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Italia

Berlusconi de nuevo en el poder

Finalmente los resultados de las elecciones al nuevo parlamento italiano le dieron una amplia victoria a la coalición formada por el Popolo della Libertá, Allianza Nazionale e La Lega Nord, llevando como primer ministro al Magnate televisivo Silvio Berlusconi. Un alerta con la duplicación de los votos de la xenofoba Lega Nord de Bossi. Un fracaso de la centroizquierda que gobernó Italia para la Confindustria (burguesía industrial) y un entierro para Refundación Comunista (en Sinistra Arcobaleno) que fue parte del gobierno de centroizquierda. En una economía de crecimiento casi cero, se vienen más ajustes para una clase trabajadora de gran tradición de lucha. La izquierda anticapitalista fragmentada por su sectarismo y autosuficiencia, carente de una política de reagrupamiento serio, no fue una alternativa.

¿Un resultado esperado?

Sí, porque el descalabro del gobierno Prodi intentando aplicar un brutal ataque al conjunto de la clase trabajadora, con el respaldo en su interior de la izquierda de Refundación Comunista defraudó a una parte importante de la clase obrera y sectores populares que se inclinaron por castigarlos dándole su voto a la derecha. Sí, porque la Izquierda ni siquiera intentó unificarse para presentar un polo alternativo. Refundación Comunista con otros partidos se presentó como la Sinistra Arcobaleno intentando recuperar una identidad que ya sepultó luego de años de cortejo fúnebre con la centroizquierda industrialista (PD: Partito Democrático de Veltroni), perdiendo casi tres millones de votos en el camino. “La Izquierda Arcobaleno pagó muy caro el costo de dos años de gobierno con el cual no han llevado a casa nada de eso que esperaban sus electores y su gente. Así perdió consenso a izquierda, en el abstencionismo y - si bien en menor medida - hacia listas menores. Después fue penalizada por la lógica del «voto útil» (para votar contra Berlusconi) desangrándose hacia el Pd” Il Manifesto, 15/4/2008. Al fin y al cabo eran parte de lo mismo y le facilitó las cosas a la derecha.

El boom Bossi

Lo que tal vez no se esperaba tanto era el caudal electoral que sacó la Lega Nord. El “Carroccio”, como le dicen al partido de Bossi, resultó ser el partido más fuerte en decisivas ciudades del norte. Tanto golpeó la Lega Nord que en el distrito electoral Véneto 1 (la mitad de la región Véneto) es la primera minoría con más del 30%. Lejos de tener a la UDC (Union Democristiana de Centro) que solo arañó el 5% demostrando el ocaso definitivo de la vieja DC amparada en el Vaticano, Berlusconi dependerá mucho de los acuerdos con Bossi, que ya anteriormente le provocó varias crisis a los gobiernos del “Cavalliere” y era visto como una “oposición” interna. En el norte, la Lega capitalizó fuertemente a los descontentos del gobierno Prodi y le restó votos también al partido de Berlusconi que debe ser lo único que no ha festejado. Esto es un llamado de atención muy importante ya que un sector de clase media se inclinó por una alternativa de derecha xenófoba que basa su programa en un autonomismo secesionista donde todos los males se concentran en el inmigrante extranjero o del sur de Italia que emigran al norte en busca de trabajo. También se debe a que tanto Berlusconi como la centroizquierda, muchas veces en el gobierno, agrandaron un espacio político que fue ocupado por la Lega Nord que nunca fue visto como “oficialista”. Este aspecto se reflejó también en pequeñas estructuras locales de la frontera norte de Italia en el Valle d'Aosta y el Trentino-Alto Adige donde fueron primeras minorías otras expresiones locales, obteniendo 1 y 2 diputados nacionales respectivamente. Los sucesivos gobiernos de Prodi o Berlusconi, permitieron que partidos locales se conviertan en una herramienta para poder castigar con el voto allí donde la gente los veía como una alternativa. Otro hecho muy importante fue que Roma, que nunca fue gobernada por la derecha desde el fin de la segunda guerra mundial, fuera arrebatada por ésta a la centro izquierda, generando un hecho inédito, aunque esto se combine más con un voto bronca. ¿Es un giro a la derecha?. Eso indican los votos y lo de Bossi fundamentalmente, pero en Italia no hay ningún partido que supere por sí solo el 40% de los votos, excepto en el ámbito regional o en una ciudad. También Le Pen en Francia tuvo su boom electoral años atrás. Hay que ver si se confirma en el próximo periodo como un giro a la derecha o es más la expresión de un voto bronca ante la situación de recesión que la derecha supo aprovechar. Sin embargo, no es culpa de los votantes o un mérito de la derecha exclusivamente, la izquierda italiana tuvo un papel muy importante para que esto ocurra.

La Izquierda anticapitalista no fue alternativa


Como señalamos antes, Refundación Comunista con Fausto Bertinotti a la cabeza fue la principal responsable por izquierda de los resultados. Pero tampoco la izquierda anticapitalista se presentó como una alternativa, que si bien no hubiera cambiado mucho los resultados más importantes, hubiera por lo menos sido un polo con el cual comenzar a “resucitar” a la “Sinistra”. Solo atinaron, separadas, a hacerle la guardia de honor. Lamentable papel de una autosuficiencia propia de quien se mira el ombligo echándole le culpa al otro del fracaso. El PCL (partito comunista dei lavoratori) del altamirista Marco Ferrando exultando ser el primer partido de la izquierda con el 0,6% de los votos es todo un paradigma. La Sinistra Critica del ex senador Turigliatto que sacó el 0,5% rechazando la unidad y el PdAC (Partito de Alternativa Comunista) de la Lit que solo desarrolla una política para sacarle militantes a los otros, fueron también los otros partícipes necesarios de un crimen político histórico en la izquierda italiana que por primera vez en 60 años no estará representada en el parlamento, como si esto fuese algo sin importancia.

Los movimientos sociales: los sin política

En Italia existen fuertes movimientos sociales que han desarrollado importantes movilizaciones contra la globalización capitalista y la guerra, contra la discriminación de la Iglesia, en solidaridad con los inmigrantes y con pueblos en lucha en el mundo. Estos movimientos sociales son dirigidos por sectores autonomistas, por horizontales anti partido, y en algunos casos anarquistas. No se puede hacer política en Italia ignorando esta realidad. De hecho, muchas movilizaciones arrastran a sectores independientes y participan también los partidos de izquierda. Incluso muchos sindicatos de base están impregnados de esta teoría y de esta práctica. Sus dirigentes muchas veces son los dirigentes de los movimientos sociales y sus luchas. La izquierda no ha sabido tener una política hacia ellos. Con su lógica sectaria y autoproclamatoria no han sabido leer el significado profundo de la existencia tanto de los sindicatos de base (fuertemente antiburócraticos pero con muchos rasgos burocráticos en su dirección) como el de infinidad de “centros sociales” donde muchos militantes -apunto: sociales- le escapan a los partidos y su lógica. Es el resultado histórico de haber tenido el partido stalinista (el PC italiano) “más grande de occidente”. Refundación Comunista con su periplo dentro de gobiernos de centroizquierda y el sectarismo de la izquierda anticapitalista nunca pudieron tener una política de unidad respetando las diferencias para que los movimientos sociales fuesen un actor político a la altura de sus propias e importantes movilizaciones. Pero es una responsabilidad compartida ya que el resultado de la política autonomista de la dirección de los movimientos sociales es también nefasta. Al no hacer de la política, sobre todo en el movimiento de masas, una herramienta de lucha cotidiana, sus reivindicaciones y métodos de lucha nunca logran echar raíces en sectores de masas que, huérfanos de política, quedan a merced de quienes sí la practican como los partidos del régimen tanto de derecha como de centroizquierda. Su política abstencionista en lo electoral favoreció claramente a la derecha.

No se acabaron las oportunidades

Con Berlusconi al gobierno surge un nuevo periodo. Envalentonado por el triunfo querrá descargar toda su artillería. Implementar una andanada de medidas contra la clase obrera y los sectores populares. Pero carece de algo con lo que sí contaba la centroizquierda en el gobierno: la alianza incondicional de las grandes confederaciones sindicales. Es como un gobierno de Menem sin la CGT de aliada. Tendrá que batallar mucho para lograr hacer un acuerdo con ellas. La burocracia es parte, casta al fin, de la clase obrera, su sector aristocrático y no tiene los mismo intereses que Berlusconi. Puede traicionar las luchas para salvarse ella misma porque si la clase obrera la derribara de los sillones sindicales sería su propio fin pero tampoco va a tolerar que el gobierno las perjudique. Esto va a generar muchas contradicciones que deberán ser aprovechadas. Por ejemplo, el presidente de la Confindustria, Luca de Montezemolo, declaró luego del triunfo de Berlusconi, que hay que prescindir de los sindicatos y tratar a los trabajadores individualmente, enterrando definitivamente los contratos colectivos. El primero que le salió al cruce fue Bossi, de la Lega Nord, diciendo que eso era un error garrafal. En fin, no faltarán éstas y otras contradicciones. Lo que seguro no va a faltar es la lucha de la clase obrera, que no recibió ninguna derrota histórica y está intacta para levantarse y dar batalla. Será así porque la crisis económica es profunda, casi recesiva y la receta es neoliberal. Es fundamental que la izquierda se meta en esas luchas con una política para que ganen y para salir de la crisis que se cierne. Una política que permita reconstruir la confianza de la clase obrera, los movimientos sociales y sindicatos de base en la izquierda anticapitalista y permita ir reagrupando a miles y miles que se debaten solos en todas las luchas pero que no tienen una política y una perspectiva organizativa nacional para enfrentar al tercer gobierno Berlusconi sin caer en la trampa bipartidista que quiere restablecer el régimen.

 

Fabio Marucci
 


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