraudulenta e ilegítima,
tiene el objetivo de “normalizar”
las relaciones con los principales países
imperialistas. Es decir, retomar las relaciones
carnales, un poco más maquilladas
pero no por eso menos carnales. Por eso
primero se pagó en efectivo al FMI,
y ahora se negocia con el Club de París.
Es en este marco que se entiende el viaje
de Cristina a Francia, y las intensas reuniones
con el presidente francés Sarkozy,
e importantes empresarios y dirigentes de
ese país.
Para lograr este objetivo político
es necesario contar con un enorme superávit,
que hoy el país lo está logrando
sobre la base de enormes impuestos regresivos:
por un lado el IVA del 21%, uno de los más
altos del mundo. Es un impuesto regresivo
porque es al consumo, y además se
aplica a todo por igual, a la leche y a
la carne, como a los artículos de
lujo. Por eso, proporcionalmente, los pobres
pagan dos o tres veces más de IVA
que los ricos. El otro sostén del
superávit y del actual modelo, son
las retenciones a las exportaciones. Un
tema muy en boga en los últimos días
producto de la rebelión de los pequeños
productores. En este caso el impuesto termina
siendo regresivo y favorece la concentración
de la tierra y la sojización, porque
no discrimina entre grandes y pequeños
productores. Así los grandes pooles
de siembra, los que exportan millones de
toneladas y que tienen poder de presión
y son formadores de precios, pagan de impuestos,
proporcionalmente, mucho menos que los pequeños
chacareros, que así se ven ahogados.
Vuelven las
relaciones carnales
Hace unos meses parecía que la relación
entre Argentina y los Estados Unidos sufría
una crisis irremontable. El Congreso había
votado un repudio a las declaraciones de
un fiscal norteamericano que relacionaba
la famosa valija de 800 mil dólares
con la campaña presidencial de Cristina.
A partir de allí se entró
en una escalada diplomática que,
sin embargo, fue perdiendo protagonismo
mediático.
El 10 de abril llegó a la Argentina
un enviado de Bush, Thomas Shannon, secretario
de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio
Occidental. Se reunió con Cristina,
y tuvo muchas otras reuniones con variados
funcionarios y empresarios. Y entre asado
y asado, donde nadie mencionó a Antonini
ni a la valija, todos coincidieron en “retomar
las buenas relaciones, como en los noventa”.
Shannon dio su apoyo a la Argentina en la
negociación con el Club de París,
lo que equivale a decir que los Estados
Unidos ve con simpatía que Argentina
vuelva a negociar con todos los organismos
internacionales de crédito, y continúe
con los pagos exorbitantes de deuda externa.
Por eso ya se agenda otra visita de Shannon
para julio de este año.
Nada bueno hay en estas negociaciones para
los trabajadores, ni tampoco para los pequeños
productores que le bajaron el pulgar a los
Kirchner. Porque esta política implica
profundizar lo peor del modelo actual (bajos
salarios, inflación, concentración
de la tierra y la riqueza) al servicio de
las grandes potencias extranjeras. Más
allá de los discursos, es un modelo
con olor a los noventa.
Un
viaje caro
El
viaje de la presidenta Kirchner, junto a
su comitiva, le costó al Estado argentino
alrededor de 300 mil dólares, producto
de los lujos que se dio la presidenta en
París.
Los gastos más importantes fueron
los siguientes: 250 mil dólares por
el alquiler de un Boeing 747-200; alojamiento
en el hotel 5 estrellas Le Meurice, allí
la noche en una suite vale 2.000 euros.
Los gastos de alojamiento de toda la comitiva
suman 60.000 dólares. Estos gastos
no incluyen los de la comitiva “paralela”,
que son todos los empresarios que acompañaron
a De Vido, para acelerar la negociación
por el tren bala que unirá las ciudades
de Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
Juan
Pablo Correa
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