| Un
Fuego que no es Juego
El simbolismo del paso de la antorcha olímpica
por las calles de Buenos Aires, como en
el resto de las demás ciudades, no
tiene nada del honor, la sana competencia
o del espíritu de las olimpiadas:
dar el máximo cómo deportista
que representa la llama de los juegos. Su
objetivo es simplemente ampliar un negocio
de miles de millones de dólares patrocinado
por los grandes pulpos económicos
imperialistas y el gobierno stalinista chino.
Los
juegos no escapan a este mundo en el que
vivimos donde el criterio de la ganancia
abunda olímpicamente. En muchos casos
también son los propios deportistas
los que acuden a cualquier sustancia prohibida
para rendir el máximo posible. La
televisión, verdadera patrona del
circo, con sus monopolios mueve millonarias
sumas de dinero evitando que millones de
personas en el mundo sin televisión
por cable o satelital puedan seguir la competencia.
El capitalismo como una metástasis
envenena lo que toca.
Pero no todo es negocio. El negocio se
tiene que sostener también políticamente.
Y los grandes acontecimientos deportivos
son utilizados para ese fin.
China hace un uso político para
mostrar una imagen que no tiene. La de un
país próspero donde reina
la libertad y los derechos humanos y sus
habitantes viven sin hambre ni explotación.
La burocracia stalinista devenida en empresaria
de su propio Estado y el imperialismo dueño
de verdaderas unidades económicas
de explotación en China únicas
en el mundo, no van a perderse tremendo
negocio. Y el imperialismo norteamericano
sabe que sin China no podría hacer
frente a su tremenda deuda pública
ya que China tiene la mayoría de
los papeles de esa deuda.
Pero tampoco escapa a los juegos la realidad
de una rebelión justa de parte del
pueblo tibetano por su autodeterminación
e independencia. De esta rebelión
no se sabe demasiado por el bloqueo informativo
del régimen de Pekín que echó
a todos los periodistas extranjeros. Se
sabe que desplegó miles de soldados
en las principales ciudades provocando decenas
de muertos según las pocas informaciones.
Aun así, esa justa rebelión
esta provocando una gran crisis en las relaciones
diplomáticas de muchos países
europeos con China. Los primeros mandatarios
de Alemania, Polonia, República Checa
y Gran Bretaña no irán, mientras
Sarkozy lo esta pensando. Bush, en retirada,
duda también porque China es el gran
salvavidas de EEUU.
El problema de la rebelión tibetana
es su dirección. La camarilla reaccionaria
del Dalai Lama, aliado y financiado por
la CIA representa lo peor de los restos
de un régimen feudal donde existían
las castas, la esclavitud y la servidumbre,
donde la tortura era normal para acabar
con los opositores o penar los delitos.
Por otro lado el Dalai Lama ya anunció
que no está de acuerdo con la independencia
(un extraño representante de un gobierno
en el exilio) y solo propiciaría
una mayor autonomía. Tal vez quiera
que el Tíbet sea una unidad de superexplotación
capitalista entrando en negocios con el
estado Chino. Y está a favor que
los juegos se desarrollen sin inconvenientes,
lo que lo pone en la vereda opuesta de los
que los boicotean. El pueblo tibetano no
tiene salida con los Dalai Lama.
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